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Drama y comedia de tamaño familiar

Gustavo Angarita participó hace medio siglo en el montaje de este texto del autor ruso Antón Chéjov. Hoy, su hijo, Gustavo Angarita Jr., hace parte de la propuesta teatral dirigida por Leonardo Petro para la Casa del Teatro Nacional.

Juan Carlos Piedrahíta B.

04 de febrero de 2014 - 10:00 p. m.
Gustavo Angarita padre fue a una de las presentaciones de su hijo, Gustavo Angarita Jr., en la Casa del Teatro Nacional. / Liz Durán
Foto: LIZ DURAN/EL ESPECTADOR - LIZ DURAN
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Gustavo Angarita tenía privilegios en la biblioteca de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Colombia. Su novia era la bibliotecaria y gracias a su gestión él podía sacar los libros de los dramaturgos y pensadores más importantes de la historia. Textos de Luigi Pirandello, Fiódor Dostoyevski y Antón Chéjov eran transportados en la maleta de Angarita para compartirlos con sus compañeros del grupo de teatro.

En esa época, comienzos de la década de los 60, el actor formaba parte de un colectivo que tenía su sede en el Liceo Femenino de Cundinamarca. Era una iniciativa auspiciada por la Gobernación y cuya directora era muy aficionada a las artes escénicas, por lo que se encargó de reclutar a un grupo de estudiantes de la Escuela de Arte Dramático para hacer teatro y presentarse en distintas salas.

Además de Gustavo Angarita, en el grupo figuraban Carlos El Gordo Benjumea, Luis Fernando Orozco, Julia Plazas, el cantante Gustavo del Río y Luis Alberto García. Todos ellos tomaron la decisión de formar un grupo experimental a partir de las obras cortas de Chéjov, como El oso, y de lecturas esporádicas, como El retablo jovial, de Alejandro Casona.

“Medio siglo después de esa experiencia juvenil, me entero de que mi único hijo, que también se metió a actor, participa en la obra El oso de Chéjov. Yo fui a verla y quedé asombrado de la calidad del montaje. Nosotros éramos muy espontáneos y por lo tanto muy escolares, lo que se reflejaba en nuestra propuesta deficiente, y teníamos una lectura muy superficial. Lo de ahora es muy profundo y espero que sea el comienzo de una serie de tratamientos exhaustivos de los clásicos, tanto en la puesta en escena como en la actuación”, cuenta el veterano Gustavo Angarita, quien confiesa que se inclinaron por esta pieza por su extensión y por tratarse de una propuesta divertida, cercana a la comedia, pero sin perder la intención del teatro de autor.

Al ver a su hijo en escena, no recordó ningún parlamento, pero tenía la historia en la cabeza. Por fortuna identificó la meticulosidad en los actores de teatro de hoy, característica carente en su generación. En la actualidad hay un lenguaje teatral adulto cobijado por una puesta en escena muy eficaz. Para él, las actuaciones de antes eran muy entretenidas, pero no tenían el recurso actoral que vio en la versión contemporánea dirigida por Leonardo Petro. También les abona que, a pesar de la esencia del relato, no se dejaron seducir por la ejecución de chistes fáciles.

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“Nosotros queríamos entretenernos y entretener al público, conformado en su mayoría por estudiantes en búsqueda del criterio del divertimento. Lo que más me gustó es que todos los actores están empeñados en conservar la riqueza dramática que le imprimió Chéjov a su texto hace más de cien años y todos se comprometieron a hacer actuaciones ricas, y no simplemente a emitir gags. Se tomaron el trabajo de volver expresivos, elementos que pasaron desapercibidos ante nuestros ojos hace 50 años”, dice Angarita padre, quien para meterse en las ropas de su personaje en El oso se ponía un sombrero ruso que indicaba su procedencia foránea.

Gustavo Angarita tenía 21 años cuando participó en El oso y ni él ni sus compañeros recibieron un peso a cambio de su ejercicio actoral. Lo más curioso de todo era que entre ellos no existían compromisos políticos, no había gente de izquierda. Después se vinculó a la Casa de la Cultura, la antesala del Teatro La Candelaria, de Santiago García, y ahí encontró una forma del arte más aliñado, más político.

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“Nunca tuve el problema de plantearme un interrogante de cómo hacer una versión de El oso original en Colombia, porque simplemente nunca se había hecho. Antes había visto una aproximación a ese texto hecho por Ramiro Corzo y Jairo Aníbal Niño, quien hacía el papel de Luca, el criado fiel. Luego nos atrevimos a hacer algo divertido porque no existía la menor posibilidad de hacer las obras serias como El jardín de los cerezos o Las tres hermanas. A mi hijo sí le tocó distinto”, concluye Gustavo Angarita, y afirma que ya piensa como pensionado y sin embargo le preocupa el desarrollo artístico de las generaciones posteriores porque se les están cerrando puertas.

 

 

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jpiedrahita@elespectador.com

El oso, de Antón Chéjov. Casa del Teatro Nacional, carrera 20 Nº 37-54. Hasta el 8 de febrero, 8:00 p.m. Informes www.teatronacional.com.co.

Por Juan Carlos Piedrahíta B.

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