Dos días después de que los talibán tomaran Kabul, Shamsia Hassani se reportó en sus redes sociales con imágenes de la serie Muerte a la oscuridad, un trabajo en el que expresa sus preocupaciones sobre el ambiente que se vive en Afganistán, con un enfoque específico en la suerte a venir de las mujeres durante el poderío talibán.
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De padres afganos, nacida como refugiada en el árido Irán, en Teherán, hace 33 años, creó una mujer con pestañas largas y cabellos negros. Va vestida de azul, de rojo o de negro. No tiene boca. Lleva tristeza en el rostro. A veces sostiene una flor. También carga una guitarra, entre otros instrumentos: “Los uso como símbolo para que las mujeres manifiesten sus voces con ellos. Pueden usar instrumentos musicales para hablar con la gente, para hablar más alto y llamar más la atención, ya que no tienen boca. El instrumento musical les da poder para hablar en sociedad”, afirma la artista.
En algunos dibujos se asoman los edificios de Kabul con un tanque de por medio. A los talibán los pinta de negro. En sus facciones, tan oscuras y gruesas, no se puede hallar algo de humanidad. Contrapone el color y la suavidad de su protagonista con la oscuridad con que figura al grupo extremista. Aquella, como la flor que en algunos dibujos carga, tan frágil y tan fuerte; valiente y vulnerable; sola y rodeada; viva, al filo de la muerte.
Muerte a la oscuridad hace alusión a los muros de una ciudad en guerra. Sobre las fisuras sociales actuales, la artista está creando, pero por ahora, no en la calle. Y desde donde se encuentra, tiene el precepto de que: “El arte cambia la mente de la gente y la gente cambia el mundo”.
En este tiempo ha manifestado que “Afganistán es como una persona que estaba muerta durante la guerra y después de la guerra ha vuelto a nacer. Ahora necesita tiempo para madurar. Hay muchísimos problemas heredados: edificios bombardeados, desigualdad de géneros, acoso en la calle, actos de violencia contra la mujer. Los artistas pueden hacer que cambie la mentalidad de la gente, y la gente a su vez puede hacer que cambie la sociedad”.
Varias de las tensiones actuales -e históricas- entre Oriente y Occidente están en sus obras. Por ejemplo, en la serie Aves de ninguna nación (2015) retrató la migración afgana de las últimas décadas y las situaciones de xenofobia o desarraigo a las que se enfrentan los migrantes que se trasladan bajo el estado de refugiados. Por otro lado, sus trabajos responden a la errada creencia occidental de que la burka es un símbolo de opresión, por lo que suele pintarlas transparentes, permitiendo que la humanidad de los personajes, independiente de lo que esté representando, se vea. Quitarse el pañuelo, ha dicho, no es lo mismo que liberarse.
Shamsia, que en árabe significa Sol, es la primera artista urbana de Afganistán. Cofundadora del colectivo de artistas Rosht, que promueve el arte y la cultura contemporáneos en ese país, y es profesora de escultura en la Universidad de Kabul. A comienzos de la década del 2000 quiso estudiar Bellas Artes en Teherán, pero esa carrera estaba prohibida para afganos, por lo que se trasladó a Kabul y fue hasta 2010, en un curso con el artista británico Chu, que empezó a intervenir las paredes de su país.
Ha dejado sus trazos en los muros de más de un continente. No crea para los museos ni para las galerías. Sino para las calles. Para el día a día de la gente. Ya decía Federico García Lorca: “ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales, que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos sepan”.
En la serie de Muerte a la oscuridad pasa todo y nada. Entre el temor y la valentía de la protagonista, la obra de Hassani resulta siendo un espacio de libertad, en el que, pese a la violencia, el horror y la oscuridad, no hay muerte; por el contrario, la vida resiste en el perpetuo presente de la imagen. La flor blanca y luminosa no se marchita.