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Diálogo entre dos grandes del cine colombiano

Alrdedor de la película “Un tal Alonso Quijano” se dio una conversación entre los directores Víctor Gaviria y Libia Estella Gómez, que aquí reseñamos.

Santiago Garcés Moncada, especial para El Espectador

16 de diciembre de 2020 - 02:20 p. m.
Víctor Gaviria y Libia Estella Gómez en conversatorio del Festival de Cine de Itagüí
Foto: Cortesía del Festival de Cine de Itagüí
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El cine del mundo, y en particular el cine colombiano, se ha visto muy afectado a causa del confinamiento que nos ha tocado vivir; el grabar una película en medio de la pandemia con tantas restricciones de aislamiento, de distanciamiento y con la latente posibilidad de ser multados o de contagiarse han hecho de hacer cine en este tiempo una odisea. Otra de las razones que han afectado el séptimo arte fue el no tener un lugar para ver los largometrajes, ya que habían cerrado las puertas de teatros y cinemas por más de ocho meses y de que aún seguimos a la espera de una apertura. Pero para Libia Estella Gómez y para su equipo de trabajo, esta situación fue vista como una oportunidad para ajustarse a la vanguardia y hacer el lanzamiento de su película “Un tal Alonso Quijano” a través de la virtualidad y presentarse meses después en el último día de proyección del tercer Festival Internacional de Cine Ciudad de Itagüí, donde pudimos apreciarla fuera de la pantalla pequeña y que, según la directora, pronto estará en las pantallas de cine.

En este festival tuvimos la oportunidad de escuchar a Víctor Gaviria y a Libia Estella Gómez, dos grandes directores colombianos, en un conversatorio sobre la película. Para Víctor, “Un tal Alonso Quijano” ha sido el hecho cinematográfico más importante del año y le asombra la forma en la que la directora logró realizar el largometraje con un presupuesto algo limitado y de una forma que para él ha sido de cierta manera revolucionaria en los estándares de la producción de cine. Nunca antes se había dado en Colombia una película de calidad profesional que hubiese sido producida por estudiantes de cine y menos una en la que la mayoría de actores fueran estudiantes de actuación, y justamente bajo la dirección de Libia Estella y con la ayuda y el trabajo duro de los estudiantes de cine y de actuación de la Universidad Nacional en Bogotá. Este hecho histórico, que apenas era una idea, se materializó después de cuatro años de proceso en esta película.

Para Víctor es asombroso el aforo y la acogida que ha tenido la película a nivel nacional e internacional; el cine colombiano en promedio tiene entre seis mil y diez mil espectadores tras algunas semanas en los grandes y pequeños teatros del país, pero a causa del cierre temporal que sufrió el gremio, la película tuvo que encontrar otro medio para darse a conocer: la directora, al no tener que rendirle cuentas a nadie, sin nada que perder y mucho por ganar, decidió junto a su equipo publicar la película de manera gratuita en internet del 1 al 15 de julio del presente año, y para sorpresa de todos, su película logró alcanzar los quinientos mil espectadores, lo cual en concepto de ambos directores y de todos los presentes es un hito en la historia del cine colombiano.

Este largometraje ha logrado mover los afectos del director paisa, el cual aún después de verla varias veces se sigue conmoviendo con la historia que se narra a lo largo de las escenas: la imagen de un anciano profesor que camina sobre la delgada línea de la cordura y la locura atrae a la mirada, la belleza del Quijote que personifica en su obsesión, los fragmentos de la obra en los diálogos poetizan las escenas y aquel deseo de vivir en fantasía para olvidar el dolor del mundo real nos acerca ese factor humano que tan profundo llega en el alma del espectador.

Es increíble cómo se narra desde lo moderno lo antiguo, el mundo de los jóvenes llenos de rebeldía; hay algo en común entre Victor y esta película y es el punk. Aunque su forma de narrarlo difiere en muchos aspectos, el punk que se retrata en Rodrigo D. No Futuro es un punk en decadencia y muy visto desde las pandillas y la delincuencia; en Un tal Alonso Quijano se muestra un punk que se ha dejado tocar por lo moderno, sin perder así su esencia rebelde y su particular forma de vestir, y es desde esa modernidad que se comienza a mezclar con la antigua historia del Quijote, ocultando la violencia que se vivió entre los 80′s y los 90′s, entre pequeños detalles que nos exhibían sutilmente lo siniestro que era el entrenamiento de niños bomba en el país y la tragedia del avión de Avianca sucedida hace más de 30 años.

Víctor Gaviria nos invita a ver la película por ser una propuesta innovadora tanto en la forma en que se hace cine como en la forma en que se da el mensaje. Para él su cine ha mostrado la situación de violencia y conflicto armado desde la crudeza de la realidad, desde la historia misma de los personajes, pero le parece hermosa la forma en que el tema de violencia y guerra se toca en este film, a través de escenas que nos muestran diferentes historias inconexas que al final tienen la oportunidad de unirse a la mira del espectador para mostrarnos a las víctimas del conflicto sin llamarlas nunca así, enterneciéndonos con la tragedia que viven, apropiándonos de su dolor, identificando nuestra situación como sociedad, abriendo nuestros ojos para dejarnos entender la normalidad con la que tratamos estas cosas que constantemente ocurren en nuestro país y dejándonos en ese estado de reflexión que traen a la mente las buenas películas.

Esta producción cinematográfica ha sido para todos los estudiantes de cine y de actuación de la Universidad Nacional una oportunidad que casi ninguna persona dedicada a este arte tuvo en sus inicios; es un orgullo para Libia Estella ver a sus estudiantes crecer en el cine y cree que la experiencia que se les ha brindado a estos jóvenes hará que en algunos años en Colombia grandes largometrajes, nutridos de matices y de belleza, de significado y de fuerza, serán producidos por aquellos que alguna vez pudieron ser parte de este gran proyecto que hoy hace historia en el cine colombiano y que algún día podrán ser presentados en festivales como este que hoy presenta su obra al mundo en la pantalla grande.

Por Santiago Garcés Moncada, especial para El Espectador

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