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El cangrejo va para adelante

El director, el protagonista y la productora hablan de la experiencia de rodar en La Barra y del significado de esta historia llevada al cine.

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Ana María Durán / Especial para El Espectador, Berlín
15 de febrero de 2010 - 10:30 p. m.
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Con aplausos efusivos y una muy buena crítica este fin de semana se presentó en la Berlinale la película colombiana El vuelco del cangrejo. Después de la proyección, El Espectador conversó con el director, Óscar Ruiz Navia, el protagonista de la historia, Rodrigo Vélez, y la productora, Gerylee Polanco.

¿Cómo nació la idea de hacer una película en La Barra?

Óscar Ruiz.— La película nació de mi experiencia en este lugar. Al principio iba a descansar y a hacer camping en la casa de Cerebro, el personaje que participa en la película. En unas vacaciones un hombre de la ciudad llegó al pueblo y se instaló al lado de la casa de Cerebro creando conflictos entre la comunidad. A partir de ese momento me pareció que valía la pena hacer una película que mostrara esas contradicciones a través de un viajero que se queda atrapado en el pueblo. En el guión trabajamos desde 2005 y poco a poco comenzamos a pedir los permisos para comenzar a rodar.

¿Cómo fue esa experiencia de rodaje en el lugar?

O. R.— El Pacífico es una zona poco explorada en el cine, una zona de olvido, y por eso la película tiene ese ambiente gris, melancólico, porque es como una metáfora de esa crisis que se vive en el país. De parte de ellos siempre hubo mucho apoyo e interés en participar y una enorme confianza para desarrollar lo que nosotros queríamos hacer. Antes del rodaje, para conocernos mejor, organizamos actividades con ellos: proyecciones de películas y de teatro al aire libre y talleres de video con jóvenes del sector. Todo esto sirvió para que cuando filmáramos hubiera mucha confianza y tranquilidad.

¿Hay algunas partes de la película más espontáneas o improvisadas que otras?

O. R.— Yo trabajé en el guión a través de una serie de vivencias que había tenido allá, pero durante tres años el guión fue cambiando. Sí quise trabajar con secuencias no planeadas y dejar que los actores naturales fueran libres para decir o hacer lo que querían. Claro, esa fue una de las dificultades del proceso, mezclar actores profesionales con no profesionales.

Como actor, ¿cómo se sintió trabajando con ellos?

Rodrigo Vélez.— Esta experiencia me llegó por afinidad. Mi contacto con afrodescendientes venía desde tiempo atrás porque durante algunos años trabajé como profesor en el distrito de Aguablanca. La dificultad fue que mi experiencia en el cine era mínima en ese momento, tengo una formación en teatro, y tenía que nivelarme a los actores naturales: la manera como hablan, como opinan, como miran. Este es un proyecto que nace de las entrañas de una gente que quiere hacer algo, con pocos recursos, sin un deseo de figurar en público, y lo más interesante es que a partir de una experiencia mínima la historia alcanza una gran trascendencia humana.

¿Qué tipo de problemas vivieron durante el rodaje?

Gerylee.— Esta zona es una de las más lluviosas en el país. Es un lugar gris, más del 50% del tiempo nos llovió e inclusive nos atrasamos en una semana de rodaje por imprevistos climáticos.

¿La película ya se proyectó en La Barra?

G.P.— Sí, y es la proyección que más emoción me ha dado porque es volver al lugar del cual salió. Ellos tienen otra cultura visual a través de la televisión y no están acostumbrados a ver lo que nosotros estamos presentando. Teníamos muchas inquietudes, pero el pueblo la recibió con mucho cariño. Estaban muy orgullosos de ser parte de esto.

¿Qué proyectos vienen en camino?

O.R.— En Contravía Films estamos trabajando en La Sirga, dirigida por William Vega, asistente de dirección de El vuelco. Vamos a rodar a principios del próximo año en la laguna de Cocha. Queremos seguir trabajando con este tipo de historias que a partir de microcosmos explican de alguna manera la complejidad de un país como Colombia.

Por Ana María Durán / Especial para El Espectador, Berlín

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