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El patito feo que conquistó al mundo

Tras cumplirse 145 años de la ausencia del escritor Hans Christian Andersen, Panamericana Editorial publicó 10 de sus cuentos traducidos de las versiones originales, con la participación de importantes artistas nórdicos y latinoamericanos, quienes le rinden un homenaje al autor danés a través de sus ilustraciones.

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Elena Chafyrtth
30 de diciembre de 2020 - 02:00 a. m.
En este libro de cuentos de Hans Christian Andersen los lectores encontrarán historias clásicas como: “Patito feo” (ilustración), “El Lino”, “El ruiseñor”, “El soldadito de plomo”, “El traje nuevo del emperador”, “Cinco en una vaina de arvejas” y “La sirenita”.
En este libro de cuentos de Hans Christian Andersen los lectores encontrarán historias clásicas como: “Patito feo” (ilustración), “El Lino”, “El ruiseñor”, “El soldadito de plomo”, “El traje nuevo del emperador”, “Cinco en una vaina de arvejas” y “La sirenita”.
Foto: Carlos Manuel Díaz
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Acompañada de ilustraciones magníficas que desatarán diversas sensaciones, sin importar la edad por la que estemos atravesando, este viaje lleno de fantasía y ritmo mágico, que desde siempre caracterizó a Andersen, llevará a sus lectores a evocar y al mismo tiempo a disfrutar de aquellos momentos de la infancia. En este libro pasar de la felicidad a la crueldad y la maldad es una constante, pues en casi todos sus cuentos Andersen invita al lector a reflexionar, a enfrentarse a los miedos, a valorar nuestra imaginación y todo lo que podemos lograr al hacer uso de esta.

Cuentan que en un país muy, pero muy lejano nació un niñito con ojos saltones al que le pondrían por nombre Hans Christian Andersen, que llegó a sonreírle al mundo la madrugada gélida del 2 abril de 1805. Creció entre paredes estrechas y, en ocasiones, cuando sentía el rechazo de las personas, solía esconderse debajo de su cama, que tiempo atrás su padre había construido con los restos de un ataúd. Era feliz cuando se ofrecía a acompañarlo a trabajar, pues una vez terminaba sus labores como zapatero recibía de regalo las historias que su padre le contaba sin parar. Entonces, era en ese preciso momento cuando sus ojos grandes se iluminaban y se negaban a parpadear. Quería mantenerlos despiertos, atentos ante el rumbo que podría tener cada personaje. En las noches, cuando su madre se refugiaba en el licor, temeroso, se ocultaba en un altillo, prendía una vela y se devoraba los libros que allí encontraba.

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Eran pocos los momentos en los que le gustaba recorrer las calles. Aun así, se tomaba su tiempo para observar, le encantaba contemplar los gestos, las manías, el caminar de los otros, esos mismos que se encargaban de ignorarlo, de hundirlo más y más en la soledad. Se burlaban de sus brazos y piernas delgadas y desproporcionadas, se reían de su nariz gigante y puntiaguda. Pero él respondía a cada desprecio con una hiperbólica y dulce sonrisa. Cuando volvía a casa, su mente viajaba y era allí donde se convertía en el protagonista de su propio mundo, donde veía las flores más bellas, de todos los colores y todas las formas. Se tropezaba con hadas, gnomos, brujas y casi siempre se encontraba con una mujer que medía tan solo una pulgada, entonces el niñito hablaba, sonreía y peleaba con ella. No contento con esto, le contaría a un público entero sobre ella, luego la convertiría en cuento para volver a la Pulgarcita una mujer imposible de olvidar.Una mañana de invierno encontró a su padre muerto, un golpe que no pudo esquivar y lo dejaría con un vacío difícil de llenar. Esto lo llevaría a tomar la decisión de viajar a Copenhague a perseguir sus sueños: cantar, escribir, actuar y mil cosas más que desde niño pasaban por su mente ruidosa e impulsiva. Así fue como perteneció al Royal Theatre como cantante, pero luego de unos meses a aquel hombre que, aunque ya había crecido seguía con su alma intacta de niño, le cambió el tono en su voz y esto lo obligaría a renunciar a esta profesión.

En algunas ocasiones quiso desfallecer, dejar de intentar, sumergirse en un río y dejarse llevar por la corriente, pero en ese momento, en ese preciso instante, recordaba la frase que le dijo su padre antes de morir: “Primero debes sufrir antes de lograr algo meritorio”. Así que intentó con su segunda pasión, que era la escritura. Entonces, en las noches llenaba cada hoja en blanco, escribía poemas, obras de teatro y ya empezaba por este tiempo a darle vida al patito feo, un patito que se parecía mucho a él, lucía extraño a todos los demás, la gente lo veía de un color gris y pálido, pero en realidad era un patito lleno de vida y color puro. De cualquier forma, siguió dándoles vida a esos personajes que lo hacían olvidar a sus inalcanzables, crueles y fríos amores. Su primer amor fue Edvar Collin, un hombre que lo ilusionó por mucho tiempo y luego, por medio de una carta, le manifestó que debido a la condición social que los separaba, su amor era prácticamente imposible. El malestar y la frustración que le provocó leer estas palabras lo inspiraron para crear uno de sus cuentos más importantes, La sirenita.

Conocer o volver a leer la historia de aquella niña que es tan pobre que se gana la vida vendiendo fósforos y se niega a volver a casa por temor a la represión de su padre, es encontrarse con las derrotas y los momentos oscuros por los que hemos pasado en algún momento de la vida; un relato donde Andersen nos sumerge en la Dinamarca del siglo XIX. Por otro lado, esta serie de cuentos nos permite gozar de la tierna y amorosa historia que existe entre una pastora de porcelana y un pequeño deshollinador negro como el carbón. Luchando hasta el último momento por su amor nos da la sensación de sentirnos amados, así sea por unos cuantos minutos. Leer la historia del tan famoso patito feo, quien reflexionando sobre la vida afirma: “En realidad no importa el haber nacido en un corral de patos cuando uno proviene de un huevo de cisne”, es entender que caminamos y mientras lo hacemos muchas veces no entendemos que la magia y el poder no están en los demás, sino que existen en nosotros mismos.

Sobrevivió a cada golpe, aunque por su aspecto encorvado y su sonrisa tímida muchos creían que era frágil y débil. Pero Hans Christian Andersen era invencible, poderoso y con su escritura logró conquistar el corazón de sus lectores. Más aún al publicar sus novelas El improvisador y Solo un violinista consiguió el reconocimiento y el prestigio que anhelaba. Fue así como conquistó a la nobleza y pudo contar con el apoyo y la lealtad del escritor Charles Dickens. Aquel niñito que nunca dejó de serlo luchó una y mil veces hasta que consiguió brillar. Conquistó al mundo con su valentía, con su imaginación única, sobrevivió ante un mundo cruel y mezquino en el cual él siempre hizo la diferencia, con su gran sonrisa y su transparencia. Hasta el último de sus días creyó que era el patito más feo del mundo, pero fue el patito más simpático y original de todos los tiempos.

Por Elena Chafyrtth

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