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En su Libro de poemas, Federico García Lorca escribió: “Mi corazón reposa junto a la fuente fría”. El cuerpo de Lorca no ha sido encontrado. Las últimas noticias sobre su paradero sitúan sus restos muy cerca de Fuente Grande, un surtidor de agua que brota de las entrañas de la tierra, también conocida como la Fuente de las Lágrimas. Durante el mes de abril de 2015 salió a la luz, por primera vez, un documento oficial que señala a la dictadura franquista como responsable de la muerte del poeta granadino. Según el informe, García Lorca fue “enterrado muy a flor de tierra, en un barranco situado a unos kilómetros a la derecha de dicha Fuente Grande, en un lugar que se hace muy difícil de localizar”. El documento fue expedido el 9 de julio de 1965, a petición de una amiga del poeta, la hispanista y periodista francesa Marcelle Auclair. La periodista (autora de una biografía sobre él) quería investigar los detalles que rodearon su trágica muerte. Auclair solicitó información a la embajada española en Francia. Se trataba de un asunto incómodo para el régimen. La losa que pesaba sobre el asesinato del poeta fue removida, pero su amiga esperó inútilmente: jamás recibió una repuesta. La solicitud fue gestionada por la Jefatura Superior de Policía de Granada.
En el documento de dos páginas, mecanografiado por la tercera brigada regional de investigación social (casi veintinueve años después de su muerte), dice que García Lorca “fue sacado del Gobierno Civil por fuerzas dependientes del mismo y conducido en un coche al término de Víznar (Granada) y en las inmediaciones del lugar conocido como ‘Fuente Grande’, en unión de otro detenido cuyas circunstancias personales se desconocen, fue pasado por las armas después de haber confesado”. El informe no contiene los detalles de su supuesta confesión.
El crimen fue en Granada, como escribió Antonio Machado.
En noviembre de 1937, un corresponsal del diario argentino La Prensa entrevistó a Francisco Franco. El periodista, muy osado, le preguntó:
“—¿Han fusilado ustedes a escritores españoles de fama mundial?
—Se ha hablado mucho en el extranjero de un escritor granadino; se ha hablado mucho, porque los rojos han agitado este nombre como un señuelo de propaganda. (…) Ese escritor murió mezclado con los revoltosos; son los accidentes naturales de la guerra”, respondió Franco.
García Lorca no militaba en ningún partido político, pero estaba en el punto de mira de los conservadores, por su amistad con integrantes del partido comunista, por sus ideas libertarias y por sus frecuentes manifestaciones de repudio hacia la desigualdad social, patentes en sus declaraciones a la prensa, en su poesía y en sus obras de teatro. “El artista debe llorar y reír con su pueblo. Hay que dejar el ramo de azucenas y meterse en el fango hasta la cintura para ayudar a los que buscan las azucenas”, decía. Aquel verano de 1936, el poeta se encontraba en Madrid. La situación de la capital española era cada vez más compleja. Se advertían los primeros embates de la Guerra Civil. Según el testimonio de Antonio Rodríguez Espinosa, García Lorca le comentó: “Hay visos de tormenta y me voy a mi casa, donde no me alcancen los rayos”. Ese mismo día (13 de julio) abordó un tren en la estación de Atocha. Abandonó Madrid y partió rumbo a la Huerta de San Vicente, la casa de veraneo de la familia García Lorca en Granada.
El centro de Granada empezaba a estar dominado por las fuerzas falangistas. Poco a poco, la confusión, el terror y los disturbios se apropiaban también de la ciudad andaluza. Tras dos allanamientos violentos en la Huerta de San Vicente, la familia García Lorca empezó a temer lo peor. El poeta abandonó la residencia familiar para refugiarse en casa de los hermanos Rosales, amigos y conocidos falangistas. Se instaló en el segundo piso de la vivienda, una estancia independiente que ocupaba una tía de los hermanos Rosales. Ian Gibson, autor de una biografía del poeta, describe su rutina durante estos días: “Federico pasaba el día interpretando canciones populares en el viejo Pleyel instalado en el piso de la tía Luisa, narrándoles a ésta y a las dos Esperanzas anécdotas y episodios de sus estancias en Nueva York, Cuba o Buenos Aires, y leyendo vorazmente Ideal (…). Y dedicaba parte del tiempo a escribir, aunque no sabemos qué”. Lorca y su familia pensaron que su amistad con los hermanos Rosales podría salvarlo de represalias. No fue así. Una semana después de su llegada, lo apresaron. El informe dice que la casa fue rodeada por un “desproporcionado despliegue de fuerzas que procedieron a la detención del poeta”. También dice que García Lorca “estaba tildado de prácticas de homosexualismo, aberración que llegó a ser ‘vox pópuli’, pero lo cierto es que no hay antecedentes de ningún caso concreto en tal sentido”.
Querían matar la luz de España, como escribió Pablo Neruda.
El poeta fue trasladado al Gobierno Civil de Granada. Posteriormente fue recluido en una cárcel improvisada del pueblo de Víznar y, finalmente, conducido por un camino de muerte. Probablemente eran las 4:45 de aquella madrugada de agosto de 1936. En el camino que va de Víznar a Alfacar pusieron fin a su vida. Uno de los testigos entrevistados por Gibson dijo que García Lorca “llevaba un pantalón gris oscuro, una camisa blanca con el cuello desabrochado, una corbata de lazo o sin anudar y, al brazo, una americana.” Según la investigación del hispanista de origen irlandés, ese mismo día, un miembro de la “Escuadra Negra” se presentó ante la familia García Lorca con un mensaje del poeta escrito de su puño y letra. El mensaje decía: “Te ruego, papá, que a este señor le entregues 1.000 pesetas como donativo para las fuerzas armadas”. A García Lorca le hicieron creer que un puñado de pesetas podría librarlo del zarpazo de la muerte. Ignorando que ya habían asesinado a su hijo, don Federico García Rodríguez aceptó el canje. El padre de Lorca pagó, y llevó las últimas palabras de su primogénito en un bolsillo hasta el día de su muerte.
Durante la presentación de un concierto acústico en Suiza, Mercedes Sosa sentenció que los poetas son profetas. Si la cantora tucumana llevaba razón, si es cierto que los poetas son profetas, García Lorca podría ser considerado un visionario, un hechicero que conocía los misterios del otro lado y que hacía girar las palabras en la punta de una aguja, una criatura nocturna que multiplicaba la luna con sólo mirarla y que bordaba peces rojos en los párpados del amanecer. Si es cierto que los poetas son profetas, cuando escribió los versos sobrecogedores de su Fábula y rueda de los tres amigos, Federico García Lorca vaticinó su propia muerte: “Cuando se hundieron las formas puras / bajo el cri cri de las margaritas, / comprendí que me habían asesinado. / Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias, / abrieron los toneles y armarios, / destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro. / Ya no me encontraron. / ¿No me encontraron? / No. No me encontraron”. También dijo (¿predijo?), en La gacela del amor oscuro: “Quiero dormir un rato / un rato, un minuto, un siglo; / pero que todos sepan que no he muerto”.
Por Sorayda Peguero Isaac
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