Soy
lo gris contra lo gris. Mi vida
depende de copiar incansablemente
el color de la arena,
pero ese truco sutil
que me permite comer y burlar
enemigos
me ha deformado. He perdido la
simetría de los animales bellos, mis ojos
y mis narices
han virado hacia un mismo lado del
rostro. Soy un pequeño monstruo invisible tendido siempre sobre el lecho del mar.
Las breves anchovetas que pasan a mi lado creen que las devora
una agitación de arena y los grandes depredadores me rozan sin percibir mi miedo. El miedo circulará siempre en mi cuerpo como otra sangre. Mi cuerpo no es mucho. Soy una palada de órganos enterrados en la arena y los bordes imperceptibles de mi carne no están muy lejos.
A veces sueño que me expando
y ondulo como una llanura, sereno y sin
miedo, y más grande
que los más grandes. Yo soy entonces
toda la arena, todo el vasto fondo
marino.
***
José Watanabe: Fue una de las voces más propias entre los poetas peruanos del 70, una generación caracterizada por sus experimentos con el coloquialismo, su ruptura con la tradición poética peruana anterior a ellos, y su radicalismo ideológico. También llamado poeta sabio, Watanabe busca trascender en su poesía. De su padre, no sólo aprendió el control de las manifestaciones emocionales, que llama refrenamiento; sino también y sobre todo la forma poética del haiku, la expresión mejor lograda de la mirada oriental del mundo que, por los senderos del budismo zen y el taoísmo, busca a la naturaleza pura y real irradiando su misterio en cada observación.