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Este lunes emprenderá un viaje a Bogotá para recoger todas las publicaciones que encargó sobre la nueva Miss Colombia para añadirlas a su colección de hace 30 años.
Tiene el vago recuerdo de una niñez en que recortaba las imágenes de las mujeres más bonitas del país y la certeza de que un día del 76, en la época en que la caleña Aura María Mojica se coronaba como reina, formó un vasto repertorio con el que se preguntó: ¿esto para dónde va? Hizo conciencia del material que albergaba cuando la menuda figura de Nini Johanna Soto y las historias que se tejían a su alrededor ya ocupaban un lugar de su casa en Gachetá. Eran los 80 y Luis Herrera Urrego comenzaría de manera metódica y meticulosa su colección sobre el Concurso Nacional de la Belleza.
Abre la puerta un hombre de gafas, quien, medio nervioso, medio extasiado, ha llenado el piso de su sala y comedor de revistas de distintos años, algunas más descoloridas que otras, como comprobantes de que ha dedicado toda una vida a acompañarse de rostros de las señoritas Colombia. Varios son conocidos; otros, inalcanzables. Aquí ni siquiera está la mitad de lo que tengo.
El fervor, que le ha hecho conseguir alrededor de tres mil elementos referentes al mundo de las coronas y los puntajes, ha sido el aliciente para que cada tanto recorra en bus las tres horas que separan a Gachetá, el pueblo donde vive desde que nació, de Bogotá. “Los encargos se los hago a Don Carlos desde hace cinco años. Él recibe periódicos de todo el país y yo paso por ellos a la cigarrería de la 63 con 17. Por tradición ya se sabe que desde octubre empiezan a hacerse las menciones”.
Luis Herrera tiene una colección sobre el Palacio de Justicia. Otra sobre Armero, el papa Juan Pablo II, una más acerca de los eventos deportivos en el exterior. También atesora recortes alusivos a los presidentes colombianos y a los asesinatos de Álvaro Gómez y Luis Carlos Galán. Dice que tal vez es una pasión producto de sus años como bibliotecario, pero, lo admite con picardía, la colección de sus reinas es la más íntima que posee. Nadie la toca. Sólo diez personas, diferentes a su familia, han podido verla. La protege del sol, del aire, del deterioro. Limpia cada una de las revistas con un trapo con agua cuando, raramente, las exhibe y las marca en las páginas interiores. Las clasifica hasta el punto de elaborar un inventario, en el que hay videos, grabaciones, estampillas de Luz Marina Zuluaga y Vanessa Alexandra Mendoza —todavía tiene pendiente la compra de las de Teresa Pizarro de Angulo— y, por supuesto, autógrafos y fotografías.
Una vez Catalina Acosta fue a su casa. Estuvo allí porque Luis Herrera, además, organiza el reinado de su municipio y la invitó como jurado. Ya la había visto en el desfile, ya ella le había dicho que debía ponerse firme cuando sonaba el himno nacional y ya la tenía ahí, tan cerquita como había deseado. Siempre existe la posibilidad de conocerlas. Por eso, aunque sólo podría ser un hobbie, he tenido mucha suerte al hacerlo real.
Real como la correspondencia que mantenía con Claudia Helena Vásquez después de conocerla en el 97, una belleza antioqueña que le impactó por su carisma y a la que incluyó en su lista de favoritas, de la que no forma parte Tatiana Castro.
La primera vez que Luis Herrera asistió a Cartagena —siete veces ha estado— fue en 2004 y se tomó fotos con Carolina Cruz y Adriana Tarud. Repitió al siguiente año para ingresar a la sede del concurso. Una de las deudas que tiene consigo mismo es conocer a Luz Marina Zuluaga, la única Miss Universo colombiana, con quien ha hablado en dos ocasiones y espera visitar en Manizales.
Su mamá jamás concibió que aquel niño que nació un 18 de febrero, amante de la música y el baile, terminaría adjuntando un prontuario de mujeres de papel. Es más, piensa que algún día no habrá suficiente espacio para ellas, pero estará junto a él esta noche para ver si alguna de sus apuestas: Huila, Magdalena o Cundinamarca, gana. Ella sabe que yo llego aquí con más o menos $20.000 de prensa. El año me cuesta aproximadamente $200.000. Hay un gusto por todas estas mujeres que aspiran a ser reinas, a unas les va bien, a otras no tanto. Asumir ese rol no es fácil. Me parece que esas viejas son muy berracas y tienen mucha personalidad para hacer todo eso. Ser reina es un sacrificio.
Es tan grande esa admiración que no sólo recopila el desempeño de las reinas en Cartagena, sino que sigue, paso a paso, el desenvolvimiento de la ganadora, mucho tiempo después de haberle sido otorgada la corona. Si se casó, si tuvo hijos o si las críticas son favorables o no en Miss Universo. Todo.
El 90% de lo que tengo es compra mía. Si alguna revista me faltó llamo al medio y consigno para que me la envíen por correo. Pero deben estar. Es algo muy riguroso y parte importante de mi vida. En noviembre estoy en furor.
Para tratar de condensar su colección, los 30 años de su búsqueda, Luis Herrera elaboró un álbum de 50 por 70 cm con sólo recortes de periódicos. Veinte hojas por año en las que están resumidos los detalles más profundos sobre ese infinito mundo de belleza que ha marcado su existencia.