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Para celebrar la legendaria vistosidad y su caudal de festivas danzas y disfraces que caracterizan las tradicionales carnestolendas del Rey Momo, la Casa de la Cultura de Anapoima ha convocado a 11 fotógrafos barranquilleros para exhibir sus mejores imágenes del Carnaval de Barranquilla, una de las fiestas populares más fotogénicas de Colombia. A partir del 7 de mayo, y en el contexto de su XIII Encuentro Nacional de Danzas, los residentes y visitantes de este cálido municipio de Cundinamarca pueden disfrutar de sorprendentes vistas que seducen por su humor e imaginación.
Los diversos desfiles son la esencia de esta multitudinaria festividad: la Guacherna, la Batalla de Flores, la Grand Parada, el Desfile del Rey Momo, las danzas de congos, garabatos, son de negros, coyongos, pilanderas, caimanes, paloteo, gallinazos, las comparsas tradicionales o de fantasía, los grupos infantiles, las comedias, las letanías y, en especial, los disfraces más asombrosos, han sido motivo de inspiración para los artistas visuales y fotógrafos de nuestro litoral Caribe, como también para cinematografistas de numerosos documentales y películas de ficción que han preservado para la historia los sucesos que se suscitan durante esa temporada que exalta la alegría y la ingeniosidad de sus participantes.
Por su misma personalidad de jolgorio urbano en donde participan todos los estratos sociales, ha sido por tradición abierto a la imaginación y el desparpajo de sus figurantes, una válvula de escape para disipar el estrés que agobia a nuestra sociedad contemporánea. No obstante la seducción que año tras año ejerce entre una pléyade de fotógrafos del mundo entero, hacer un recuento visual del Carnaval no es tan fácil como parece. De hecho, además de las técnicas fotográficas convencionales, ya sean analógicas o digitales, se necesita el ojo avizor que interprete los códigos estéticos que se derivan de toda acción artística.
Y es aquí donde encontramos las fotografías de quienes participan en esta exposición con un título que alude a su lema tradicional de “Quien lo vive es quien lo goza”, es decir, hay que integrarse a las bullangueras fiestas en las calles, plazas, verbenas, rumbas de disfraces en los clubes sociales o en aquellos legendarios salones burreros de principios del siglo XX, también en los espacios abiertos de las casetas de baile en sitios estratégicos de Barranquilla. Los fotógrafos Enrique García, Álex Riquett, Fabiana Flores Prieto, Juan Camilo Segura, Gisela Savdie, Eduardo Suescún Toledo, Vivian Saad, Nick García Rada, Carlos Javier Capella, Haroldo Varela Gómez y Rigel Castro han sabido captar la dinámica actividad y el vibrante colorido de una celebración que se transforma minuto a minuto a medida que sus participantes danzan o desfilan de acuerdo a coreografías tradicionales o innovadoras que eluden cualquier definición académica, o también retratos de personajes anónimos metamorfoseados en animales selváticos, figuras fantásticas o reconocidas de la política, los deportes, la mitología popular o la crónica roja, convocados por la más carismática y masiva celebración del Caribe colombiano.
Las imágenes a la vista en esta exposición son el testimonio visual de esa tradicional fiesta donde la comedia y el melodrama se dan cita para expresar, a través de disfraces individuales o colectivos, la alegría de vivir, un espectáculo de travestis, arlequines lanzafuegos, mujeres sensuales, los tradicionales descabezados o guerreros africanos, como también la gestualidad sarcástica de comparsas como son de negros, el desparpajo de monocucos, marimondas y farotas, o la danza erótica de parejas desinhibidas. No sólo se interesan estos fotógrafos por situaciones de regocijo, sino que sus imágenes también ejercen, de manera indirecta, la crítica política o social a través del humor y la fantasía evocadora de situaciones que aluden a fenómenos rurales o urbanos.
Para lograr su objetivo, estos fotógrafos utilizan diversas técnicas, ya sean mixtas o tradicionales, en ocasiones con intervenciones en la imagen original que les permiten transformar las fotografías para alcanzar el máximo impacto visual. Cada participante tiene su peculiar manera de fotografiar el Carnaval. Algunos prefieren individualizar en un primer plano los disfraces o danzantes para consignar su ánimo festivo, destacar la máscara o la creatividad del maquillaje, en tanto que otros se inclinan por las vistas amplias o panorámicas para dar una idea global de la fanfarria carnavalera. En todo caso, esta muestra es reveladora de los intereses y afinidades de cada fotógrafo, destacando la singularidad de esta festividad que año tras año impulsa a una región a entregarse a la diversión para celebrar el amor y la vida.
* Escritor, curador e investigador cultural. Su libro más reciente es la novela El umbral de fuego (2015).