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El milagro detrás de las cuerdas

El músico israelí con nacionalidad norteamericana interpreta un Stradivarius de 1714 que perteneció al reconocido Yehudi Menuhin, el violinista más importante de la segunda mitad del siglo XX.

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Juan Carlos Piedrahíta B.
12 de febrero de 2011 - 01:24 a. m.
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En la música siempre está Itzhak Perlman. En la banda sonora de la película La lista de Schindler, en las enseñanzas musicales para niños de Plaza Sésamo, en las más importantes grabaciones del Juilliard String Quartet, en el show de David Letterman y en los homenajes políticos en la Casa Blanca. Ahí está Perlman y la razón es sencilla: él es uno de los violinistas contemporáneos más importantes de la música clásica.

Durante su niñez, este violinista tuvo polio, lo que le trajo consecuencias como movilizarse con muletas, pero también le dio la oportunidad de ver y entender su música desde otra perspectiva. Itzhak Perlman por lo general ofrece sus recitales como solista sentado y desde su silla ha cautivado a los auditorios más exigentes de Oriente y Occidente.

Pocos, en realidad, se resisten a escucharlo y así ha sido desde sus años de formación tanto en la Academia de Música de Tel Aviv como en la Escuela de Música de Julliard.

Una de sus grandes maestras fue Dorothy DeLay. Incluso, usted la reemplazó en sus labores en la Escuela de Música de Julliard… ¿qué representa ella en su carrera como violinista?

Fue una gran maestra. Ella básicamente me enseñó mucho, no sólo sobre la música sino sobre el aprendizaje. La manera como ella me enseñó compromete no sólo al maestro a que le dé órdenes al estudiante, sino a que el estudiante piense realmente en lo que hace y cómo lo hace. En ese aprendizaje ella fue una gran influencia en mi vida musical.

¿De qué manera su labor docente influye en su carrera como concertista?

Sí ha sido absolutamente significativa. Cuando enseño a mis propios estudiantes les insisto en la importancia de esa autoobservación. Uno como músico debe actuar y escuchar de cierta manera y la enseñanza es útil para perfeccionar las funciones como intérprete de un instrumento.

¿Qué recuerda de los años de estudio en la Academia de Música de Tel Aviv?

En la Academia de Tel Aviv tuve otro tipo de maestra muy diferente a Dorothy DeLay. Ella era rusa y tenía ese estilo estricto muy acorde con las viejas maneras. Recuerdo que ella me decía que debía hacer mucho énfasis en la mano izquierda y cuando le dije que viajaría a los Estados Unidos me dijo: ‘Trabajarás mucho en tu mano derecha. Yo ya lo he hecho suficientemente en tu mano izquierda’. Esa maestra también fue muy buena y la experiencia con ella fue maravillosa.

¿Desde esos años de aprendizaje su sentimiento por la música ha sido el mismo?

Claro, uno siempre cambia a medida que pasa el tiempo. Espero que así sea. Si soy igual con mis 65 que a mis 20, algo andaría mal. Seguramente tengo mejor oído, tiene que ver con cómo uno es capaz de escucharse, lo que representa mucho más que la acción de tocar el instrumento. Siempre les digo a mis estudiantes: tocar el instrumento deja de ser un asunto importante y una vez uno se relaciona con él comienza a pensar en la forma en la que uno se refiere a la música.

Usted ha ofrecido conciertos en Oriente y en Occidente, en sectores del mundo muy desarrollados y en escenarios de países en conflicto… ¿significa lo mismo para un artista presentarse en uno u otro país?

Una gran cosa sobre la música es que tiene un lenguaje universal. No importa el idioma o las razones políticas, la música le llega a todo el mundo. Me parece que la música es el mejor embajador para cualquier país. Si estoy en Oriente Medio, en los Estados Unidos o en Suramérica, cuando la gente oye la música hay un sentimiento común y la reacción es similar.

Usted ha participado en bandas sonoras tan importantes como ‘La lista de Schindler’ y ‘Memorias de una geisha’… ¿cómo ha sido esa experiencia cinematográfica para usted?


Estas dos cintas las musicalizó la misma persona. El compositor es John Williams y él es para mí uno de los más grandes músicos. Me siento muy cómodo interpretando su música con mi estilo de tocar el violín. Es un estilo romántico y creo que su música encaja muy bien con mi estilo, así tenga ese propósito o no. Yo con las composiciones de Williams no siento que deba hacer un gran esfuerzo para adaptarme a sus partituras.

Sus discos sobre la obra de Niccoló Paganini (1782-1840) han sido muy exitosos… ¿qué encuentra usted en este compositor que le ha producido tanta satisfacción?

No siento que tenga una gran afinidad con Paganini. Sin embargo, creo que es uno de los violinistas más famosos que escribió música para su instrumento, lo que es una gran diferencia con cualquier otro compositor. Él necesitaba tocar su música y la sentía en su violín. Hay otros autores que me gusta tocar más, pero Paganini es un compositor violinista, en contraste con alguien que compone para violín pero no lo interpreta.

