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El Pacífico es puro ingenio

Durante cinco noches la Unidad Deportiva Panamericana de Cali fue el escenario por el que desfilaron 44 propuestas musicales.

Juan Carlos Piedrahíta B./ Cali, Valle de Cauca

22 de septiembre de 2013 - 04:00 p. m.
El baile, una consecuencia lógica, pasional y artística de la música del Pacífico. / Fotos: Nelson Sierra
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Las cuatro modalidades del Festival Petronio Álvarez le subieron el volumen a Cali. Las rondas eliminatorias, que se realizaron durante dos noches en las que se presentaron las 44 agrupaciones en competencia, comenzaron como es costumbre con los violines caucanos, un segmento especial de la música del Pacífico al que se le quiere imprimir un nuevo aire convocando a los jóvenes a que se interesen por la interpretación de estos instrumentos algo rústicos y afinados de acuerdo con una escala más bien ancestral.

Diez grupos de violines caucanos pisaron la tarima ubicada en la Unidad Deportiva Panamericana de Cali. El encargado de romper con el silencio de la tarde y de ponerle punto final a las ceremonias protocolarias fue Palmeras, seguido por el conjunto Brisas de Mandiva, que cautivó con la interpretación joven y refrescante de su vocalista femenina. Ella, con frases como “si quiere bailar, amigo, póngale la mano al talle a su pareja, para que vea que sí se deja”, hizo batir los pañuelos blancos.

El formato instrumental más común dentro de la modalidad está determinado por uno o dos violines, voces, un contrabajo, maracas y un bombo y un platillo condensados en lo que se conoce en la región como batería. En esta oportunidad los tres finalistas en violines caucanos fueron Aires de Dominguillo, el grupo Palmeras, ambos representantes de Santander de Quilichao (Cauca), y Caña Brava La Toma Suárez, de la región de Suárez (Cauca).

Después de esta mirada contemporánea al empleo de las cuerdas en el Pacífico, se presentaron 14 grupos en la categoría marimba, una de las más tradicionales del evento y la cual ha adquirido mucha fuerza a raíz de la declaratoria de su sonido como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, otorgada por la Unesco, en 2010. Los pianos de la selva, con cununos y guasás, tuvieron intervenciones memorables, como la realizada por Amanecer Gapireño, grupo que efectuó una súplica por la paz de Colombia, con bandera en mano. La agrupación Tamafri, de Buenaventura (Valle), cuyo nombre es abreviatura de la expresión “tambores africanos”, rompió con lo establecido al echarse la bendición en público, aparecer con un rosario en escena y cantar a capela su tonada Qué bonita está la tumba. Los finalistas en esta modalidad fueron Bomcará, Fundación Folclórica Changó y Tamafri.

Los vientos, clarinetes y bombardinos tuvieron su oportunidad en la modalidad de chirimía, en la que fue notoria la comunión armónica entre la tradición africana y el sonido colombiano. Son Familia, de Istmina (Chocó), hizo un repaso de los abozaos de la región, así como los integrantes de Son Como Son, de Tutunendo (Chocó), quienes dejaron en claro que la música es un terreno apto para la creación y mostraron una arriesgada propuesta visual. Después apareció Sabrosura del Litoral, de Tadó (Chocó), y sus integrantes se dedicaron a hacer brillar el clarinete y el bombardino en un diálogo tan interesante como fluido. Su propuesta contrastó con la manera de abordar el formato instrumental que trajo el colectivo Chirimía del Río Napi, cuyo sonido se fundamenta en la ejecución de flautas de bejuco y tubos de PVC en la sección de vientos. El jurado determinó que los finalistas debían ser Rancho Aparte, Yurbatá y Chirimía del Río Napi.

La categoría libre, que es la ventana para darles visibilidad a iniciativas novedosas que parten de las manifestaciones del Pacífico, empezó con el grupo de Tumaco Canoa Son. Luego aparecieron sobre el escenario del festival agrupaciones como Afrotumbao, banda con sede en Bogotá; Papá Boccó, proyecto originario de Pereira; Phonocorica, fiel exponente del mestizaje urbano de Colombia, y Chonta Urbana, cuyo eje principal proviene de Guapi, Cauca. Los jueces se inclinaron por los sonidos de Chonta Urbana, Marimba Son y Arazá.

Invitados como Orange Hill Tipical Music Group, del archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina; el experimento musical de San Andrés de Tumaco, que basa su estructura en los alcances de la marimba; el Quinteto Pacífico, de Esteban Copete (nieto del compositor Petronio Álvarez); el concierto percutivo de Connection Tribal African Beat, del senegalés Mamour Ba, y la participación siempre grata de Bahía, comandada por Hugo Candelario González, fueron notas especiales dentro de este festival que emitió anoche su última nota.

 

 

jpiedrahita@elespectador.com

Por Juan Carlos Piedrahíta B./ Cali, Valle de Cauca

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