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14 Dec 2008 - 10:00 p. m.

El arte político de Rosenberg Sandoval

Este creador caleño  expone su obra ‘Embera-chamí’ en el Museo de Arte religioso La Merced, en Cali.

Mónica Diago

El arte de Rosenberg Sandoval siempre ha sido irreverente.

En 1999 entró al Museo de Arte Moderno La Tertulia, en Cali, con un indigente al hombro que con su cuerpo ensuciaba las paredes blancas del lugar. Años más tarde convirtió sus manos en trituradoras de rosas y acabó con 30 docenas de flores, al mismo tiempo que sus manos se iban marchitando. Lo hace porque le interesa decir lo que piensa y especialmente, manifestarse en contra de la violencia que se vive en Colombia.

Por eso, la obra que lo representa en el 41 Salón Nacional de artistas es “solemne y escalofriante”, como él mismo la define. Embera-chamí es el nombre de esta pieza elaborada con huesos de seres anónimos recolectados en fosas comunes de diferentes poblaciones colombianas afectadas por la violencia. Tardó 45 días en elaborarla porque debía tener el máximo cuidado con la manipulación de los huesos pues muchos están infectados.

Este docente de la Universidad del Valle busca representar mediante su trabajo el desplazamiento que han vivido los indígenas en los últimos años en el país. “Es una pieza elaborada sobre la ausencia y la dignidad”, comenta Sandoval. En los 30 años que lleva trabajando como artista siempre se ha concentrado en dejar mensajes políticos claros en sus obras. “En Colombia me han censurado varias veces, cosa que no ha pasado en Europa, donde también he expuesto. Si pintara paisajes, mujeres desnudas o retratos entonces sería más aceptado, pero no creo que el arte sólo tenga la función de entretener”, afirma.

Su obra, expuesta en el marco del 41 Salón Nacional de Artistas, le sirve para reflexionar sobre el papel del arte en la capital del Valle. Para Sandoval, los caleños aún no están preparados para recibir un evento de la magnitud del Salón porque “son muy elementales, creen que la vida sólo es rumba. Sin embargo, este suceso refresca el ambiente ficticio y superficial que hay en la ciudad”.

Lo que sí le resulta positivo es el legado que le quedará a Cali una vez finalizado el Salón Nacional de Artistas: “Se creará una necesidad de seguir implementando este tipo de eventos. Por lo menos los estudiantes de Arte de la ciudad van a exigir más exposiciones, y más trabajo artístico, lo que me parece maravilloso”.

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