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Dos mujeres ilustradas

El divertimento y la exploración que genera la moda son aprovechados al máximo por Gloria Saldarriaga. Para ella, la mujer que practica el ritual del té –blanco y en taza de porcelana– y quien renueva su memoria visual asomándose a la obra de artistas plásticos, la elección del vestuario supone un juego permanente.

Rocío Arias Hofman

15 de noviembre de 2015 - 09:16 p. m.
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Su vínculo lúdico con la moda la llevó sin darse cuenta a desarrollar junto a la ilustradora Natalia Swarz uno de sus proyectos más ambiciosos: El bestiario.

Heródoto, San Isidoro de Sevilla, Henry de Toulouse-Lautrec y Jorge Luis Borges son solo algunos de los autores que han hecho a lo largo de la historia su propio bestiarum (en latín) para recrear a través de ilustraciones referentes a animales y figuras míticas unos mundos imaginarios repletos de fábulas y ensoñaciones caprichosas. Quizá el más famoso de los “bestiarios” en literatura es el de Julio Cortázar, palabra con la que tituló su primer libro de cuentos.

Con este antecedente basado en el dibujo y en la posibilidad de contar una historia fantástica a partir de un personaje, El bestiario de Gloria Saldarriaga resulta salido de un espejo –quizá como aquel de Alicia en el país de las maravillas, donde nunca se sabe qué va a pasar–.

El acierto de la ilustradora colombiana –que vive en Barcelona– Natalia Swarz (Cali, 1993) consiste en haber hecho acopio de unos trazos y un colorido capaces de retener la mirada por su viveza y por la precisión –como de cirujana– con la que traslada la vitalidad indómita de la consultora de arte a la serie de dibujos. “Ella ha sido una verdadera espía de lo que hago cuando subo fotos a mi cuenta de Instagram. Busqué a Natalia y comenzamos a escribirnos por chat desde julio de 2015. Ni siquiera nos conocemos físicamente todavía”, advierte Gloria Saldarriaga. “Claro que yo también la ‘espié’ por Instagram”, dice.

Natalia Swarz es hija de Nancy Russi, caleña de familia anglo-italiana. Una diseñadora de moda que si bien no ejerció con marca propia, inició en solitario un negocio de ropa para bebé Baby Look. “A mi madre le encantaba pintar y de niña se hace lo que las mamás hacen. Éramos tres mujeres: ella, mi hermana Andrea y yo. No entendí hasta el bachillerato que existía el oficio de la ilustración. En 2008 conocí el portafolio de Jordi Lavanda y comprendí la cercanía entre ilustración y moda”, resume Natalia Swarz. Su voz es delgada y parece estar acostumbrada a la seriedad que exige trabajar desde joven. Cuando se dio cuenta de que podía obtener ingresos por cuenta de su talento para dibujar, no lo dudó. “Mi primera ilustración fue de una pareja de novios que querían hacerse un regalo de Navidad emotivo y cobré 200 mil pesos”.

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Ante la muerte de su madre en 2010, la joven ilustradora calmó el dolor dibujando sin parar. Además resolvió cambiar su apellido original –Suárez– por uno que la identificara mejor en el mundo digital: @nataliaswarz. “Mi madre se refería a mí como la hija que tenía vena artística. Más que un estilo determinado, creo que lo que me define es el hecho de dejarme guiar por mis situaciones emocionales para concebir los retratos que hago”. Es curioso, Natalia Swarz tiende a mostrarse de manera nostálgica pero logró conexión inmediata con Gloria Saldarriaga, “la mujer más divertida que conozco”, dice la ilustradora.

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En septiembre de 2015 se integró como asistente al desfile de la diseñadora Stella McCartney en la Paris Fashion Week. Esa experiencia breve la ha marcado. “Ahora quiero irme a París, debo estar en el epicentro de la moda”. Su formación, sin embargo, se inició en el Capital College de Bogotá. Allí, Natalia Swarz finalizó sus estudios de diseño gráfico. También culminó en la universidad BAU de Barcelona en junio de 2015 un posgrado en Gestión y Marcas de Moda. En mayo de 2016 terminará su segundo posgrado, esta vez en Diseño de Moda en la universidad IDEP en Cataluña.

Por su parte, Gloria Saldarriaga se adelanta al vértigo imparable de las selfies que impone la vida digital asociada a la moda y admite que El bestiario es una vuelta de tuerca en este canal de comunicación masiva y abierta en el siglo XXI. “Sí, exactamente, quería hacer algo diferente a continuar con el papel de modelo en las fotografías”, dice quien desfiló y participó en innumerables sesiones de moda desde los 16 años. “Deseaba algo más acorde con lo que me gusta y lo que soy profesionalmente: diseñadora gráfica”, precisa mientras señala que trabajó durante quince años en el Taller de Edición fundado por Adelaida del Corral en Medellín (Colombia).

La otra mitad de su vida laboral la ha pasado entre lienzos, vacíos de esculturas y escenarios inusuales para exhibiciones artísticas como parte del tándem profesional que hizo con su esposo Juan Gallo en Al Cuadrado, la galería que fundaron juntos. En un instante, Gloria Saldarriaga –como Natalia Swarz– se vio asaltada por la muerte repentina de alguien fundamental. Juan Gallo murió y la mujer que lo acompañó durante casi dos décadas se quedó viuda con apenas cuarenta años. Su sentido del humor y una actitud tan pragmática como cuidadosa impiden, como si fuera un dique holandés, que la cascada de recuerdos arrase con su cotidianidad.

