14 Oct 2021 - 2:00 a. m.

El diario sobre un secuestro y los afectos en cautiverio

Después de 18 meses, doña Beatriz Echeverry fue liberada de un secuestro. Contó que el guerrillero que la cuidó en cautiverio la trató bien. Habló de él con afecto. Su hijo, el director de esta película, buscó a ese guerrillero, lo encontró y rodó una película sobre esta historia.

“Tengo tres hermanos que fueron soldados mientras yo era guerrillero de las Farc. ¿Cómo vivió mi familia con esto? Pues aprendiendo: nos tocó, no tuvimos otra opción. Mientras yo combatía desde la subversión, mis hermanos lo hacían con fusiles del Estado. Fueron 22 años en la guerrilla”, cuenta Güerima, exguerrillero de las Farc, quien tuvo a su cargo a dos secuestrados a quienes llamaba “los abuelos” y los cuidó como si fueran sus padres.

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Desde el primer día de su cautiverio, desobedeció órdenes e hizo de su secuestro una experiencia menos tortuosa. Así se lo propuso. Pidió cuadernos para que escribieran y no se los dieron, así que tomó los de “las comunicaciones” y se los entregó a los secuestrados. Muchas veces tuvo muy cerca al Ejército por algún operativo y la orden siempre fue que si se acercaban mucho los matara, pero que no los fuese a entregar vivos. Y sí que estuvieron cerca, pero jamás disparó. Lo último que hizo fue interceder por su liberación, algo que ocurrió a los 18 meses de cautiverio.

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¿Ya nos habremos hecho todas las preguntas sobre el conflicto? Seguramente no: las preguntas, tal vez, son inagotables, pero ¿por qué nos cansamos de hablar sobre el tema? Será por lo mismo que nos hemos respondido a lo largo de los años y ya repetimos sin pensar, así sepamos que la resistencia no es opcional: este bucle sangriento parece inagotable, estamos exhaustos de noticias sobre la guerra y parece que no existe una solución que la termine por completo.

Del otro lado cuenta la historia de una familia que no encontró soluciones para una tragedia “que pudo terminar peor”: sigue doliendo y el trauma del secuestro parece ser un asunto que no se soluciona, sino que se aprende a tramitar, a sobrellevar, pero que jamás se va. Es una película sobre cómo perdonar lo que, a primera vista, es imperdonable. Un testimonio de unas víctimas que se interesaron por las razones de sus victimarios, a quienes hace años se les condenaba sin derecho a la defensa.

La mamá de Iván Guarnizo, doña Beatriz Echeverry, fue secuestrada en 2004. Esta película es sobre lo que sus hijos pudieron saber de su cautiverio mediante un diario que ella escribió. Sobre lo que ellos, desde la “libertad”, padecieron imaginando la suerte de su madre: la tortura de la pregunta sobre su vida, el trato que le daban sus secuestradores, su edad y su salud mental, su edad y la selva, su edad y la soledad.

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Cuando fue liberada, doña Beatriz contó que el guerrillero encargado de su cuidado jamás la maltrató. De hecho, lo recordaba con cariño. Compartió anécdotas sobre él y hasta contó que varias veces desobedeció órdenes para protegerla. Guarnizo, después de la muerte de su mamá, buscó durante año y medio a este guerrillero y lo encontró. Este documental se concluye con la conversación entre los hijos de doña Beatriz y Güerima, el ahora exguerrillero, que, además de acceder a hablar con ellos, pidió, de nuevo, perdón.

“En Colombia hemos hecho muchas películas sobre la guerra y sobre el pasado, sobre las heridas que nos dejó el conflicto, pero muy pocas sobre cómo cambiar esas heridas. Para hacer este trabajo me agarré del pasado, pero solamente me importó el futuro. Del otro lado habla, realmente, de imaginarnos un futuro diferente. La experiencia de esta película me transformó de una manera que no esperaba. Al principio pensé que podía volverme más cínico y ocurrió todo lo contrario: renovó un poco mi fe en las personas. Estoy en paz conmigo mismo y ese episodio del secuestro ya no es una herida que supura rabia, se transformó en otra cosa que no sé describir con palabras”, cuenta Guarnizo, el director, quien viajó con su hermano, Papeto Guarnizo, hasta el lugar donde estaba secuestrada su madre. Según ellos, una travesía al corazón de doña Beatriz, un recorrido que les ayudó a entender cómo fue que ella pudo perdonar.

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¿La percepción de cómo su madre enfrentó el secuestro cambió después de recorrer sus pasos en la selva y los ríos colombianos? ¿Cambió después de hablar con Güerima, su custodio?

Iván Guarnizo: Totalmente, ese fue el hecho fundamental. Leer su diario, ir a los lugares en los que estuvo y hablar con quién estuvo, me hizo ver con otra luz nuestra experiencia y su experiencia. Fue comprender a esa mujer y a esa mamá de la que nos privaron durante dos años, saber sobre la vida que tuvo y sobre la que solamente podíamos imaginar y elucubrar, a veces de una manera muy oscura. Entonces empecé a comprender su día a día con todas sus contradicciones, el dolor que ella sentía en la soledad, el abandono, la rabia que le daba no saber qué es lo que estaba pasando, la impotencia, y al mismo tiempo la solidaridad que vivió junto a su primo Julio y los guerrilleros con quienes estableció lazos de hermandad, una especie de figura materna que tejió con ellos, especialmente con Güerima.

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Después de la proyección de la película en el Bogotá International Film Festival, hubo un conversatorio entre Guarnizo y Güerima que moderó Juan Manuel Santos, expresidente de Colombia y Premio Nobel de la Paz. Sus preguntas, que fue tejiendo con anécdotas del proceso que resultó en la firma del Acuerdo de paz entre el Estado y las Farc, dieron más detalles sobre la relación que ahora sostienen los hijos de doña Beatriz y Güerima: son tan cercanos que hablan tranquilamente sobre hermandad y un agradecimiento mutuo. Perdonar, dicen, es un acto que no se hace por el otro, sino por uno mismo. “Todo conflicto armado resulta siendo un parricidio, un fratricidio”, concluye Guarnizo.

¿Su mamá tenía la costumbre de llevar un diario antes de ser secuestrada?, le preguntó Santos al director de Del otro lado. Él le respondió que no, que fue algo que comenzó cuando la retuvieron. Santos confesó que siempre se arrepintió de no haber hecho lo mismo, de no haber registrado lo que pasó en su vida día tras día.

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Los primeros planos del diario de esa madre, en esta película, muestran esas páginas como un mapa. Un cuaderno El Cid que, por su portada, se deduce que fue hecho para un estudiante de alguna escuela, no para una secuestrada en alguna de las selvas de Colombia. Los textos escritos por doña Beatriz parecen huellas, como si hubiese querido calcar cada sensación. Trazos para que los demás pudiesen imaginar, con algo más de precisión y detalle, el aspecto de sus pies después de caminar durante horas entre raíces y barro. Palabras que contarían que una vez pisó una culebra y que los guerrilleros, después de cargarla debido a su agotamiento, le parecieron personas muy fuertes

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