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Discurso de la memoria

Virginia Woolf conversa con Tucídices sobre la guerra del Peloponeso. Emily Dickinson, Edipo, Hara Tamiki, Freud, Safo, Artaud, Tolstoi, Giotto, Antígona, Ajmatova, Hooper, Catherine Denueve, y los hombres de TV acompañan a Anne Carson a la exploración de sus emociones en Hombres en sus horas libres.

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Manuel Osorio
16 de octubre de 2008 - 10:06 p. m.
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Poemas que comienzan nombrándose desde la palabra ensayo, o que se subtitulan borrador. Textos en prosa y verso, artículos de investigación con notas al pie, ejercicios de memoria, epitafios, entrevistas, proyectos de guión o variaciones sobre textos clásicos.

¿Es Hombres en sus horas libres una obra que se acepte llamar poemario? Anne Carson abandona el molde del llamado verso tradicional y hace poemas dentro de poemas y bloques, a su vez, dentro de bloques, como por ejemplo: Hombres de TV, una arriesgada genialidad que, a su vez, contiene perlas como: Hombres de TV: Artaud, una semana entre la fabulación y el ensayo; poemas construidos con citas y fragmentos de cartas; juegos de carácter gráfico; cursivas, mayúsculas, negrillas,  tachaduras, cambios en el tipo de letra o en su disposición en la página.

La poética de Carson es una apuesta innovadora en el panorama poético actual marcado por la escasez y la monotonía, es una poética del palimpsesto. Su escritura se asemeja al habla cotidiana, aliñada con imágenes entre lo absurdo y lo surreal, con una precisión expresiva que se percibe como organizada en capas: cada palabra significa algo, sugiere el doble y esconde el triple. Su poética fragmentada, concibe un poemario que según ella tiende a la manía de etiquetar lo inclasificable, que quizá nazca de su labor como estudiosa de los poetas antiguos, quizá de una visión caótica de un mundo caótico. Carson muchas veces pierde la batalla ante su mundo, se ve superada por las imágenes y prescinde de los signos de puntuación, como ocurre en Hombres de TV: Safo. La traducción de Jordi Doce es impecable, el universo de Anne Carson en castellano suena como Anne Carson en inglés.

En las versiones de Hopper, de Catulo y compañía, en Ensayo sobre aquello en lo que más pienso, los protagonistas son seres que en el papel o en la realidad desean vivir sus tiempos muertos. Carson nos habla sobre lo que ya está enterrado, resume sus obsesiones, reúne sus personajes favoritos en un álbum de imágenes, simplemente desea pasársela bien. Actúa para que el centro no sirva de nada: es el fragmento de sabiduría de Gertrude Stein que la autora cita en la entrevista final. Y Anne Carson lo interpreta desde la fidelidad: un libro periférico, al margen de lo establecido, escrito a impulsos y desde el placer.

Leo, luego existo

Escuchar a los muertos con los ojos es el “orden del discurso” del historiador francés Roger Chartier en su conferencia inaugural de 2007 como titular de la cátedra “Escrito y cultura en la época moderna” en el Colège de France. Fue allí donde


Foucault dictó sus célebres cursos entre 1970 y 1984, al igual que Bourdieu, Braudel, Duby, Grotowski, Merleau-Ponty y Valéry, entre muchos más.

Ahora es el turno de Chartier. Un historiador francés que “confía” más en Shakespeare que en cualquier cronista isabelino y que ha optado por hacer una historia de “las mentalidades”, donde uno de sus faros ha sido siempre la literatura (la del “siglo de oro español”), y en especial Borges (ver El espejo y la máscara). El propósito de Chartier es “volver inteligibles las herencias acumuladas y las discontinuidades fundadoras que nos han hecho lo que somos”.

En esta obra, Chartier se pregunta qué es un libro, qué es un autor y, sobre todo, qué es un lector. El autor trata de responder una pregunta que obsesionó a Borges: ¿cómo hablar de un libro que no fue publicado? Se refiere a una obra de Shakespeare inspirada en Cardenio, un personaje del Quijote, representada dos veces en Inglaterra en 1613 y que nunca fue impresa. Chartier estudia también los “viajes” del Quijote (del libro) hacia América (incluyendo las primeras ediciones que llegaron a Cartagena para un tal Antonio de Toro en 1605) y en traducciones Francesas e Inglesas.

Algunas referencias adicionales están en la segunda parte del libro, titulada, Entre páginas y tablas: las desventuras de Cardenio, que se suma a la gran colección de Katz editores, quienes incluyen títulos como, El cine, ¿puede hacernos mejores?, del filósofo norteamericano Stanley Cavell, e Historia de los intelectuales en América Latina I, dirigido por Carlos Altamirano.

En el Segundo Festival del Libro Infantil

¿En qué reino se ha visto que un sujeto llamado No Sé, por encargo de una princesa, al mismísimo infierno vaya a dar y que por un no sé qué, con ella se vaya a casar?

Esta es la historia que cuenta la autora e ilustradora brasileña Ángela Lago en Yendo a no sé donde a buscar no sé qué. Su trabajo refleja el sincretismo y el humor que encierran las historias paradójicas. Caso de este libro-álbum en el cual su protagonista, No Sé, comparte su rol con un ejercicio estético plagado de color y referentes mágicos; esto sin dejar de lado la buena composición, casi sobrepuesta a la fuerza de las palabras. Esta obra, cuya edición estuvo al cuidado de María Osorio, es, sin duda, un libro necesario, ya en el marco del Segundo Festival de Libro Infantil que se celebrará en parques, librerías y bibliotecas del 25 de octubre al 2 de noviembre en la sala alterna del centro cultural Gabriel García Márquez del FCE. Un libro-objeto plagado de la magia que conviene al universo simbólico de sus convidados.

Por Manuel Osorio

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