El Magazín Cultural

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1 Oct 2021 - 2:00 a. m.

El salto de fe de Dostoievski

A propósito del bicentenario del natalicio del escritor ruso, que se cumple el próximo 11 de noviembre, hablamos sobre aspectos biográficos que determinaron su obra literaria.
Fernando Araújo Vélez

Fernando Araújo Vélez

Editor de Cultura
Fiódor Dostoievski pensaba que uno de los problemas de su tiempo era la muerte de Dios.
Fiódor Dostoievski pensaba que uno de los problemas de su tiempo era la muerte de Dios.
Foto: Getty Images

Dostoievski fue Raskolnikov mientras escribía Crimen y castigo, aunque su crimen no hubiera sido matar a una vieja usurera de un hachazo, sino haber leído en varias reuniones una carta que le había escrito el crítico Bielinsky a Gogol en la que atacaba el sistema social ruso y la religión, y haber puesto en tela de juicio una y otra vez la idea de que la cultura rusa provenía únicamente de Occidente, como lo afirmaba el zar. Como Raskolnikov, huyó de las fuerzas de inteligencia del zar, y huyendo, supo lo que era sentirse perseguido, hasta que lo apresaron, a mediados de 1849. Así, detenido, estuvo varios días con sus noches y sus desvelos, y ahí, como escribió muchos años más tarde en una de sus tantas biografías Henry Troyat, lo sentenciaron a la guillotina. Antes de morir, le comentó a otro preso que se le había ocurrido la trama para un cuento.

Se salvó de la muerte pocos minutos antes de que lo subieran al cadalso por una orden de indulto proferida por el zar y se lo llevaron a Siberia. Allá conoció lo más ruin y bajo de los humanos, él, que había escrito que todos los hombres tenían una conciencia que los podía salvar. Concluyó que aquellos hombres, aquellos asesinos y ladrones, no tenían ningún sentimiento de redención. Las humillaciones, la calle, la gente con la que se habían encontrado y con la que habían trabajado, el frío y, en fin, la vida del sentenciado, los habían condenado a la insensibilidad del perdón. Él escribió. Luego de pasar horas y horas en distintos trabajos forzados, “humillado y ofendido”, escribió. Tomó notas al margen sobre sus días y sus noches, y profundizó sobre la prisión, sobre su razón de ser y su finalidad, sobre el absurdo de pretender que un prisionero iba a salir redimido de aquel infierno.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual es editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas.Faraujo@elespectador.com
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