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El arrepentimiento

Yendo para Cañasgordas pensaste: “El niño se levantará a las seis de la mañana. Se bañará y preparará para ir al colegio. Al ver que sus padres no se levantan irá a buscarlos. Abrirá la puerta de su habitación y los encontrará muertos.

Juan Sebastián Jiménez

07 de diciembre de 2012 - 03:54 p. m.
Ilustración: María Fernanda Reyes Vargas
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Cada uno con un disparo en la cabeza. Apartará las sabanas manchadas de sangre y se acercará a ellos. Constatará que están muertos y gritará. Llorará y los abrazará. Alguien lo escuchará y llamará a la policía, que entrará a la casa y lo hallará en medio del charco de sangre. Le harán preguntas que no sabrá responder. Le tomarán fotos a la pieza, a las huellas que dejé sobre la alfombra. Harán un informe. Y mentirán. Dirán que encontrarán a los asesinos de sus padres. No lo harán. Después lo llevarán a donde un familiar que lo recibirá, seguramente a regañadientes. Esa noche no dormirá en su cama. O quizás ni duerma. Quizás dará vueltas una y otra vez. Apretará el puño y los dientes y golpeará las paredes hasta sangrar. Al otro día amanecerá con los párpados caídos por culpa de las lágrimas. No volverá al colegio sino un par de meses después. Y nada será lo mismo. Será el huérfano, el diferente. Golpeará a quienes lo molesten.

Sus familiares, sin saber qué hacer con él, lo verán como un problema para ellos. Lo encerrarán cada día del padre y cada día de la madre. Lo tratarán mal. Lo reprenderán a punta de cinturón y, de vez en cuando, le recordarán su condición de huérfano. Crecerá con dudas. ¿Quién le responderá las preguntas que a uno le surgen cuando crece? No sabrá qué hacer cuando se enamore y se acueste por primera vez con una mujer. Sus referentes serán sus amigos. Llenos de rencor como él. Se alcoholizará y se drogará. Y sus familiares y allegados, simple y sencillamente, lo verán como un caso perdido y lo dejarán a su suerte. No irá a la universidad y será un milagro si no embaraza a alguna de sus novias.

Ellas lo querrán, y mucho. Y él no podrá corresponderles. Correrá con suerte si no se vuelve misógino. Se irá de la casa de sus familiares después de una pelea. Tirará la puerta y no volverá. Vagará por un tiempo. Luego encontrará trabajo en un lugar de mala muerte. Allí conocerá a criminales de todo tipo: violadores, asesinos, narcotraficantes, políticos. Uno de ellos lo reconocerá. Le confesará que a sus padres los asesinaron porque se negaron a pagarle la vacuna a un capo. Pero no le revelará el nombre del asesino. Él lo buscará a su manera. Algún policía corrupto le conseguirá el informe del día en que mataron a sus padres. Atará cabos aquí y allá. Y sabrá que fui yo. Comprará un arma. Me buscará. Me seguirá. Aprovechará un momento en el que esté solo y se vengará”.

Entonces pensaste en devolverte y asesinar a ese muchacho, curarte en salud, acabar con testigos y deudos. Pero estabas muy lejos y ya no valía la pena regresar. Quién quita, quizás la policía ya estaba allí. Seguiste hacia Cañasgordas y durante 10 años no pensaste en lo sucedido ese día. Ahora que estoy frente a ti, apuntándote, ¿qué piensas?

Por Juan Sebastián Jiménez

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