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Edson Velandia y ‘su madre patria’: “No podemos estar cantando victorias ni derrotas”

El músico santandereano, quien fue el presentador del Festival de Música Indígena La Tulpa Raymi, reflexiona sobre la actualidad de la industria musical. “Uno puede vivir de la música sin estar en la industria”, dice.

Joseph Casañas Angulo

15 de febrero de 2021 - 08:51 p. m.
Edson Velandia, el autor de "Su madre patria", una de las canciones más repetidas durante las marchas de noviembre de 2019.
Foto: Archivo Particular
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Tal vez Edson Velandia no es el músico que produce el medio millón de copias obliga’o, tampoco es el cantante que rompió el récord de nominaciones a los premios que se entregan en alguna ciudad gringa y que los antecede el desfile de celebridades por una alfombra roja, no es tampoco el guitarrista al que buscará la fabrica de gaseosas para hacer el cover de cualquier canción famosa. El cantautor santandereano tiene otros reconocimientos. Quizá menos glamurosos. Quizá más orgánicos.

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Se le reconoce, entre otras cosas, por haberse inventado (2004) un género al que llamó “Rasq”, una mezcla deliciosa entre carranga, guabina, rumba y rock, se le recuerda también porque en Jazz al Parque del 2007 dirigió la Big Band de Bogotá, pero en vez de una batuta, utilizó un machete (un homenaje a los trabajadores de la tierra), lo recuerdan porque en 2015 fue capaz de llevar al Teatro Colón una obra cuyo protagonista era un poeta sin gloria con un estreñimiento crónico, se le reconoce porque hizo famoso a un burro parlanchín y a una prostituta de pelo verde, pero más que nada, Edson Velandia es reconocido por ser el compositor y cantante de “Su Madre Patria”, uno de los himnos de las marchas que se registraron en Colombia en noviembre de 2019.

Hace más de cinco siglos

Que los vagos del gobierno

Arribaron del infierno

En los barcos de un pirata

Con letras, curas y ratas

A llevarse sin pagar

Oro, plata y Reficar

Agua, tierra, pan y leche

No ad for you

Y a lavar con Odebrecht’e

Las lucas en Panamá

Ya pasó más de un año de las marchas. ¿Cree que la movilización sirvió de algo o que ha cambiado algo?

“Políticamente no ha cambiado nada, al contrario, todo se ha empeorado y la estructura de lo que tiene todo jodido está más arraigada.  A la movilización, por ejemplo, la siguen atacando.

Pese a todo, la gente se sigue reuniendo para seguir la lucha. Esto no para. Cuanto más se radicaliza el gobierno más se radicaliza la movilización y no se renuncia. Y ante semejante monstruo, la resistencia debe ser más poderosa.

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Seguramente, una vez se acabe esta pandemia, vamos a volver a salir y a estar de pie. La terea es larga. No podemos estar cantando victorias ni derrotas”.

Le invitamos a leer: La irreverente ópera de Edson Velandia

Su música quedará como un registro de ese movimiento. ¿Cree que será recordada en la historia o será víctima de la fugaz viralización?

“Es posible, pero la idea es seguir construyendo esa música que refleja lo que esta pasando. No es que este descubriendo el agua tibia, sino que siento que mi deber es aportar a todas las movilizaciones con mi música.

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Lo importante es que la música no pare. Si hay música hay esperanza”.

Se acercan las elecciones y los partidos políticos empiezan los coqueteos con los artistas para plantearles la posibilidad de aspirar a un cargo público. ¿Le han ofrecido alguna candidatura?

No. Hasta allá no llegamos.

¿Y le gustaría?

No. Yo soy es músico y desde ahí es que me toca trabajar. Esa es mi función. Hay que dejarle esos lugares a gente que sepa de eso, que haya estudiado para eso. Hay mucha gente valiosa para a la que no la han dejado incursionar en ese mundo, pero siempre hay liderazgos para transformar cosas.

Estos son los requisitos

Pa’ ser multimillonario

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Pague mínimo salario

Al que necesite un puesto

Evada todos los impuestos

Y apoye su candidato

Pa’ que agilice contrato

Dele coima al enemigo

Cianuro dele al testigo

Y dele cuota al paraco

La semana pasada, el 11 y 12 de febrero, Velandia fue el presentador oficial del Festival de Música Indígena La Tulpa Raymi. Una oportunidad para hablar sobre la industria musical.

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¿Cómo ve las posibilidades para que la música campesina e indígena entre a ser competitiva en la industria?

Los músicos necesitan entrar a los circuitos para trabajar. Ojalá pase para que podamos escuchar más esa música. Ahí el problema realmente es preguntarse ¿qué es la industria?, ahí es donde está la discusión.

Lo que preocupa es que todo lo que entra en esa “industria” se aplana se aplana, se destila, se descafeína porque esa industria no quiere ser autocrítica, pero la gente necesita diversidad de pensamiento, de criterios.

En ese camino los músicos indígenas o campesinos entonces empezarán a abandonar el origen de su música para poder estar en las ventas, ahí está el tema delicado. Ahora, si logra haber un movimiento para esas otras músicas sería ideal.

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¿Realmente ve posible ese escenario de libre mercado y posicionamiento de artistas por tendencias en redes sociales?

Habría que dar la pelea para que la industria no aplane los temas, sino que permita la diversidad, pero la diversidad real, no la diversidad disfrazada, porque pareciera que hubiera diversidad en la industria, pero no la hay realmente.

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A mí no me trama el concepto de industria entendido como una única forma de comercializar la música. Uno puede vivir de la música sin estar en la industria

Así suena “Su madre patria”

¿Usted cómo logró eso?

La gente necesita música todo el tiempo. Necesitamos cantarnos y musicalizarnos la vida. Siempre habrá quien quiera escucharte, habrá alguien a quien le interese la música que haces.

El camino es escuchar esos pequeños espacios, esos pequeños lugares donde hay públicos esperando expresiones del arte. Las redes no son del todo nocivas y pueden ayudar a movilizar la música, sin necesidad de entrar en esas estructuras comerciales salvajes.

Generar movimientos independientes por fuera de la industria, es clave. La música de calidad no necesariamente está en los grandes teatros o estadios. La música está en los cafés, en las bibliotecas, en los festivales municipales, en los festivales comunitarios. Ahí también está la música.

Hace cuatro años usted creó el Festival de La Tigra. ¿Cuál es el balance hasta ahora?

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Nos ha ido bien. El balance es positivo. Lo más valioso es que es un encuentro para conocernos y vernos en la más grande diversidad de conceptos y pensamiento. Para reconocer también las músicas campesinas que existen y permanecen.

Es una oportunidad para conocer a los músicos de la región a los que no es posible escuchar en los circuitos habituales. Allí en festival se pueden escuchar y con buena producción. Es un ejercicio de convivencia muy bello.

¿Cómo se hará el festival este año?

Vamos a hacerlo en mayo. En la calle, pero no serán eventos masivos. Y se transmitirá vía streaming en vivo y en directo.

Por Joseph Casañas Angulo

Comunicador social y periodista egresado de la Universidad Los Libertadores con diez años de experiencia en medios de comunicación.@joseph_casanasjcasanas@elespectador.com
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