Todos sentimos rabia. Por una infinidad de razones, esta emoción aflora en nosotros como una ola que se esparce por el cuerpo y la forma en la que se gestiona este sentimiento varía entre personas. Sin embargo, en los artistas suele convertirse en una fuerza creadora. Esta es la tesis que explora la exposición “Digna rabia” en el Museo de Arte Miguel Urrutia. Durante un año y medio, los curadores Sigrid Castañeda, Nicolás Gómez y Luis Fernando Ramírez se dieron a la tarea de revisar dentro de la colección de arte del Banco de la República qué obras reflejaban este sentimiento de “insatisfacción del sujeto o de la sociedad de la que el sujeto es parte, frente a una realidad social o política en particular”, afirmó Gómez.
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Comenzaron a examinar cómo en obras de varios artistas, todos con técnicas diferentes y de épocas distintas, se expresaban el descontento y la molestia. Allí, encontraron similitudes en el punto de vista y en lo que confrontaban los artistas frente a su realidad social. A partir de esa investigación, determinaron tres ejes narrativos para la muestra, partiendo en cada uno de una obra histórica como punto referencial desde el que se desarrolla un concepto.
Al entrar, una bandera ondeante de plomo, que parece detenida en el tiempo, yace en el piso y recibe a los espectadores. “Machina anémica”, de la serie “Insumisión”, del artista Leonel Castañeda, es una de las piezas del primer eje al que los curadores se refirieron como “la rabia subjetiva”. Sin embargo, el recorrido es inaugurado por una obra del siglo XVII de Antonio Acero de la Cruz, titulada “El centauro Neso llevando en brazos a Deyanira, esposa de Hércules”. De acuerdo con Castañeda, eligieron esa pieza porque en ella identificaron la emoción de la rabia como algo universal que surge de distintas maneras y por múltiples razones.
Según la curadora, este mito y su representación muestran un relato trágico en el que se evidencian la rabia y la envidia del centauro hacia Hércules, la ira del héroe griego al ver cómo otro rapta a su esposa, mientras que en Deyanira se ven la incertidumbre y la inseguridad por el amor de Hércules. Aunque es una historia con un final trágico y fatal, Castañeda afirmó que la incluyeron en la muestra “porque queríamos hablar de que si bien la rabia puede ser una emoción que conduce hacia lo malo, también puede generar un cambio de movimiento social, y eso era lo que nos interesaba. No hablar desde ese lugar de decaimiento de la rabia y el descontrol, sino como una potencia movilizadora de los hombres”, explicó.
A partir de esa primera obra se abre un recorrido en el que artistas como Alejandro Obregón, con “La violencia” (1962); Alipio Jaramillo, con “Violencia en el campo” (1957), y Luis Caballero, con algunas piezas de la década de 1980, mostraron cómo una misma emoción se podía manifestar de manera diferente en cada individuo. En varias de las piezas de este primer eje fue fundamental el contexto de la violencia del siglo XX en Colombia.
El libro de 1962 “La violencia en Colombia”, que contenía imágenes sangrientas e impactantes de las torturas que se realizaban entre partidos políticos, con reflexiones científicas sobre cómo esto también afectaba al territorio, fue parte de lo que Obregón plasmó en la obra que, de acuerdo con el curador, es una de las más importantes del arte colombiano.
“Él logró conjugar esa idea del sentimiento de la guerra en un contexto como un sentimiento colectivo, la angustia, el miedo y la desazón de la sociedad en un contexto de guerra. Todo eso quedó reflejado en esta mujer embarazada, que es un cadáver y también un reflejo de la cordillera de los Andes”, aseguró Gómez.
Esta dialoga con las otras obras en la sala y, más allá de evidenciar la rabia en el contexto histórico en el que fueron creadas estas imágenes, ejemplifica cómo esta emoción también se puede observar en el trazo, la pincelada, los colores, la forma y los gestos consignados por los artistas. Una obra que destaca entre la selección es “Histérica”, una de las esculturas sonoras de Feliza Bursztyn, escogida por el juego que hace con la palabra que en el pasado se asignaba a las mujeres y que, además, se activa con el movimiento frente a ella.
Mientras estas pinturas eran creadas, las artes gráficas cobraban fuerza porque podían reproducir imágenes de manera masiva y enviar diferentes mensajes, como sucedió con las obras de Augusto Rendón. Estas piezas, que no habían sido expuestas juntas en años, tienen como punto común a un caballo rabioso con otras figuras como un cura o un político. “Esa agresión de ese animal te hace cuestionar por qué el caballo y qué representará. Observando un poco más, te das cuenta de que sobre el caballo puede haber militares, un esqueleto o sacerdotes. Abordando la investigación, nos damos cuenta de que este animal representa para el artista al pueblo y que ahí está su rabia, en liberarse de los estamentos del poder”, relató Gómez.
Puños arriba, figuras en medio de un grito, banderas y otros elementos fueron parte de algunas de las piezas gráficas en las que trabajaron diferentes artistas y que se ven en la muestra.
“Digna rabia” continúa con la pintura “La muerte de Sucre” (1835), de Pedro José Figueroa. Según Castañeda, esta pintura generó un interés importante, ya que el artista pintó un asesinato en un momento en el que este tipo de temas no eran parte del canon artístico y, además, se atrevió a hacer alusión al asesino de Sucre en su pintura. Con esto abrieron el segundo eje en el que la lucha social, como consecuencia de la rabia, cobra protagonismo con obras de artistas como Cecilia Vicuña, creadas durante el período que vivió en Colombia en la década de 1970, y Clemencia Lucena. “Es hablar un poco de esas representaciones sociales, que no solo se quedan pensando en una idea de la rabia en un ícono, sino en ese pueblo que experimenta la rabia. Por ejemplo, con la huelga de los indígenas, el accionar en las tierras de Córdoba o las luchas estudiantiles en Argentina”, dijo Castañeda.
Una obra en este eje que refleja la emoción protagonista, pero al mismo tiempo añoranza y nostalgia, son unos telares creados en talleres realizados con mujeres de la comunidad Emberá y que eran parte de la colección del Museo del Oro, en los que bordaron aquello que extrañaban de su territorio y entre imágenes de animales, palabras y figuras humanas plasmaron un sentimiento más allá de la rabia.
Entre las luchas que se han plasmado en el arte, los curadores decidieron incluir algunas de las más recientes en expresiones gráficas, como los carteles que se vieron durante el estallido social de 2021 y los grafitis de Toxicómano y Erre.
Esta muestra no alude a un momento o una lucha política en específico; no se trata de eso. Sin embargo, varios de los temas que se aprecian en “Digna rabia”, ya sea en obras de siglos atrás o más recientes, y los motivos que inspiran rabia en los colombianos parecen seguir siendo los mismos: la violencia, la paz y los personajes que influyen en el país, entre otros. Castañeda aseguró que en el proceso de la investigación y curaduría los tres investigadores cambiaron su perspectiva sobre la rabia. “Empezamos buscando imágenes rabiosas en la colección, hacia una intención. Pero en la medida en que íbamos investigando, nos fuimos dando cuenta de la potencia de cambio. Eso fue muy lindo. Por eso la exposición se llama ‘Digna Rabia’, porque la digna rabia es un concepto desarrollado y pensado desde la potencia, el cambio y la transformación”, afirmó.
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