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Aquí la reflexión de la autora es vista desde los totalitaristas de derecha, como los de izquierda. “No sólo se trata de que las viejas generaciones de académicos tienen un resentimiento contra todas las nuevas disciplinas”. Lessing se refiere a las llamadas ‘ciencias blandas’, psicología, sociología, antropología social.
La autora también recuerda que los totalitarismos más funestos que ha padecido el hombre han sido los dos mil años de dominio de la iglesia cristiana, al lado de los cuales Hitler, Stalin o Bush, no serían más que niños traviesos. “Por la época de la Primera Guerra las iglesias perdieron fuerzas (…) se hallan infinitamente divididas y, aunque algunas de las sectas son totalitarias, no es posible que la iglesia domine toda una sociedad, como único árbitro de la conducta y del pensamiento”.
Estas cárceles que confinan al hombre en los tiempos que corren parecieran no abrigar ninguna esperanza. El libro deja un corolario: la sociedad es más capaz de observarse a sí misma, pero se siente impotente ante los escenarios de la crueldad. Lo que hace nuestra mano derecha no quiere saber lo que hace nuestra mano izquierda.