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Se viste sin reglas y mezcla con ganas las piezas que llenan varios armarios en su apartamento de Bogotá. Gloria juega y huye de las actitudes graves y ceremoniosas. Encuentra el doble sentido a letreros callejeros, frutas apiladas en el mercado y obras de artistas consagrados. Le espantan como si fueran moscas de pantano las instantáneas de atardeceres y de flores. Prefiere pedirle a un celador o un taxista que le tome una foto contra un muro callejero y le da vergüenza revisar si quedó bien la foto. “Huy, no, cuando llego a casa las miro y si funcionan las subo a @gloriasald en Instagram”.

Su audacia o buen gusto, como se quiera llamar a su singular forma de vestir, le han valido ser portada de revistas, figurar en cuanta foto social se publica en el país y, desde luego, haber sido llamada una it girl. Un término bastante trivial para una mujer que resulta más bien The Girl. Medellín continúa siendo otro hogar, la ciudad donde nació y donde siempre regresa para disfrutar como si se tratara de una de las viñetas de El bestiario con un batiburrillo alegre integrado por sus padres, hermana y múltiples amigas.

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A Gloria Saldarriaga le van sucediendo las cosas y ella de manera aparentemente azarosa elige sólo cuando ha resuelto consigo misma si quiere involucrarse en este o aquel proyecto. Así se lanzó a crear una graciosa y exitosa línea de carteras de mano, sobres y clutches, en compañía de la empresa de marroquinería Postino de la empresaria Ana Fernández. Otro día acompaña a compradores de arte contemporáneo a ferias especializadas y les asesora en sus adquisiciones. O recibe piropos. O baila salsa. O hace bambolear un racimo de uvas sobre su boca. Gloria surrealista, ilustrada.

Dice que le hubiera gustado estudiar otra carrera adicional, pero reconoce que la impronta visual que le dejó el diseño gráfico es uno de sus bienes más preciados. “Con El bestiario quiero ‘fotos ilustradas’ para intervenir en el instante, tal y como se exige en redes sociales, pero con un lenguaje más eficaz” y es que el fin de este proyecto es vincular a marcas comerciales al personaje que se relaciona con el clóset y con un entorno artístico. “Es un juego entre bestia y vestuario”, revela Gloria Saldarriaga, quien fue la autora del nombre de este bautizo ilustrado basado en su propia personalidad.

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Moda y su expresión gráfica son, por tanto, el puente en el que se encuentran con total naturalidad ambas mujeres. Es la experiencia profesional que les marca y que las une. Dice el genial ilustrador británico David Downton que una ilustración comunica cosas que una fotografía no logra hacer. Quizá el comentario encuentra eco en la vivencia de Natalia Swarz. “Es que los dibujos hablan por mí”, cuenta la dibujante que de día trabaja en la creación de estampados para la empresa francesa Deveaux y de noche se dedica a sus proyectos.

En menos de una hora, cuando ha precisado bien el enfoque, logra realizar el sketch y se lo envía a la compañera de aventura ilustrada que vive en Bogotá. “Ahora es más fácil, porque lo más complejo y demorado fue comprender quién era Gloria Saldarriaga”. Para poder construir su personaje, la creativa le pidió fotos de todo tipo a la consultora de arte. Fue “la energía que ella irradia” –dice Natalia– lo que sirvió para volverla un personaje ilustrado de piernas y brazos muy largos, pelo desordenado y un rictus característico.

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“El humor y la frescura son difíciles de lograr. Queremos, tanto Natalia como yo, que nuestro trabajo no sea producido hasta el extremo”. Esa espontaneidad que transmiten en cada viñeta, sin embargo, sí está muy pensada. “Queremos evitar la falsedad que se vive en las redes sociales cuando se prepara todo para un registro fotográfico que pretende ser perfecto. Es una manera de vivir de manera más relajada el mundo digital”, afirma Swarz.

La fotografía que hizo Carmen Triana de la ilustradora da fe de sus declaraciones. De rodillas en el piso, dibuja, colorea y expresa sin prevenciones el torrente que le inunda. “¿Eres capaz de trabajar así, en el suelo?”. “¡Sí! En verdad trabajo en cualquier parte, en el piso, en la mesa y hasta en la cama. No me gustan los escritorios chiquitos y trato de moverme siempre”, me responde vivaz en uno de sus correos electrónicos.

Las 15 viñetas que llevan creadas hasta el 31 de octubre de 2015 no obedecen a un calendario establecido. Lo que sí es seguro es que su multiplicación a partir de la relación de Gloria Saldarriaga con su armario y también con temas candentes como la lucha contra el cáncer de seno, los partidos de fútbol de la Selección Colombia, el Día de Brujas, las ferias de arte o los viajes, anticipan lo que podría convertirse en una publicación impresa.

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Pero amanecerá y veremos, porque con estas dos intrépidas mujeres lo mejor que se tiene es lo imprevisibles que resultan.

* Periodista especializada en moda. Creadora y editora de la revista digital www.sentadaensusillaverde.com.

Por Rocío Arias Hofman

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