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Un cuerpo sonoro, sensible y sensual

Los últimos días del Cartagena Festival de Música estarán dedicados a las melodías y los ritmos que han salido desde costas diferentes a las europeas. Un recuento por la agenda.

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Jaime Andrés Monsalve B.
11 de enero de 2026 - 03:00 p. m.
La primera edición del Cartagena Festival de Música se realizó en el 2007.
La primera edición del Cartagena Festival de Música se realizó en el 2007.
Foto: Cartagena Festival de Música
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El compositor mexicano Eduardo Gamboa (n. 1960) escribió la obra “Cañambú, para cuarteto de cuerdas”, en 1997. En la partitura el músico explica: “Cañambú es el nombre que se le da en Cuba a una caña de bambú, distinta de la caña de azúcar y la caña brava, que crece en la manigua oriental, en la actual provincia de Santiago. (…) Cortados de distintos tamaños para obtener un sonido grave y otro agudo, el cañambucero (por bongocero) coge un canuto en cada mano, en posición vertical, y los golpea contra la superficie de un pequeño banco de madera”.

La percusión, esa inspiración que llevó a Gamboa hasta “Cañambú”, tiene todo que ver con ese tono sensualista que muchos han querido ver en tradiciones de la música popular latinoamericana y que habla de ellas como una suerte de corpus (cuerpo) danzante, sudoroso y dionisiaco que captura la atención de aquellos que nacieron en representaciones acaso más apolíneas del arte en general. “¡Oh Cuba! ¡Oh ritmo de semillas secas! / Iré a Santiago. / ¡Oh cintura caliente y gota de madera!”, manifestaba asombrado, en su epifanía caribeña, Federico García Lorca. Como él, tantos más.

“Cañambú” cierra el programa del día domingo a las 4:00 p. m., a ser ejecutado por el cuarteto de cuerdas José White, de México, dentro del marco del Cartagena Festival de Música. El recital incluye además piezas de los argentinos Ginastera y Guastavino, de los mexicanos Olmedo y Campa, y del cubano Lecuona, en cuyo repertorio todavía refulge esa pieza compuesta a sus 17 años de nombre “La comparsa”, melodía juguetona y cadenciosa en la que los espíritus afrocaribes afloran discretamente, bajo la aparente contención de una danza decimonónica.

Trasunto de la inevitable cubanía de “La comparsa”, el tercer movimiento de la Pequeña Suite del sucreño-cartagenero Adolfo Mejía Navarro resguarda, en forma de partitura clásica, una cumbia costeña. La historia nos recuerda que el músico participó con esa obra del concurso de composición Ezequiel Bernal, promovido por el Conservatorio Nacional, en 1938. Ganadora en franco empate con una creación de su colega Jesús Bermúdez Silva, la bolsa estaba destinada a cubrir la especialización de Mejía Navarro en París, periplo truncado ante la llegada de la Segunda Guerra Mundial. Quedó de ello, en todo caso, el primer acercamiento al lenguaje clásico del ritmo madre del Caribe colombiano, el mismo sobre quien el cantante Mario Gareña dijo, años después, que ante su presencia “no hay una cadera que se esté quieta”. La Orquesta Filarmónica Joven de Colombia interpretará la obra junto con el célebre Huapango del mexicano José Pablo Moncayo, en la previa de su acompañamiento al crooner norteamericano Cody Fry.

Quien quiera iniciar ese día domingo con un entretenido cruce de caminos ítalo-brasileños, la recomendación está en acudir al recital del Trío Correnteza, agrupación en el formato ligero de clarinete, guitarra y voz a cargo de Gabriele Mirabassi, Roberto Taufic y Cristina Renzetti, respectivamente. Allí nos encontraremos con la obra temprana de inmigrantes italianos en tierras del llamado País Verde, al igual que con recreaciones de clásicos de samba y de la bossa nova con letras traducidas para el público europeo y con los recuerdos hechos canción de los eventuales encuentros históricos de músicos de ambas nacionalidades, con evocaciones constantes al poeta y productor discográfico Sergio Bardotti, sempiterno traduttore de la música del Brasil al italiano, y de la recién fallecida cantante milanesa Ornella Vanoni, quien en su momento grabara al lado de los eternos Vinicius de Moraes y Toquinho.

