El muy barranquillero médico y escritor Julio Mario Llinás Ardila

Charla con un experto en la la salud de Colombia, en las frases médicas en "Cien años de soledad", en poesía y ahora dedicado a la astronomía.

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Julio Olaciregui * / Especial para El Espectador
03 de septiembre de 2018 - 02:39 p. m.
Julio Mario Llinás Ardila, además de escritor, es el presidente del capítulo Atlántico de la Academia Nacional de Medicina. / Cortesía
Julio Mario Llinás Ardila, además de escritor, es el presidente del capítulo Atlántico de la Academia Nacional de Medicina. / Cortesía
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Julio Mario Llinás Ardila se considera ante todo médico. Y elucubrador “muy barranquillero”, al estilo Nelson Pinedo cantando en La Habana. Dice que desde joven se le ha dado por escribir. “Nací poeta”. Nació hace 84 años en el barrio Chiquinquirá y se regó en el Centro de la ciudad. Su padre tenía una finca en lo que hoy es el barrio La Alboraya. “Vendíamos leche, de eso vivíamos”, cuenta.

De pelao escuchaba la orquesta Casino La Playa….

Su libro de cuentos y poemas Mal de amor y bicho seco lo ha hecho célebre en el medio literario currambero. Y sus otros escritos, científicos e históricos, le han ganado un destacado lugar entre sus colegas, llevándolo, con todos los méritos de su formación y experiencia, a la Academia Nacional de Medicina, de cuyo capítulo Atlántico es el actual presidente.

Médico ginecólogo y escritor,  ahora en mi imaginario forma parte del panteón en el que están Rabelais, Anton Chejov, Louis-Ferdinand Celine, Manuel y Juan Zapata Olivella, Pío Baroja, Javier Burgos Cantor y Octavio Escobar Giraldo. Gente que cura y escribe. El estetoscopio y la pluma. La sanación y el delirio poético. (Le puede interesar: ¿De dónde somos, para dónde vamos?).

Es buen conversador y en sus palabras sencillas, siempre con mucho humor, se nota que conoce muchos aspectos de la condición humana.

Se refiere a los temas trascendentales médicos que nos afectan aquí y ahora: la ley y la ética médica: “no debe haber intermediarios entre el paciente y el médico”. Es un crítico indignado de la Ley 100, promulgada en la época del presidente Gaviria con la ponencia de Álvaro Uribe, que condujo a la creación de las EPS .

“Fuimos coautores de la Ley 23 de Ética Médica y la creación de los Tribunales de ética (…) con nuestro aporte en la redacción de ella; lo fundamental es que el médico no debe ejercer a través de otra persona que lo explote económica o políticamente, y además  que los profesionales no pueden ejercer a través de intermediarios entre él y el  paciente, como las EPS”.

“La Ley 100 es ilegal porque es posterior a la Ley 23 e inconstitucional por coartar el derecho al trabajo”, explica.

Otra cosa que le revuelve la sangre y lo horroriza es el hacinamiento en las cárceles, “viveros de crímenes y más enfermedades, sida y tuberculosis.  Nadie hace nada por los presos”.

Desde que era estudiante de medicina en Bogotá comenzó a palpar la crisis de la salud en Colombia.

“Crisis de la salud por cuenta de los gobiernos, menosprecian al cuerpo médico”. Cuestiona también el abandono de los hospitales públicos y los asilos de locos. “El aumento de los pacientes psiquiátricos es un cipote negocio, la salud mental es difícil de manejar”.

Otros temas que le preocupan: la drogadicción… “es un problema mundial, tal vez de origen psiquiátrico, ¿por qué la gente se droga, hay que afrontarlo como médico”.

Me habla de la virología –“se descubren una cantidad de virus, en todo el mundo, son virus mutantes”… También toca el tema de la obesidad y el sedentarismo, “el hombre come mucho, camina poco y se la pasa viendo televisión. La comodidad lleva a la falta de aventuras”.

Conocí al doctor Llinás en el Conversatorio de Filosofía de la Universidad del Atlántico, cuando se reunía los lunes, a la hora de la vespertina, en el teatro Amira de la Rosa.

“Siempre estudié con Jesuitas, filosofía escolástica. Hay materias que se vuelven odiosas por la forma como se nos tratan de inculcar. Mucho después, aquí en Barranquilla, comencé a asistir al Conversatorio Filosófico de la misma Universidad – me hizo ver que la filosofía es algo más humano. Estuve asistiendo a esas charlas durante 25 años. Ahora he dejado de ir. Conocí allí a gente como Numas Armando Gil, Martín Orozco, Rafael Mazenett… me enseñaron a pensar, a no tragar entero”, cuenta.

Una de esas noches el doctor Llinás me regaló su libro de ficción Mal de amor y bicho seco, cuentos en su mayoría eróticos que evocan sus aventuras en los años de estudiante de medicina en Bogotá.

