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Sin que la ficción supere la realidad, El Clan Films se integra con el espectador en una propuesta que refleja los excesos de una sociedad corrompida por la desesperanza y la normalización de la muerte y la violencia. Así es Discretas bestialidades, la nueva pieza teatral del director Santiago Merchant, quien junto a Alejandro Aguilar y Ricardo Vesga logran una terna que muestra la relación entre un periodista amarillista y un asesino a sueldo con repulsiones y trastornos que se verán reflejados a lo largo de la obra.
La representación de un periodismo amañado y que ha dejado de lado la verdad es el protagonista en este montaje. Después de que Plat, el periodista amarillista, se queda sin historias para contar, busca la peor forma de volver a su pedestal de reconocimiento y fama en el medio. Sin embargo, el encuentro con su antagonista dejará ver la similitud que existe entre los excesos por buscar la primicia de una mentira y la obsesión por el deleite que puede producir en un asesino el quitarle la vida a otra persona.
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Con una interpretación al estilo narrador de cuentos, Santiago Merchant se vale de ese recurso para romper con la secuencialidad del texto: “Mi rol es entorpecer un flujo dramático coherente tradicional del teatro. Es una suerte de personaje que se abstrae de la teatralidad para construir una metateatralidad. El objetivo es despabilar a la audiencia y desde la distancia que toma este personaje se le recuerda al espectador que eso que está viendo es ficción, un montaje y aunque no es una mentira, sí es una ilusión”.
El director además se valió del humor negro para reforzar esos sinsentidos que en escena demuestran el descaro de toda una sociedad que se hace la ciega. Merchant habló de la importancia que han cobrado, hoy más que nunca, el teatro y la dramaturgia, que para ser garantes de la memoria “operan como un banco de memoria, lo que me permite construir reflexiones alrededor de la normalización del vejamen en este país; cómo se normalizan conductas aberrantes, corruptas, violentas. Y cómo se normaliza y se engendra una categoría, que para mí no tiene cabida, como es el cinismo, porque más allá de este no existe nada. Un hombre cínico basa su discurso en la justificación, luego de esta no hay debate, ni discusión. Por último también es el gusto por hacer teatro”.
Esa ficción de la que disfruta el espectador le da la posibilidad de hacer sus propias reflexiones. Es la teatralidad la licencia que el grupo utiliza para no transmitir mensajes de un solo sentido y mucho menos para juzgar. El público está en libertad de interpretar a su acomodo lo que está viendo en escena. La suerte de jugar con realidad y ficción es parte del trabajo que se logra con las acotaciones de un narrador, las cuales surgen durante el desarrollo de la obra y permiten romper la impostura que podría darse si no fuera por ese llamado de atención que se hace a los observadores.
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“Esta gran metáfora demuestra la naturalización de la muerte en nuestro país”, describe Alejandro Aguilar esta obra. Destaca el estilo del que se vale el texto para contar la historia; un humor negro que presenta una sátira de eso que se percibe como natural en nuestro entorno. Para este actor contar e interpretar desde la violencia no es difícil, piensa que en nuestro código como país ya tenemos la violencia implantada de alguna manera. Basa su actuación en ese contexto donde se hacen cínicas comparaciones entre los actos de maldad para restarles la relevancia.
Ricardo Vesga, quien interpreta al periodista gráfico, piensa que aunque “hace falta un tipo de periodismo de este estilo, es importante tener mesura en el manejo que se hace de la información”. Su perspectiva puede estar enmarcada en la inmediatez de las redes sociales, de la cual se vale por momentos el periodismo, lo que hace que la veracidad pase a un segundo plano, incluso que algunos hechos sean sobredimensionados y se caiga en el sensacionalismo.