Joshua Bell, Itzhak Perlman y Robert McDuffy son tres de los violinistas más importantes del momento… ¿Se siente usted un ejemplo para toda la generación de jóvenes intérpretes?

Creo que hay grandes violinistas jóvenes que están saliendo adelante. Hoy el nivel es muy alto. No creo que yo tenga compromiso más allá que con la música. Hay grandes jóvenes talentos dándose a conocer y eso me llena de orgullo. Estoy muy interesado en que nuestro arte sea apreciado en todo el mundo.

 Usted toca un violín Stradivarius de 1714, que perteneció al reconocido artista Yehudi Menuhin (1916-1999)…. ¿cómo llega ese instrumento a sus manos?

En mis 20 años tuve la oportunidad de tocar este violín cuando estaba visitando a Menuhin. Recuerdo que le pregunté cuál violín estaba tocando y cuando me lo mostro le pedí que me lo dejara tocar. Luego, cuando lo tuve en mis manos sentí que era el instrumento más increíble y durante muchos años estuve esperando y siguiéndolo para saber cuándo Menuhin quería venderlo. Ya cuando se presentó la oportunidad pude comprarlo.

Arnaud Sussman, un violinista francés muy joven, habla del carácter del violín y de que cada instrumento tiene su personalidad… ¿usted está de acuerdo con esa opinión?

Los Stradivarius tienen una personalidad muy soprano, una calidad opuesta al violín Stainer que tiene una calidad más oscura. Además, tienen formas distintas de tocarse. Hay violinistas que prefieren el Stradivarius, mientras otros prefieren tocar en un Stainer. A mí me gustan ambos, pero lo que debo decir es que cuando el Stradivarius es bueno, es lo máximo y le permite hacer al artista lo que quiera.

La postura para tocar el violín es contranatura… ¿ese esfuerzo durante tantos años le ha significado alguna lesión física?

La verdad es que uno se acostumbra a hacerlo desde niño... pero estoy de acuerdo, es muy incómodo tocar violín. Aunque cualquier cosa que uno quiere hacer bien, es difícil. Si uno lo toca correctamente en la posición será más fácil obtener lo mejor de él. Pero ser pianista es más cómodo físicamente y más natural también.

Usted ha tocado con personajes como Yo Yo Ma y Daniel Barenboim… ¿qué ha aprendido de ellos?


Es fantástico, porque además del hecho de respetar mucho sus trabajos, está también el encontrar un lenguaje común. Cuando tocamos juntos es una lengua común y no hay necesidad de decir nada. Uno sólo lo dice a través de la música y siempre se llega a un lugar de encuentro. Es divertido y es maravilloso compartir escenario con personajes como ellos.

Usted ha participado en ‘The Tonight Show’, en ‘Plaza Sésamo’ y ‘El Show de David Letterman’, entre muchos programas de televisión… ¿le gusta la sensación de verse tocar en televisión?

Yo creo que cada vez que un intérprete o la música aparecen en un programa que no es sobre eso, es muy bueno porque está acercando a más personas a la música clásica.

¿Cuál será el repertorio de sus presentaciones en Colombia?

Interpretaré un recital de violín y piano con algunas sonatas de Mozart y Beethoven. Luego improvisaré algunas piezas cortas para mi instrumento. Yo siempre selecciono un programa que me gustaría escuchar si yo fuera parte del público.

Teatro Julio Mario Santo Domingo. Calle 170 Nº 67-51. Martes 15 y miércoles 16 de febrero a las 8 p.m. Informes y boletería: 593 6300 y www.tuboleta.com.

Rohan de Silva acompañará a Itzhak Perlman

Este pianista nacido en Sri Lanka aprendió a tocar su instrumento a temprana edad. De hecho, su madre fue su primera maestra. Luego pasó seis años en la Real Academia de Música de Londres, donde recibió lecciones de maestros como Hamish Milne, Sydney Griller y Wilfred Parry.

Sus estudios lo llevaron a obtener varios reconocimientos. En 1992, por ejemplo, fue nombrado miembro honorario de la Real Academia de la Música. Pero su virtuosismo se proyectó en el mundo cuando Rohan de Silva empezó a tocar en compañía de grandes del violín como Itzhak Perlman, Cho-Liang Lin, Midori, Joshua Bell y Benny Kim.

Entre 2000 y 2001 se convirtió en integrante del Programa de Música Perlamn en Long Island y más recientemente se unió a la Academia de Música Ishikawa, en Japón, en donde dicta lecciones de piano.

Los sonidos únicos de Silva en el piano acompañarán a Itzhak Perlman en sus dos presentaciones en Bogotá.

Por Juan Carlos Piedrahíta B.

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