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Ante esa violenta separación los entusiasmados espectadores de estos retratos de amor y muerte se preguntaban cómo iban a funcionar a solas la que fue la deslumbrante pareja. Arriaga demostró hace pocos días en el Festival de Cine de Venecia que puede ser un gran director. Su película está hecha con sensibilidad extrema y poderío visual, enlazando con coherencia personajes y situaciones que inicialmente parecen no guardar relación, hablando de personas rotas y acorraladas por sus antiguos volcanes y sus machacantes fantasmas.
Por El Espectador
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