
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
En ese estado de delirio, Pierre Louys escribió todas las locuras eróticas que se le pueden ocurrir a un escritor. Pero fueron Las canciones de Bilitis y Afrodita las que lo hicieron célebre en vida, hasta convertirlo en el gran pagano de la modernidad.
Con Bilitis, presentada como discípula de Safo, Louys engañó hasta a los más sabios. En el prólogo contaba que un arqueólogo había descubierto su tumba en Chipre y que allí estaban grabados sus ardorosos poemas que había traducido del griego para enseñárselos al mundo. Incluso entregó detalles de la vida de Bilitis, con precisiones históricas y geográficas que no dejaban duda alguna sobre su existencia.
Con el tiempo se descubrió que el autor de los versos lésbicos era el mismo Pierre Louys. De su mano habían emergido cantos de amor como el de Bilitis por Mnasidika.
“Con cuidado, ella abrió con una mano su túnica y me tendió sus senos tibios y dulces, así como se ofrece a una diosa un par de tórtolas vivas.
—Ámalos bien —me dijo— con la misma pasión con que yo los amo: son niños en flor. Me ocupo de ellos cuando estoy sola. Juego con ellos; les doy placer. Los baño con leche. Los empolvo con flores (…) Puesto que nunca tendré hijos, sé su alimento, mi amor. Y puesto que están lejos de mi boca, dales besos de mi parte”.
Dos años después de esta ocurrencia, en 1896, publicó Afrodita, una obra que cuenta la historia de la cortesana Khrysis, que ofrece la desnudez y el goce al escultor Demetrios si le lleva el espejo de plata de otra cortesana, la peineta de marfil de la esposa del gran sacerdote y el collar de perlas de la estatua de la diosa Afrodita. Los tres regalos, que implicaban robo, asesinato y sacrilegio, serían premiados.
“¡Qué sorpresas te esperan!.. ¡Ah! ¡Cómo jugarás con mis pezones, cómo me abrazarás, cómo temblarás oprimido entre mis rodillas, cómo te dejarás ir sobre mi cuerpo convulso! ¡Y cómo te sabrán mi boca, mi lengua y mis besos! (…) te daré todo mi cuerpo que es como una concha de nácar entreabierta”.
Demetrios roba, mata y comete sacrilegio para conquistarla, pero al mismo tiempo desata la tragedia. Khrysis, enloquecida por su vanidad, luce desnuda las joyas soñadas por las calles de Alejandría y el pueblo la condena a beber la cicuta.
Afrodita es la más grande de las creaciones del hombre que rindió desde su adolescencia el más encendido culto a la carne que haya conocido la literatura.
* Subdirector de Noticias Caracol