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El amor desdichado de Ana Karenina

Bella, rica y elegante. Esos tres atributos que marcan la vida de Ana Karenina son al mismo tiempo su bendición y su tragedia. Vivía cómodamente en la infelicidad de su matrimonio, hasta que el amor tocó su puerta como un terremoto y lo sacudió todo: el piso, el corazón y la cabeza.

Alberto Medina López *

01 de julio de 2016 - 10:00 p. m.
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Wronsky quedó encantado cuando la vio por primera vez. Ana había llegado de San Petersburgo para salvar el matrimonio de su hermano, a quien su mujer había sorprendido en amoríos con la institutriz de los hijos.

Paradójicamente, la salvadora, atrapada por el hechizo del amor después de algunos encuentros, decidió tomar el tren de vuelta para huir y reencontrarse con el marido. Pero el obstinado Wronsky la siguió y en una parada de tren se le acercó para declararle su pasión.

“En los comienzos de aquella nueva existencia, le habría sido imposible a Ana expresar con palabras las complejas sensaciones de vergüenza, miedo y goce que le producía cada entrevista con su amante.”

Su condición de mujer adúltera le provocaba espantosos sueños, cuyo origen era la realidad. “Casi cada noche tenía la misma pesadilla. Soñaba que tenía dos maridos, que alternaban en el disfrute de sus caricias.”

Quedó embarazada, su esposo le negó el divorcio y, a pesar de los asedios de la sociedad, vivió con su amante. Pero los celos por la princesa Sorokina, amiga de la suegra, provocaron duras guerras verbales que terminaron en el abandono. En su desesperación, salió a la estación del tren con una decisión tomada: el suicidio. “Allí moriré; será su castigo y quedaré libre de él, de todos y de mí misma”.

La desdicha de Ana Karenina parecía salir del espejo de Sofía Andreievna, la esposa de León Tolstói, el hombre que con su obra se entregó a una de las aventuras literarias más ricas de la historia. Se casaron cuando ella tenía 18 años y él 34, pero el día que Sofía descubrió en los diarios del escritor sus lujuriosas aventuras juveniles, fue víctima de los terribles celos. Las peleas conyugales por el mando transformaron el matrimonio en escenario de infelicidad. Aun así, permanecieron unidos 48 años en los que ella fue su mano derecha en el arte de crear, hasta el día en que León decidió abandonar su casa de Yásnaia Poliana.

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Con 82 años y acompañado de su hija Sasha, huyó porque su esposa le exigía mostrarle unos manuscritos en los que hablaba de ella. Sofía lo persiguió, pero ignoraba que la muerte, vestida de neumonía, competía por alcanzarlo. Tolstói falleció en un pequeño cuarto de la estación de Astápovo el 7 de noviembre de 1910.

Sofía, en la realidad, y Ana Karenina, en la ficción, vivieron la misma historia, así el final haya sido distinto: en la convivencia fracasó el amor.

* Subdirector de Noticias Caracol

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Por Alberto Medina López *

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