
Imagen de una de las cientos de representaciones de la ópera Nabucco, de Verdi, en el acto tres, llamado El coro de los esclavos. / Cortesía
Volaba el pensamiento, volaba la música, volaban los silencios, y Verdi era pensamiento, recuerdo, música, silencio, lucha, dolor, tragedia. Era mucho más que un cadáver metido en un ataúd, más que las decenas de noticias que ese día, 28 de enero de 1901, habían publicado los periódicos anunciando su muerte, más que el llanto de quienes iban acompañando el cortejo, y más, infinitamente más que los discursos de los políticos que esa tarde, y al día siguiente y durante semanas hablarían de su vida y su obra, porque Verdi, con su música,...
Por FERNANDO ARAÚJO VÉLEZ
Conoce más
Temas recomendados:
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación