“Ahora nos vamos, mañana volveremos”. Así gritaban ayer los cientos de españoles que después de ocupar las cercanías del Congreso de los Diputados con sus arengas y protestas se retiraron a la Puerta del Sol, plaza en donde desde el pasado 15 de mayo está el cambuche de “Los indignados”, ese grupo de ciudadanos que protestan en Madrid, Barcelona, Valencia y otras ciudades europeas por una democracia más justa.
Se hacen llamar indignados porque han sido abocados a indignarse. Porque han retomado el llamado de un hombre de 93 años, de origen francés, que en 2010 publicó un minúsculo libro titulado ¡Indignez vous! (¡Indignaos!), que lanzó un grito a la cabeza de muchos franceses y, tras ser traducido, se convirtió en el retumbar de un trombón que estrechó el corazón de muchos españoles.
Los indignados tienen su manifiesto. Uno escrito por Stéphane Hessel, un hombre de pelo cano que vivió otras décadas, que perteneció a la resistencia francesa contra los nazis y que en un libro publicado con modestia en una editorial independiente —que alcanza ya los tres millones de ejemplares vendidos— le dice a la gente joven: “Miren alrededor, encontrarán temas que justifiquen su indignación —hechos acerca del tratamiento de inmigrantes, de inmigrantes ilegales, de gitanos—. Encontrarán situaciones concretas que les llevan a fortalecer su acción ciudadana. ¡Busquen y encontrarán!”.
Con un tono discreto, casi ingenuo, este hombre que empieza su libro reconociendo que para él el final está cerca, intenta recordar aquellos principios que se erigieron después de los terribles avatares de la Segunda Guerra Mundial y que hicieron creer a los jóvenes de su época en una sociedad justa. Recuerda cómo desde Londres, en donde se unió al general De Gaulle en marzo de 1941, fue parte de un Consejo que luego, en 1944, redactaría un programa que ofrecía a la Francia liberada un grupo de principios y valores sobre los que se erigiría la moderna democracia de este país. “Se creaba un plan completo de salud nacional y seguridad social, apuntado a asegurar a todos los ciudadanos y ciudadanas los medios de subsistencia cuando sea que estén incapacitados para encontrar un trabajo; una jubilación que permitiera a los viejos trabajadores terminar sus días con dignidad”.
Pero estos tiempos son otros. Y Hessel no quiso morirse callado, indignado. Estos son tiempos en los que, como lo grita Benjamin Ball, de 26 años, uno de los jóvenes que desde Francia se han unido a las revueltas en España, “las democracias europeas han sido secuestradas por los mercados financieros”. Tiempos en los que como profesa José Luis Sampedro, el intelectual que escribió el prólogo del libro de Hessel en español: “El poder del dinero nunca había sido tan grande, insolente, egoísta con todos, desde sus propios siervos hasta las más altas esferas del Estado. Los bancos, privatizados, se preocupan en primer lugar de sus dividendos, y de los altísimos sueldos de sus dirigentes, pero no del interés general”. Es un momento muy particular, escribe Hessel, en donde la sociedad es una “sociedad de inmigrantes sin papeles, de expulsiones y sospechas… una sociedad donde se cuestiona la seguridad social y los planes de pensiones y salud nacionales… una sociedad donde los medios masivos están en manos de los ricos. Son cosas en las que nos habríamos negado a ceder si fuésemos los herederos verdaderos del Consejo Nacional de la Resistencia”.
Este señor, que fue uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y que por estos días conversa con el sociólogo Edgar Morin para escribir un nuevo libro en donde se explore cómo pasar de la indignación a la acción, invitó a los jóvenes a una insurrección pacífica, una insinuación que reventaría en las manifestaciones del M-15. “No esperaba participar en este despertar de los apartados de la sociedad y no siento un orgullo personal. Pero constato con mucha satisfacción que el mensaje que intenté transmitir ha recibido el apoyo de los jóvenes europeos”, explicó Hessel la semana pasada en una entrevista a la Agencia AFP, para luego añadir: “No me sorprende que la palabra ‘indignaos’ haya sacudido las cabezas: es una palabra muy política en el contexto actual. Los pueblos se sienten dirigidos de forma imperfecta por sus gobernantes y quieren una renovación de la democracia”.
“¿Es terrorismo o exasperación?”, pregunta en su corto manifiesto, “es necesario entender la violencia como la lamentable conclusión de situaciones inaceptables a las cuales los pueblos han sido sometidos”; responde y concluye: “No violencia: el camino que debemos aprender a seguir”.
El libro no está en Colombia aún, aunque casi todos los países europeos y hasta China han firmado contratos para publicarlo. Sin embargo, un PDF completo con el texto traducido al español circula por la web, teniendo así todos la oportunidad de leer las palabras de un hombre que sentencia en el final: “A todas las personas que harán el siglo XXI, les decimos con afecto: crear es resistir, resistir es crear”.
El libro de los indignados
La obra de Stéphane Hessel se ha convertido en el manifiesto de los cientos de jóvenes españoles que se han movilizado en contra de las pobrezas de la democracia actual.
Angélica Gallón Salazar
09 de junio de 2011 - 06:03 p. m.
PUBLICIDAD
Read more!
Read more!
Conoce más
Read more!
Read more!