Paola San Martín (Bogotá, 1973) es una escritora cuya literatura vuela con unas alas extrañas mientras realiza malabares con universos de cristal. Sus personajes enfrentan retos complejos y caminan sobre la cuerda floja sin red, enfrentados a la desesperanza, al absurdo de la vida y a la violencia.
Sus metáforas permiten que convivan magia y realidad en una misma frase; por ejemplo, cuando escribe “la bicicleta extendió sus alas y se encaminó por los pentagramas del pasado para encontrar el recuerdo de aquella noche de amor”. Sus recursos estilísticos también funcionan como premisas que impulsan la trama y resumen la esencia de un personaje; valga mencionar esta descripción: “Nuestro querido y por siempre recordado trompetista había capturado por fin la melodía del infinito y de su propio universo”, lo cual acaba por definir la epifanía de su encuentro con la eternidad.
Dado que la autora prefiere los comentarios literarios a las anécdotas personales, que no siempre son del interés de los lectores, es preciso mencionar que sus autores preferidos son García Márquez, Maupassant, Balzac, Cervantes, Pirandello, Sciascia, Lampedusa, Cortázar, Borges, Dostoyevski, Poe y Bukowski.
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Y tal como Giuseppe Tomasi di Lampedusa —uno de sus autores predilectos, quien escribió El Gatopardo cuando tenía 58 años, a las puertas del ocaso—, San Martín nunca tuvo afán de llevar su obra a la letra de imprenta. De hecho, ha escrito varios libros de cuentos y este es el primero que publica. Por el contrario, en este ámbito actual, donde existen las facilidades para que todo mundo sea escritor, fotógrafo o pintor, ella prefirió la madurez y la paciencia a la inmediatez. Se dedicó a pulir sus escritos con esmero de orfebre hasta quedar satisfecha del resultado, ya que la experiencia de vida, los viajes y su afán de comunicar son el motor que impulsa su narrativa, cuyos relatos a veces rozan lo fantástico o incluso lo surrealista.
Desde muy niña, la autora fue una apasionada por todas las expresiones artísticas. Así que se sumergió durante años en los más diversos ámbitos creativos y culturales para empaparse de cuanto pudiera enriquecer su escritura. Siempre tuvo muy claro que su camino eran las letras y que las vivencias que la forjaron le permitieron dar una mirada distinta sobre las circunstancias que la rodeaban. A lo largo de su vida, ha sido promotora cultural, profesora de inglés e italiano y, sobre todo, aguda observadora de la naturaleza humana, pues considera que el fin último de su creatividad es que la gente lea más y conozca otros mundos.
Por eso, San Martín lanzó su libro de cuentos El ladrón de servilletas (Ediciones El Silencio) durante esta Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo).
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Por otra parte, en una de sus conferencias, Borges definió el libro como una extensión de la metáfora y la imaginación, y El ladrón de servilletas cumple con este planteamiento, pues en estos nueve relatos se perfilan personajes marginales al borde del delirio, cuyas historias se desarrollan, por ejemplo, en el lejano pasado de la Conquista, durante la erupción del volcán en Armero, a raíz de la metamorfosis de una chica en vampiro o en el año 2127, cuando el mundo ha sido devastado por la radiación solar, se consume una píldora que concede la inmortalidad y las máquinas acompañan al hombre en su infinito viaje a la soledad cumpliendo el papel de mascotas, mayordomos, secretarios, confidentes o amigos.
En el relato que da nombre al libro, un trompetista se obsesiona con una mujer, y la frase “dime que me amas como te amo hoy” le revela la futilidad de todas las cosas y los sentimientos, destinados a desaparecer. Así que pliega miles de rosas de papel y vuela a repartirlas a todos surcando los pentagramas del pasado, intentando recuperar el recuerdo de aquella noche de amor para poder entrar en el auditorio que reúne a vivos y muertos; es decir, para inmortalizar aquel momento e impedir que se disuelva en las arenas del tiempo.
Y dando un vistazo general al panorama de esta obra, poblada por delincuentes, una vampiresa vengadora, un indígena que dialoga con sus dioses muertos, un sobreviviente que encuentra las huellas de su pasado en medio de la tragedia, un ladrón acumulador que le enseña a su vecina el valor de cada objeto, una mujer que agoniza mientras conversa con su conciencia, un psiquiatra que descubre el sinsentido de la existencia y un grupo de amigos que buscan una cura contra la enfermedad mediante la buena mesa, quizás, en última instancia, el objetivo de la autora sea que podamos construir otros puentes y estructuras mentales que nos ayuden a ser un poco mejores seres humanos.
Estos nueve relatos invitan a conocer nuevos horizontes narrativos y personajes que enfrentan lo desconocido y la incertidumbre sin sospechar que lo sutil es la sombra de lo macizo.
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