Jairo Varela recorrió el mundo y tal vez le alcanzó a dar la vuelta varias veces, pero siempre tuvo sus reservas frente al hecho de viajar en avión. Nunca se sintió cómodo siendo vecino de las nubes y mientras sus compañeros, muchos de ellos pupilos suyos, dormían, a él no le quedaba más remedio que esperar a que bajara la musa —al fin y al cabo iba a estar más cerca de ella— y le dictara algunas frases oportunas, francas, contundentes.
A más de siete mil pies de altura, el maestro nacido en Quibdó creó algunas de sus letras más célebres y las plasmaba en un papel o las tarareaba, algunas veces para interrumpir el sueño de los demás integrantes del Grupo Niche. Muy pocas veces Jairo Varela logró conciliar el sueño durante de uno de sus largos trayectos. Cerraba los ojos por 20 minutos y luego los abría como si hubiera podido descansar más de ocho horas.
Ni Javier Vásquez, ni Willie García, ni mucho menos Charlie Cardona, tres de sus vocalistas principales y quienes lo acompañaron en una de las épocas doradas del Grupo Niche, pueden establecer cuál era el motivo para que el maestro permaneciera en estado de vigilia tanto tiempo, pero coinciden en afirmar que, tal vez, la razón habría que buscarla en el peso de la responsabilidad por ser uno de los pioneros en exportar la salsa gestada, producida y publicada en Colombia.
Antes del rol de Varela como embajador musical, Fruko (Julio Ernesto Estrada) había logrado exportar algunas de sus piezas, pero el mundo no había entendido que además de Puerto Rico, Cuba y la población latina de Estados Unidos, había un país en el que se hacía salsa, y con todos los decibeles necesarios para poner a gozar a cualquiera.
Willie García, quien entró a hacer parte del Grupo Niche en 1993 como director vocal y un año más tarde se convirtió en una de sus voces estrellas, recuerda que gracias a Gotas de lluvia y La magia de tus besos conoció toda América y Europa. “Fueron muchos lugares en los que nos presentamos en los ocho años que duré trabajando al lado del maestro, pero lo que más recuerdo es nuestra participación en el Festival de la Calle 8, en Miami, donde ejecutivos cubanos y puertorriqueños cantaban conmigo los temas”, dice García.
Charlie Cardona, la voz que Jairo Varela escogió para reemplazar el timbre del puertorriqueño Tito Gómez, asegura que con Niche hizo un récord insuperable y fue asistir a 34 bailes en un mes. Durante ese tiempo se la pasó en un avión recorriendo los Estados Unidos de norte a sur y de este a oeste. “Para mí es inolvidable la presentación en el templo del Madison Square Garden, de Nueva York, durante el Festival Internacional de la Salsa. Creo que esa fue la vez que más he sentido pánico escénico, y el maestro se burlaba de mí y me decía ‘apriete, mijo’ y se reía”, recuerda Cardona, un bogotano que estuvo con la agrupación por casi dos décadas pero de forma interrumpida.
Javier Vásquez, vocalista fiel al Grupo Niche durante 18 años, comenta que fueron muy pocos los países que no visitó al lado de Varela y también recordó que los últimos años que compartió con su gran maestro, éste prefería quedarse en Cali componiendo que padecer la tortura de viajar en avión. “Lo que más me impactó del proceso de internacionalización de la salsa de Niche fue ver a los chinos, japoneses, ingleses y alemanes, sin entender una gota de español, bailar hasta el cansancio”, dice Vásquez.
Jairo Varela fue exportador de la salsa y embajador del sonido colombiano, un embajador sin fronteras pero con miedo al avión.