José Luis Perales, a mediados de los años 80, lanzó una canción dedicada a los niños del mundo. Que canten los niños es un canto por la defensa de la vida, pero, sobre todo, un llamado para construir un mundo libre, en paz y sin hambre. El canto es por los que ya no están, por los que no tienen voz, pero también por los que están y por los que vendrán.
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“Que canten los niños que alcen la voz, que hagan al mundo escuchar. Que unan sus voces y lleguen al sol, en ellos está la verdad”, así empieza la canción que Perales compuso en nombre de Aldeas Infantiles SOS, organización internacional pensada para la protección infantil. Esta busca promover los derechos de los niños y prevenir posibles abusos contra ellos.
La canción nació en América, la misma tierra a la que Nino Bravo le cantó: “Donde el fuego se hace amor, el río es hablador y el monte selva. Hoy encontré un lugar para los dos en esa nueva tierra.¡América, América! Todo un inmenso jardín, eso es América. Cuando Dios hizo el Edén pensó en América”. Fue en Argentina donde Perales tuvo el primer contacto con Aldeas SOS. “Quise saber qué era eso y me llevaron a una aldea cercana a Buenos Aires. Allí había niños huérfanos, marginados de la sociedad, de la calle, que fueron recogidos en unos centros dirigidos por mujeres voluntarias”, dijo el cantautor español en entrevista con El País de Cali. La inquietud que le dejó la organización lo llevó a contactar al Presidente de la misma entidad en España y a utilizar su don musical para componer la canción que hoy conocemos.
Con presencia en 135 países, Aldeas Infantiles llegó a Colombia en 1971 y desde entonces ha hecho presencia en zonas vulnerables como la Guajira, Chocó, Nariño, Putumayo, Tolima, entre otras más. La desnutrición, así como la situación de calle, la violencia sexual, el maltrato, el consumo de sustancias psicoactivas y el trabajo infantil, son algunas de las problemáticas sociales a las que se enfrentan los niños en el país. De ahí que los versos de Perales, como “yo canto para los que no tiene pan, yo canto para que respeten la flor. Yo canto para que se escuche mi voz, y yo para ver si les hago pensar. Yo canto porque quiero un mundo feliz y yo por si alguien me quiere escuchar”, sigan vigentes 50 años después.
Aldeas SOS funciona como una plataforma amplificadora de las necesidades y demandas de los niños. En un intento por generar vínculos entre ellos y el Estado, en busca de acciones concretas de defensa y promoción de los derechos de los niños, la organización incluso ha llegado al Congreso de la República. Porque hay que tener algo presente, la protección de los niños, como de los demás sectores sociales, implica un esfuerzo político y social coordinado.
En Colombia la situación es más compleja por cuenta del conflicto armado. Solo en este mes de agosto hemos escuchado que niños y jóvenes han sido asesinados en su barrio, calle o casa, mientras no hacían algo diferente a vivir su cotidianidad. Y así, miles de historias más en este medio siglo de guerra. Por eso el canto sigue siendo el mismo: “yo canto porque el mundo sea feliz, yo canto para no escuchar el cañón”.
El canto por la defensa de los derechos de los niños es una expresión más de una lucha histórica de la humanidad: la lucha por la libertad. Y la música no ha sido ajena a esta. “Camino sin cesar, detrás de la verdad y sabré lo que es al fin la libertad”, cantó Nino Bravo en la década de los 70. Diez años después, Perales lo complementó: prefiero ser caminante a ser camino, ser libre a ser esclavo, ser beso a ser puñal. Prefiero un campo de hierba mojada a un campo de batalla que huele a soledad”.