Algún día habrá fútbol en otros planetas, y la FIFA estará presente para organizar campeonatos interplanetarios.
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Joseph Blatter
Desde que hay FIFA, 21 de mayo de 1904, hay polémica y corrupción. Ya son 22 mundiales de fútbol los que han convertido a esta entidad en una de las más influyentes del planeta Tierra. La FIFA es sinónimo de polémicas por sus extraordinarios tentáculos para apropiarse de todo cuanto huela a fútbol amateur, profesional, de sala o femenino. Polémica por sus decisiones complejas y que constituyen dilemas éticos que han derivado en líos jurídicos, económicos, sociales, políticos y hasta publicitarios.
La FIFA es sinónimo de corrupción porque en estos 119 años, la humanidad entera ha asistido a múltiples informaciones sobre lo que acontece internamente en esta entidad que, se dice, tiene más poder y dinero que todos los países juntos. Basta leer el epígrafe de esta columna para entender las dimensiones de lo que concibe uno de sus expresidentes sobre la FIFA, esa entidad universal salpicada por escándalos sonoros que, al parecer, no tiene límites.
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Desde 1930 (Uruguay) hasta 2022 (Qatar) tenemos noticias de 22 mundiales que paralizaron al mundo. El primero se jugó con 13 equipos y el próximo, en 2026, tendrá 42 equipos en disputa. ¿42? Es un número extraño para un Mundial porque, entonces, ¿qué sentido tienen las eliminatorias en cada uno de los continentes? En el Mundial de Qatar vimos decisiones tan extrañas como llevarlo a cabo en el mes de diciembre. Inaudito, por decir lo menos. Las eliminatorias de la Conmebol comienzan en este 2023, pero van a clasificar seis equipos y habrá un repechaje para el séptimo, es decir, clasificaremos al Mundial casi todos. ¿Alguien le ha visto algún beneficio deportivo a esta decisión?
El Mundial ya no durará un mes y ello derivará en ingresos multidimensionados para las arcas de…
Quisiera encontrar razones de peso, del fútbol por el fútbol, de la belleza, de la estética, del arte, acerca de esta decisión en la que se advierte que estos mundiales se podrían hacer por invitación directa, como se hizo en Uruguay en 1930. Infantino no es ningún infante ingenuo, pero es tan obvia su intencionalidad que terminará su mandato más enriquecido y con ojos, manos y pies en la organización de torneos interplanetarios, entre robots, y con su corazón en el metaverso por la alegría de cobrar en criptomonedas por sus “servicios prestados”.
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La FIFA ha invadido todos los espacios y no dejará de hacerlo porque el fútbol, el que se juega hoy, ha entrado al mercado y convertido en oro todo lo que toca, pero a los jugadores, los aedos del espectáculo, los ha hecho trizas, los enriqueció, pero los deshumanizó. Por estas mismas razones, el mismo Blatter sostuvo que: “A través de las emociones positivas que genera el fútbol, la FIFA es más influyente que cualquier país del mundo y cualquier religión”. El fútbol fue contagiado por las decisiones fifáticas que terminarán en el metafútbol. ¡Que baje Dios y lo vea!
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