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La historia cuenta que el primer Festival de Cannes vivió días de guerra. Era 1939 y después de la proyección del filme de inauguración, el evento fue cancelado. Días más tarde Francia le declaraba la guerra a la Alemania nazi.
En la edición 75 del festival, en pleno siglo 21, cuando Europa pensaba que ya había superado invasiones y conflictos bélicos, en la fiesta del cine se siente la zozobra que conlleva una guerra que se desarrolla a apenas escasas horas y unos cuantos kilómetros de la Riviera francesa.
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De alguna manera el Festival de Cannes tenía que mostrar su apoyo a Ucraina, la nación invadida. Hace varias semanas había anunciado que no permitirían la participación de delegaciones y medios de comunicación rusos afines al régimen de Vladimir Putin, aunque se sabe que uno de los filmes en la competición por la Palma de Oro, Tchaikovsky’s Wife (del director disidente Kirill Serebrennikov) tuvo financiación de un oligarca ruso afín a Putin.
Sin embargo la organización del festival daría una muestra definitiva de posición y apoyo en la gala inaugural al establecer contacto con el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky quien se dirigió al público durante unos cinco minutos.
La sorpresa en el Teatro Lumière, donde se celebra la inauguración, dio paso a una ovación con la aparición de Zelensky en la inmensa pantalla. El actor de profesión convertido en mandatario de su país recordó que con El Gran Dictador (1940) Charles Chaplin puso en evidencia a Adolf Hitler en plena Segunda Guerra Mundial.
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“Aunque no destruyó al dictador verdadero, gracias a esa película el cine no guardó silencio”, afirmó Zelensky, luego lanzando la pregunta de si en estos momentos de tanto sufrimiento para el pueblo ucraniano el cine se silenciará o por el contrario hablará de lo que está sucediendo, apelando a la unidad ante el peligro que corre la libertad.
“Necesitamos un nuevo Chaplin que pruebe que en nuestra época el cine no guardará silencio”, aseveró el presidente ucraniano quien concluiría su intervención con un esperanzador mensaje que generó sonoros aplausos y hasta lágrimas en algunos asistentes: “Ganaremos esta guerra. ¡Gloria a Ucraina!”.
Ahora más que nunca nos preguntamos qué rol juega el cine en nuestras vidas. Durante la pandemia vimos más películas que nunca, prácticamente el cine nos salvó de la abulia, de la soledad y hasta a muchos nos ayudó a mantener a raya nuestro maltrecho equilibrio mental.
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Resulta pues muy pertinente la pregunta con la que Virginie Efira, actriz y presentadora de la gala, abría su monólogo: “¿puede el cine cambiar el mundo?”
Quizás el cine no cambie por completo a las sociedades, pero puede que tal como lo hizo Chaplin en su momento nos ayude a ponernos del lado correcto de la historia.