El Magazín Cultural

15 May 2018 - 9:55 p. m.

El Papa Francisco llegó a Cannes

Jorge Mario Bergoglio no paseó por la alfombra roja del Festival de Cannes. Eso se lo dejó a Wim Wenders, director de El Papa Francisco, un hombre de palabra, documental que cuenta de cómo el Sumo Pontífice argentino se ha empeñado en hacerle un makeover extremo a la Iglesia Católica.

Janina Pérez Arias

Una de las imágenes del documental sobre el Papa Francisco I, que se estrenó esta semana en el Festival de cine de Cannes.  / Cortesía
Una de las imágenes del documental sobre el Papa Francisco I, que se estrenó esta semana en el Festival de cine de Cannes. / Cortesía

El Papa te habla. Mira fijamente a la cámara, y sientes que se dirige a ti, sin importar que estés en una sala de cine con 200 o 300 personas más. El Papa te sonríe, te habla de cosas serias, o básicamente de los pilares de su gestión como máxima autoridad de la Iglesia Católica desde hace seis años.

En El Papa Francisco, un hombre de palabra, documental dirigido por el reputado cineasta alemán Wim Wenders, y que forma parte del programa de la sección Fuera de Competición del Festival de Cannes, toma pues la palabra el primer Sumo Pontífice proveniente del continente americano.

¿Que si este es el momento indicado para este documental? Absolutamente. No es un secreto que la Iglesia Católica se encuentra en una crisis, con pérdida de adeptos, salpicada por escándalos de pedofilia, además de las dificultades para renovarse. El mundo va muy rápido, y si no se producen cambios de raíz, el canto del cisne se hará ensordecedor en la Ciudad del Vaticano.

Cuando Jorge Mario Bergoglio fue elegido por el Cónclave, tomó el nombre de Francisco I en honor a San Francisco de Asís (1181-1226); el revolucionario del cristianismo, constituye una fuerte referencia en la gestión de Bergoglio, y entre ambos Wenders establece paralelismos.

Desde el principio está claro que el Papa argentino que hoy tiene 88 años, ha optado por el cambio, y en este documental el mismo Bergoglio explica en primera persona su hoja de ruta.

De la eterna dicotomía entre la pobreza y la riqueza, tiene mucho que decir. “La pobreza en el mundo es un escándalo”, plantea el problema. “Mientras haya una iglesia que ponga la esperanza en la riqueza, Jesús no está allí. Eso es una ONG”.

Wenders muestra a Francisco en plenas faenas; en las cárceles, donde con sus palabras hace llorar a los presos; visitando de sorpresa un campo de refugiados, donde le reciben con una ilusión que ni un político en campaña lograría; en escuelas, donde los niños le hacen preguntas. El Papa atraviesa el día y la noche en Europa, África y América. Tan frenético es su ritmo de trabajo, que hasta en los aviones ofrece conferencias de prensa.

Aboga tolerancia cero para los sacerdotes pedófilos. Defiende “la complementariedad y reciprocidad” entre hombres y mujeres (aunque no toca el candente tema del aborto y uso de anticonceptivos). Y se muestra tolerante hacia la homosexualidad, “¿quién soy yo para juzgar? No se deben menospreciar (a los homosexuales), y hay que insertarlos en la sociedad”, afirma.

Cuando el Papa habla directamente a la cámara lo hace en castellano. Sigue mirándote cuando se refiere a la importancia de la familia, de lo significativo que es jugar con los hijos, del ritmo de vida tan frenético, que “no hay tiempo para gozar la vida que es tan linda”.

En la juventud ve insatisfacción y desconformidad con respecto al mundo; en muchas personas observa que se niegan a reconocer el hecho de que todos vamos a morir.

Puede que Wim Wenders presente a Francisco como una mezcla de la Matrix, de oráculo, del pozo de la sabiduría y de sicólogo, pero también se nota la intención de humanizarlo, y de crear una empatía casi a prueba de balas.

El Papa no solamente predica sus preceptos cristianos, y es allí donde radica parte de su revolución. Es determinante frente al comercio de armas. Demanda más conciencia hacia la conservación del medio ambiente, desaprobando la “cultura del desgaste” (de los desechos). Condena la precariedad laboral, así como el desempleo, “no tener trabajo roba la dignidad”, sentencia. Y recuerda que no podemos ver como algo normal el sufrimiento de quienes han tenido que abandonar sus países de origen.

La maestría de Wim Wenders con las imágenes, y la gran habilidad de comunicación de Jorge Mario Bergoglio, hacen de El Papa Francisco, un hombre de palabra, un documental que cumple varias misiones importantes, entre ellas la corporativa.

En pleno siglo 21, se hace insostenible que la Iglesia Católica mantenga su antiguo status quo. Bergoglio lo sabe, y por eso está dispuesto a emprender la revolución.

 

 

 

 

 

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