“Desde niño quise ser médico…nunca tuve intención de ser algo más que un médico, pero… Siempre ha tenido esa inquietud por comprender el cosmos, y ahora ya  mayor se dedica a sus pasiones: comprender el sistema solar, el origen de la vida, del universo. También nuestra historia: los mocanaes (los mocaná), Simón Bolívar y otros personajes como Tomás Cipriano de Mosquera y el almirante Padilla, el general Juan José Nieto, el autor de Ingermina…

En su charla reaparecen las calles de nuestra vieja Barranquilla, la medicina en todas sus formas, sus posiciones éticas, su pasión por la astronomía y la historia, su dedicación al saber.

Anoto sus frases en mi libreta. “Todo nos llega tarde, hasta la muerte”, ese verso es de Julio Flores ¿cierto?  Cita a Rafael Pombo también… le gustan los autores que ponen en tela de juicio la religión.  “La religión es mitología”, afirma.

Habla de los personajes que admira. “El físico Stephen Hawkins es determinante para mí. Otro personaje es Ben Barres, nació mujer, médico neurobiólogo, estudió en Harvard, se sintió hombre, se declaró “hombre” a los 43 años. Por ser mujer (Bárbara se llamaba) lo discriminaban y lo ignoran. Un caso interesante, estimulante. Descubrió cuál es la utilidad de la sustancia gris del cerebro…murió de cáncer de páncreas en noviembre  del año pasado, duró ocho años peleando contra la enfermedad.

También admiro mucho al médico barranquillero Salomón Hakim, han debido darle el premio Nobel de medicina, inventó con ayuda de un hijo suyo ingeniero las válvulas para drenar el líquido céfalo raquídeo de las hidrocefalias y disminuir la presión sobre el cerebro”.

Llinás  Ardila dice que la muerte le está soplando detrás de la oreja…”Los seres humanos, a pesar de todas las  condiciones adversas posibles por la que pueda estar pasando, siempre aman la vida (…) los ancianos no desean morir, están amañados con la vida”…”

Soy elucubrador.. “Yo nací poeta/ Me inventé otros mundos/ Y otros soles/ Solo con la furia loca de la imaginación/ No cejaré, no claudicaré/ Ni a la norma, ni a la ciencia, ni a la academia/ Y moriré feliz”.

“Toda mi vida he escrito versos, cartas de amor”. Se me daba por escribir… llevaba un diario: “Hacer un diario es echar una mirada hacia atrás, es desmenuzar la faena del día, vanagloriarse de los éxitos y tratar de corregir los errores” (VIII-17-1962).

Publiqué Periplo Médico número Uno… fundamos un periódico médico que duró 20 años, un récord. En Periplo Médico Número Dos recopilé muchos artículos míos sobre temas médicos y éticos.

En el Número tres – hablo de mis enfermedades,  me han dado tantas…para referirse al dolor de la Gota, “el dolor es exquisito, punzante, lacerante, pulsátil, horrible”. Me dio difteria, ya eso no da, me quemaron la garganta con Antiflogistina.

Cuenta su vida pública como secretario de Salud de Barranquilla.

Hice una antología de mis poemas y cuentos… Saqué Mal de amor y bicho seco… tú has hecho referencia a estos cuentos en  tu libro Pechiche Naturae… Escribí sobre la familia Llinás y sus médicos.

Me ha interesado reflexionar sobre temas como el motor social que fue la liberación femenina… El feminicidio es la impotencia del hombre ante la mujer, pura envidia de los hombres.

Hay enfermedades originales simpáticas… por ejemplo tengo dos tumores distintos en un solo órgano…"¿soy un record Guines?".

Escribe artículos médicos. Hizo un análisis de las frases médicas de Cien años de soledad… Sigo siendo médico,  aunque a veces cometo poesías… me lanzo en investigaciones científicas sobre los temas trascendentales que nos afectan.

"El cura de Malambo vendió el lugar donde hacían cerámicas…”, herencia indígena.

Fue uno de los fundadores de la Facultad de Medicina de la Universidad Libre de Barranquilla. Ahora se dedica a escribir y a mirar las estrellas desde la terraza de su residencia en Salgar. La astronomía es su “último embeleco”, dice.

Trata de comprender el cosmos, el sistema solar, el origen del universo, la vida. Me gusta la astronomía, sí.

Su otra pasión es la Historia. “Me gusta la Historia, pero me mortifican los embustes. Bolívar no estuvo en la Batalla de Boyacá, estaba en  Tunja y después  se fue para el Sur y nos dejó en manos de los españoles y tuvo que venir Padilla a liberarnos”

* Novelista y cuentista invitado. Fue corresponsal de El Espectador en París. Es autor de los libros Vestido de bestia, Los domingos de Charito, Trapos al sol y Dionea. Su más reciente novela es Pechiche naturae (Collage Editores).

Por Julio Olaciregui * / Especial para El Espectador

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