23 Jun 2021 - 2:30 a. m.

“El refugio de los tocados”, el nuevo pódcast de literatura de El Espectador

En cada episodio, que se publicará un martes cada 15 días, el invitado elegirá una obra literaria que lo haya conmovido y, a partir de allí, se desprenderá una conversación sobre las razones por las que lo eligió: una exploración sobre el texto y el entrevistado.

En La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón, hay una frase: “Los libros son espejos: solo se ve en ellos lo que uno lleva dentro”, y a mí me gustó esa frase. Y supe de ella porque la encontré en Twitter, no porque haya leído el libro. La publicó una cuenta que acostumbra subir ese tipo de contenido que suelo preferir, pero que a veces me duele encontrar: la conmoción que me producen palabras como esas es fugaz. En mi cerebro ya está muy instalada esta dinámica de seguir y seguir moviendo el dedo para leer y leer más trinos de gente que, en su mayoría, desconozco, pero que sigo por alguna razón: otros periodistas, artistas, políticos, líderes de opinión, etc. ¿Y qué es lo que me disgusta? Resignarme a que me seguiré cruzando con ideas de escritores que tardaron años viviendo y pensando ideas que a mí, por un segundo, me moverán, pero no lo suficiente como para salir de mi vana búsqueda de recompensas inmediatas a través de una red social. Me quiero resistir, de alguna manera, a eso. El refugio de los tocados es, de hecho, una forma de resistirme a eso.

Le sugerimos escuchar el primer capítulo de El refugio de los tocados con Nicolás Montero: Lo que hubiésemos preferido no hacer - Una charla con Nicolás Montero

La frase de Ruiz la leí segundos después de terminar una novela que, según muchos, “era mala”, pero a mí me había traído el olor del incienso que prendía una tía que ya murió y me marcó mucho más de lo que creí, me había “encendido” las ganas de escribir para entender por qué me sentía tan dolida con mi pasado y me había hecho afanarme para llegar a mi casa y así seguir leyendo a ver qué otra cosa podía descubrir en esas líneas que me hablaban tan directamente. Me convencí entonces de que la frase de Ruiz era cierta, y de que tenía que seguir leyendo con más voracidad para, algún día, conocerme. Comprendí, además, que había tomado una buena decisión al leer la tal novela “mala”, y que extrañaba cada vez más aquellas conversaciones en las que se cuestionaban las ideas de lo bueno y lo malo en las artes y la vida. Entendí, también, que la literatura era la que siempre me conducía a esas conversaciones y que eran las ideas que de allí salían, las que realmente me habían hecho pensar y querer transformarme.

Escuche el primer capítulo de El refugio de los tocados acá:

Hay otra frase que me gusta y que tiene mucho que ver con el objetivo de este pódcast. La dijo Vivian Gornick y también la vi en Twitter: “Además del sexo, la forma de conexión más vital que existe es la conversación”. Y ahí entendí que ya tenía la idea para un nuevo proyecto que reunía los objetivos del Magazín cultural de El Espectador, el placer por conversar y sus saldos, la literatura, las frases que a mí (y estoy segura de que a muchos) me rompían y las redes. Spotify no es Twitter, pero sí está presente en casi todos los teléfonos de los que allí tenemos una cuenta, es decir, es un canal con el que (ojalá no ingenuamente) se intentará que, a partir de unas de esas frases, el dedito que sube y baja la pantalla se detenga. ¿Y por qué se detendría? Por la promesa de que esa frase saldrá de una conversación en la que no se hablará de otra cosa que no sea de la condición humana y de las miles de mentes que han intentado explicarla o, por lo menos, entenderla. Hablaremos de nosotros y de nuestras percepciones de la realidad, que son tan distintas y complejas.

En El refugio de los tocados no habrá expertos en literatura, sino aficionados a ella. No habrá un cuestionario con preguntas sobre la forma en la que las obras fueron escritas, sino una honesta curiosidad (a veces profunda, otras inquieta y otras, seguramente, torpe) sobre por qué aquel libro movió algo en el invitado. No será un espacio para preguntar por su intimidad, pero indudablemente mucho de eso quedará expuesto. Sí será, más bien, un lugar para, por un momento, ignorar el cargo del protagonista y así centrarnos en el ser humano: si es un político, por ejemplo, el foco lo pondremos en su intención por entenderse y entendernos, o en su afán por el “bien común” basado en la existencia y no en los números.

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Es también una invitación a que, durante 20 minutos, nos bajemos de este tren bala en el que, voluntariamente, nos subimos para no darnos cuenta de nada creyendo que nos daremos cuenta de todo. Un refugio, sí, para recogernos en nuestra fragilidad, que deliberadamente ignoramos para posar de genios o exitosos. Es un lugar para dejarnos arrastrar por esas frases que nos invitan a cuestionarnos y, con suerte, hacerlo. Cada 15 días algún político o alguna escritora o algún empresario, director de teatro, actriz o periodista contarán las razones por las que eligieron una obra en particular para hablar, y entonces hablarán, y de esa charla saldrán ideas sobre la vida, el bien, el mal, lo bueno, lo malo y el origen de esas palabras, que son inventos nuestros. Y habrá risas y evocaciones y nostalgia y un respeto absoluto por la palabra y todos aquellos que se han entregado a ella para pensar en algo más que el dinero, el éxito o el poder.

¡Bienvenidos!

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