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El verdadero color de la confianza (Cuentos de sábado en la tarde)

Tres capítulos, un mismo objetivo: resaltar el verdadero valor de la confianza.

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Ani Castro Maldonado
08 de enero de 2022 - 09:08 p. m.
"En Confiancity se podía encontrar paz al caminar, alegría y hasta ser parte de cosas nuevas e increíbles".
"En Confiancity se podía encontrar paz al caminar, alegría y hasta ser parte de cosas nuevas e increíbles".
Foto: Ani Castro Maldonado/cortesía
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Capítulo uno

Una Ciudad Diferente

En una ciudad muy pequeña todos encontraban la felicidad en su propia familia y muy pocos conocían algo diferente de esta hermosa sensación.

En Confiancity se podía encontrar paz al caminar, alegría y hasta ser parte de cosas nuevas e increíbles, así sin previo aviso podía cambiar de emoción y sensación incluso con todo lo que había pasado tras la pandemia.

En una casa pintoresca, aunque no tan grande en comparación del jardín, convivían una hermosa familia de apellido Esmerito, muy conocidos por su amabilidad y bondad.

Padre y madre de esta familia siempre trataban de darle lo mejor a sus hijos, mostrándoles que con esfuerzo y dedicación todo es posible, siempre que mostrarán esmero en sus actividades.

Petunio y Beatriz eran unos hermanos tan unidos como si el mar y cielo se estuvieran viendo, tanto era su amor por el otro que se compartían todo sin queja alguna.

Él con cabello castaño al igual que su hermana, siempre vestían de colores vivos junto con una hermosa sonrisa en sus rostros. Ellos no paraban de decirle a sus papás lo emocionados y contentos que estaban por cerrar la temporada de pandemia.

Era verano en Confiancity, la época perfecta para que los niños y niñas de la ciudad ingresaran a estudiar después de tanto tiempo hacerlo desde casa, aun sin saber cómo sería su nuevo año lectivo, todos tenían las expectativas de que las clases marcharían bien y sin problemas.

El lugar donde todos volverían a ver a sus compañeros de estudio e incluso llegar hacer nuevos amigos tenía un singular nombre, uno que a alguien inesperado podría causarle molestias.

Un gran letrero que estaba en las afueras del colegio “Muestra tu confianza y crecerás”, un nombre peculiar pero que motivaba a los más pequeños a creer en ellos, pero un ser único no le era fácil de creerlo ni mucho menos de leerlo.

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Capítulo dos

El síndrome de Otelo

Otelo es un niño diferente o así se se creía él porque en las noches no dormía por estar pensando e imaginando. A su corta edad de 10 años ha tenido más experiencias vividas que la gran mayoría de los que están en la institución. Cabello negro, corto, pero con unos rizos que se asomaban desprevenidos debajo de un gorrito hecho con lana, pero se veía a una larga distancia lo maltratado y sucio que estaba.

A él no se le hacía fácil conocer personas sin que primero pasara por su mente todos esos momentos que marcaron su vida en diferentes circunstancias, pasando de casa en casa sin que nadie le mostrara como era tener una familia o unos hermanos.

Por cosas de la vida, a Otelo lo abandonaron cuando era un bebé recién nacido. Aún no se sabe quién podrían ser sus padres biológicos por lo que desde que tiene memoria ha vivido en orfanatos y conventos.

Nunca imaginó que tendría que mudarse a otra ciudad después de que pasó casi un año completo encerrado en un cuarto por culpa de un virus que corrió como el viento alrededor del mundo.

En el primer día de clases comenzó disgustado por su uniforme nuevo, maleta, zapatos y hasta por saber cómo se llamaba la ciudad. No le entraba en la cabeza que tanta gente podía tolerar algo así o que nadie reclamara y dijera que lo cambiaran.

Cuando Petunio y Beatriz se encontraron con él se emocionaron tanto que se fueron corriendo a conocerlo, pero la reacción de Otelo los hizo frenar en seco.

Lo primero que dijo al ver a estos hermanos escurridizos fue “¿Por qué ellos están felices?, ¿Por qué yo no puedo sonreír como él? sus uniformes son mejores que el mío. Todo esto hacía que Otelo sintiera cosas en su corazón.

Lo que no sabía el recién llegado es que su nombre tenía un gran significado, uno que hacía mérito a lo que el sentía cada vez que abría sus ojos. Mientras él iba creciendo en las casas de paso o conventos se podía ver como celaba a los demás por cosas que podría tener pero que no apreciaba de verdad.

Otelo sufría de unos celos inimaginables y con el paso de la Pandemia habían crecido más.

Pero algo que no se imaginaba es que tanto sus nuevos compañeros de clases junto con su nueva familia, le harían cambiar de parecer y hasta de hacerlo sentir que si podía confiar en los demás.

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Capítulo tres

Un nuevo comienzo, una nueva historia.

Ya habían pasado dos meses desde que comensaron las clases cuando Petunio y Beatriz ya tenían un plan en mente con todos los demas niños del salón.

Todos creían que Otelo podía cambiar y ser una persona diferente sin tener la necesidad de celar las cosas de los demas.

El lunes en la mañana todo comenzaría. Tenían que hacerlo poco a poco para que no se asustara o mucho menos se enojara por lo que iban hacer.

Cuando el protagonista del plan llegó al salón, descubrió que todos sus compañeros junto con maestros y padres de familia, tenían un cartel en sus manos con frases dulces e importantes para él.

Lo primero que se escuchó en el salón fue “Hahh” un suspiro de parte de Otelo, algo que conmocionó y sorprendió a las personas que estaban ahí presentes.

Lo que ellos no sabían era que el niño con el pasar de los días había notado que no era necesario celar por lo que dijeran o tuvieran los demás. Con el ejemplo que Petunio y Beatriz le estaban dando al momento de compartir y ser transparentes entre ellos le era más que suficiente.

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Gracias a la familia Esmerito, compañeros, maestros y personas de la ciudad le enseñaron a Otelo que sí podía cambiar, sí podía sentir cosas bonitas con confianza.

Desde ese día todo cambió a raíz de buenas acciones y valores humanos que se inculcaron desde pequeños. Ahora él puede ser diferente olvidando su pasado.

Ahora Otelo está creciendo en un ambiente nuevo, con familia y amigos que le están ayudando a confiar en sí mismo y en los demás. Tanto ha sido su progreso que el gorrito de lana lo ha dado para que lo puedan lavar y ver su color original, uno que brilla al igual que su nueva sonrisa.

Ahora su color favorito es el morado, recuerdo de confianza y la ayuda que tuvieron los demás con él.

FIN

Por Ani Castro Maldonado

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