Algunos de los encuentros más notorios entre lo popular y lo académico colombiano podremos escucharlos durante el primer recital del lunes 12, en el programa a cargo del Bogotá Piano Trío, emprendimiento del pianista Mauricio Arias-Esguerra. Allí nos remitiremos a tiempos pretéritos con reconstrucciones instrumentales de piezas vocales del Barroco tardío local de José Cascante y Juan Ximénez de Alarcón, repasaremos ejemplos de los repertorios de salón de Adolfo Mejía Navarro y Francisco González, y descubriremos el arte que habita en la transcripción de piezas populares como el vallenato “La creciente”, el bambuco “Ancestro”, el “Bunde tolimense” y el pasillo “El cafetero”, entre otras.

Canonizado ya como un formato de cámara más, el quinteto tanguero alla Piazzolla (bandoneón, piano, violín, guitarra eléctrica y contrabajo) llega al proscenio del Festival en el concierto del lunes a las 4:00 p. m., con el quinteto de Giovanni Parra Huertas, ejecutante bogotano del bandoneón con experiencia de más de 20 años, estudios en pedagogía musical y especialización en estilos del tango en la Orquesta Escuela Emilio Balcarce de Buenos Aires.

Si bien el trabajo de Parra tiene como punto de partida la música popular rioplatense, para la cual fue creada esta organología, el músico se ha decantado por la divulgación de la obra de compositores andinos colombianos, como lo ha dejado ver en algunos de los seis trabajos discográficos que ha publicado hasta ahora, cinco de ellos nominados al Grammy Latino. Así, este concierto iniciará con piezas incluidas en su disco “El trébol agorero” (2023), dedicado a la creación del santandereano Luis A. Calvo (1882-1945), repertorio que incluye danzas, pasillos, bambucos, valses y hasta ragtime norteamericano.

Luego atravesaremos un compendio de los pasillos escritos por el argentino Terig Tucci (1897-1973), interesado en los ritmos colombianos gracias a su amistad en Nueva York con Adolfo Mejía, Miguel Bocanegra y Jorge Áñez, entre otros. Originalmente dichas creaciones fueron grabadas por el quinteto en “La música andina colombiana de Terig Tucci” (2021). Tanto las piezas de Calvo como las de Tucci fueron adaptadas al formato por el muy respetado arreglista Fernando “Chino” León. Y en el colofón del recital podremos escuchar algunas de las piezas originales de Parra, dentro de las que se asoman, como tenía que ser, algún par de tangos.

Al cierre de la edición 20 del Cartagena Festival de Música las fronteras se diluyen del todo con las versiones jazz de piezas clásicas propuestas como parte del repertorio del virtuoso cubano del saxo y el clarinete Paquito D’Rivera. En el concierto de clausura, aparte de creaciones propias en clave de jazz latino al lado de su quinteto, podremos escuchar al veterano ejecutante en reflexiones latinas y libres, no exentas de un notable sentido del humor, de obras de Bach y Mozart, compositor este último de quien D´Rivera afirma con gracia que hubiera tenido que nacer en Nueva Orleans y no en Austria. El capítulo incluye además obras de Charlie Parker grabadas originalmente con arreglos de cuerda (a cargo de la Orquesta Sinfónica de Cartagena) y de Astor Piazzolla, otra de las influencias ineludibles para el intérprete de vientos.

Tras un pico emotivo en la primera parte del festival, en el que el espíritu y el alma de la música hicieron de las suyas, nadie puede negarse al dejarse llevar de un cierre carnal, bellamente mundano, verdadera ambrosía para los sentidos.

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Por Jaime Andrés Monsalve B.

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