El Magazín Cultural

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2 Oct 2020 - 8:57 p. m.

El dibujo, un arte por derecho propio en el Thyssen de Málaga

El Museo Carmen Thyssen de Málaga se remonta en su nueva exposición temporal al momento de las vanguardias históricas en el que el dibujo alcanzó autonomía e independencia, superando así la simple condición de boceto o estudio preparatorio, para convertirse en una obra de arte por derecho propio.
El Museo Carmen Thyssen de Málaga, en su exposición temporal sobre dibujo, tiene muestras artísticas de Salvador Dalí.
El Museo Carmen Thyssen de Málaga, en su exposición temporal sobre dibujo, tiene muestras artísticas de Salvador Dalí.
Foto: Archivo Particular

A través de veintisiete obras sobre papel, pertenecientes a los fondos de la Fundación MAPFRE, la Sala Noble del Museo Carmen Thyssen de Málaga ofrece una visión de “lo efervescente que fueron aquellos treinta años en el arte occidental”, de 1910 a 1945, señaló Lourdes Moreno, directora artística de la pinacoteca y comisaria de la exposición. Se trata de una exposición “densa” porque en escasos metros conviven grandes maestros: Picasso, Dalí, Julio González, Gris, Grosz, Hugué, Maruja Mallo, Matisse, Miró, Benjamín Palencia, Francis Picabia o Torres-García. Sus respectivas tendencias artísticas también conviven de la misma forma en la que lo hicieron en aquellos años turbulentos para el arte.

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La exposición cuenta con el cubismo de Picasso, de Alexander Archipenko o de Ismael González de la Serna, en unos años en los que se produce “una gran proliferación de técnicas dentro del dibujo, que hasta el siglo XX había sido solo un medio auxiliar”, explicó la comisaria en un recorrido por la muestra. También está presente el expansionismo del uruguayo Rafael Barradas, quien se preocupó del movimiento que generaba el color, mientras que Henri Matisse consiguió en un dibujo, solo con la línea, otorgar volumen a las formas. Como representante del expresionismo alemán se puede contemplar una obra de George Grosz en la que el artista realizó una crítica al ambiente opresivo durante la República de Weimar y a la hipocresía de la burguesía de su país en ese momento. Albert Gleizes, considerado el teorizador del cubismo, quedó impresionado por los rascacielos de Nueva York a su llegada a esta ciudad y los representó en clave cubista en un dibujo de 1916. Francis Picabia participa en la exposición con una pieza de su dadaísmo abstracto.

Otros movimientos que podrá contemplar el espectador son el cubismo órfico de Sonia Dealunay, a Laszlo Moholy-Nagy, como representante de la Bauhaus, o a un Francisco Bores que, en su figuración lírica, muestra “más versatilidad en sus dibujos que en sus óleos”, según Moreno. Del uruguayo Torres-García se observa su búsqueda de un lenguaje universal, a través del constructivismo, en el que crea sus propios símbolos y signos. La exposición dedica una sección al surrealismo con un Julio González que ofrece su respuesta airada a la Guerra Civil española con un dibujo de una figura con peso y volumen en la que se nota la mano de un escultor como él, recordó la comisaria.

Además, el pintor Benjamín Palencia plasma una figura femenina desestructurada, al mismo tiempo una diosa del sexo y un personaje desmembrado en el que se observa la influencia de Picasso. Joan Miró ahonda en una iconografía propia. Por su parte, de Dalí está un dibujo preparatorio para un óleo del que forman parte elementos iconográficos del artista ampurdanés: el ciprés, para él un símbolo fálico, o los relojes blandos.

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