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"Dibujar es escribir...

Escribir es dibujar" es el nombre de la muestra que presenta la galería Casas Riegner.

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Liliana López Sorzano
02 de diciembre de 2010 - 09:59 p. m.
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Dos sillas y un venado tejidos en una servilleta de tela vieja, un lápiz hiperreal hecho de papel, tres calendarios que recorren los meses de tres años y unas figuras que se salen del papel son algunas de las obras que se encuentran en la muestra colectiva “Dibujar es escribir, escribir es dibujar”. Los autores son Johanna Calle, Teresa Currea, Ana María Restrepo, Humberto Junca, José Antonio Suárez, Tony Cruz, Ícaro Zorbar y Mateo López, artistas emergentes y otros consagrados que con sus líneas hacen entrañable el recorrido de esta exposición.

El artista de los calendarios hechos dibujos es José Antonio Suárez, quien no tiene cura y espera nunca encontrarla. Su enfermedad es el dibujo crónico, no hay descanso, no hay libreta, papel o block de hojas que logren permanecer vírgenes a su lado. Un día decidió encerrarse a dibujar y no se arrepiente, porque ha sido hasta el momento un encierro afortunado.

Todos los días, después del baño, después de tomar el desayuno y acto seguido beber una taza de café a manera de pousse-café, lee la página de un libro que escogió para todo el año. Desde hace 13 años, el primer dibujo que sale es inspirado en esas letras mañaneras. En 2010, se podría inferir que algunos de sus trazos siguen la tinta llena de vida de Cendrars y la poesía maldita de Rimbaud. En 2009 la musa fue la música de Patti Smith y fue justamente ella quien lo alentó a seguir a los escritores franceses por las múltiples referencias que se encontraban en sus letras y a probar los espaguetis con mermelada.

Adentrarse en cada página de sus dibujos con fechas es una invitación hacia la contemplación de su minucia, de su cuidado, de los hilos que cose en el papel, de su gesto prolijo y de las letras que acompañan a las plantas o a los animalitos que plasma en las libretas. Sí, los dibujos de Suárez Londoño generan una fascinación y alientan hasta el más desprevenido a despertar su curiosidad.

Él asegura que cada vez que se sienta en su escritorio, sea en Medellín o en parajes aparentemente ajenos a sus dibujos como su viaje anual a Daytona Beach, en Florida, es como si nunca hubiera dibujado, como si se le olvidara lo que hizo el día anterior. Es cierto, sus dibujos tienen estilos muy diferentes y podrían parecer el producto de muchas manos. Aunque no le guste al artista, su sello está marcado y puede pintar, jugar con carambolas, irse por los bordes, llenar los huecos de palabras, utilizar un lápiz gordo o delgado, colores y recortes, pero siempre termina por salir a flote el halo de este obseso.

Desprenderse de cada una de sus piezas le sigue costando mucho esfuerzo y las inauguraciones llenas de gente le parecen incómodas.

Dentro de sus romances eternos, Degas ocupa ese lugar privilegiado. Aún recuerda cuando vio el primer cuadro en carne y hueso en Basilea y una sensación indescriptible le recorrió el cuerpo. Esa relación no sólo se mantiene, sino que crece cada vez más con emoción. De sus últimos descubrimientos artísticos, Fred Tomaselli, en el Museo de Brooklyn, logró abrirle una nueva perspectiva, casi como un viaje por los paraísos artificiales.

Sin embargo, vuelve a su escritorio a hacer lo que mejor sabe hacer y  a buscar su remedio contra el aburrimiento: dibujar.

  Calle 70A # 7-41. Tel.: 249 9194

 

Por Liliana López Sorzano

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