El ocio del cine es negocio y la película de Óscar Campo careció de una estrategia de marketing efectiva. El contraejemplo es La Milagrosa, un filme que aparece hasta en la sopa y que incluso tuvo un placement (publicidad indirecta o por emplazamiento) en la pasada versión de Colombiamoda: el diseñador Carlos Valenzuela disfrazó a sus modelos con ropa holgada y barbas largas, un look cuidadosamente descuidado en alusión a la facha tragicómica del galán que protagoniza esa “respetuosa, objetiva y seria” superproducción sobre el “conflicto nacional”; la música de Juanes y Aterciopelados son parte de este combo de branding criollo, “sinergia” entre industrias del cine, moda y tragedia.
Yo soy otro tuvo reseñas favorables pero de nada sirvió la acogida que intentaron los críticos: inmune a la alquimia de lo light no circuló por las venas del “maravilloso mundo del arte y el espectáculo”. La película no fue píldora cultural, la protagonista no se encueró portada como Yidis, el director no tuvo el “buen registro” de Simón Brand, y le faltó un eslogan comprometido tipo: “un granito de arena para conseguir la paz que anhelamos todos los colombianos”. Yo soy otro confió —de manera bastante ingenua— en la madurez de su exhibidor: Cine Colombia, que aceptó mostrar un producto colombiano rechazado por otras empresas (Procinal y Cinemark).
En Bogotá, el pasado domingo, daban El ángel del acordeón a las 11 a.m. en Gran Estación, Escucha tu destino a la 1:45 p.m. en Avenida Chile, Súper Agente 86 a la 1:40 p.m. en Metrópolis y Wall E a las 10:30 p.m. en Portoalegre, pero de las 420 (sí, cuatrocientas veinte) funciones de Cine Colombia programadas para ese día, nada, ni una sola, era para Yo soy otro, ni un espacio discreto, insólito, arriesgado, cercano al carácter de la obra de Campo y a la audiencia que busca este extraño tipo de películas.
Cine Colombia mató el tigre y se asustó con la piel (y pronto la botó a la basura); “Cineco”, la mascota de la empresa, un muñeco con dos puntitos como ojos, mira pero no ve: Batman, el caballero de la noche podría haber ayudado a Yo soy otro, ¡millonario enmascarado ayuda a pobre diablo! Cineco gana en good-will…
Si hay que buscar a un malo en esta película, Cineco, miope para el arte del cine, rechoncho de crispetas y codicia, está a la altura del papel.
* Profesor Universidad de los Andes