Para Elena Poniatowska, cada vez es más fácil poner un libro entre unos ojos y una pantalla. En un mundo de inteligencia artificial y redes sociales, donde la imagen parece ocupar un lugar central en la cultura y el ocio, los libros parecen relegados, hasta el punto que algunos pueden llegar a pensar que son “desechables”, según opinó. Sin embargo, para la autora mexicana, los libros también pueden ser aliados; pueden ser un refugio.
En esta última entrega de la entrevista a la autora, publicada en alianza con Tinta club del libro*, habló sobre la situación actual del mundo lector y discutió sobre algunos de los libros que hacen parte de este catálogo como Balún Canán, de Rosario Castellanos, y Las posibilidades del odio, de María Luisa Puga.
Además de periodista, usted es autora de poesía, cuentos, teatro y novelas. ¿Cómo decide escribir una novela? ¿Cuál es el lugar de la ficción para narrar el mundo que vivimos?
Fíjate que me elegían a mí. Llegaba un momento que me invadían. Si reviso mi vida, donde he estado más tiempo es frente a una máquina de escribir, sentada. A veces me da tristeza porque pienso que mis hijos quizá necesitaron más mamá que los acompañara, que estuviera más con ellos. Pero te imaginarás, a mis 91 años a ellos ya no les interesa una mamá que los guíe.
Hay también mucho en contra. Recuerdo que a mi hijo Felipe le preguntaron si le interesaba la escritura y el respondió que no, que lo que hacía su mamá era muy matado, es decir, que te matas de trabajo. Entonces, muchas veces en mí funciona la culpabilidad.
En una entrevista que le hizo Eduardo Otálora, periodista colombiano, le contó que sus nietos no leían. Eso pasa con muchos niños, niñas y jóvenes. ¿Qué podemos hacer como promotores de lectura desde el placer? ¿Cómo abrir un espacio entre tanta pantalla y tanto afán de productividad?
Es muy difícil porque muchos libros son llevados a la pantalla. Yo vivo en un conjunto de 15 casas y antes todos recibíamos un periódico. Ahora solo me lo traen a mí. Los periódicos también son una preocupación. No sabemos hasta cuándo durarán o si están condenados, como tengo la impresión. Incluso editores, pensadores van a la televisión y dan sus opiniones allá, Gabriel García Márquez, Octavio Paz, Rosario Castellanos, Carlos Fuentes, Jorge Luis Borges para mencionar algunos. Todos ellos ya recurrían a los medios modernos y son recurridos por ellos.
Ahora, aquí en México hay una buena televisión cultural, hay buenos periodistas y cronistas (como Javier Aranda que hacen un excelente trabajo cultural), pero también todavía hay mucho analfabetismo. Son muchos los que no saben leer y escribir. Pero sí saben prender y apagar el televisor y, por supuesto, tienen un celular.
¿Qué libros de autoras y autores que no sean mexicanos cree que han y hayan marcado el mundo de la literatura escrita por mujeres?
Leer a mujeres como Simone de Beauvoir, Margarite Yourcenar, a autoras de Polonia como Wisława Szymborska o Kazimierz Brandys me ha gustado mucho. No te creas, ya se me va mucho la memoria. Siempre la poesía es lo más alto. Cualquier persona que escribe ficción se nutre de la poesía.
Hablemos de algunos de los libros de Tinta.¿Cuándo leyó Balún Canán por primera vez?
A través de Rosario (Castellanos). Ella aceptó a venir a comer a mi casa, yo vivía con mis papás y ella fue a nuestro hogar. Yo sentía mucha admiración por ella y sentía como si fuera Juana de Arco. María Luisa Puga y yo nos leímos fragmentos antes de que se publicara. No hubo posibilidad de leer sus manuscritos, pero sí conocí su letra.
El comienzo de la novela nos habla de la palabra y la memoria arrebatadas… ¿le arrebatamos la palabra y la memoria a los indígenas?
No, pero no intentamos oírla. Lo intentaron antes que nosotros varios antropólogos norteamericanos. Especialistas que vinieron y convivieron con ellos. Creo que ahora Tomás Mojarro fue por ejemplo un escritor de origen indígena.
Y sobre “Las posibilidades del odio”, ¿cuál fue su primera impresión de este libro?
Recuerdo que sentí mucha admiración por el libro. Me pareció excelente y me llamó la atención que sucediera todo en África. Ella fue allá para acompañar a su pareja, que trabajaba en una organización internacional. Se me quedaron grabadas las imágenes de la narración desde el mendigo.
¿Qué le llamó la atención de este personaje?
El mendigo es un personaje esencial. Obviamente a esos personajes es más difícil acercarse, son un misterio para todos por lo ajeno e imprevisible. Eso creo que marcó a María Luisa. Aunque ella venía de un país del tercer mundo, se encontraba en África en un ambiente en el que los analistas de la situación eran personas extranjeras, privilegiadas porque no se iban a quedar en África toda su vida. Ella entonces empezó a escribir de las personas a las que tenía acceso en África y a mí me quedó la imagen de ese mendigo.
Este libro es un testimonio de esas identidades enfrentadas en el habla cotidiana, en los tratos y maltratos, en las expectativas, necesidades, racismos y miopías ideológicas que cada personaje exhibe o reivindica a expensas de los otros. Hoy vivimos tiempos que parecen ser igual de difíciles. ¿Dejarán de sangrar las heridas? ¿Lograremos algún día reconocernos en el otro y sanar las heridas?
Sí, claro. Lo creo y lo veo aquí en México. Veo mucha más cercanía entre los que pueden llamarse patrones y quienes están al servicio de ellos. Traté a muchos ferrocarrileros, hombres muy pobres, fui mucho a la cárcel y sí he visto que la brecha social se ha estrechado y ha sido uno de los logros de los últimos años.
¿Qué opina sobre este club de libros y qué le diría a los lectores y lectoras que van a recibir sus libros como una sorpresa?
Bueno, les diría el lugar común que un libro es un amigo, el mejor amigo. Un libro en tu mesa de noche, al lado de tu cama, jamás te va a traicionar, jamás te va a decir cosas desagradables sobre ti mismo, jamás te va a criticar… es tu amigo, es tu perro, es tu gato. Va a estar a tu lado. Ábrelo, ámalo. Es una batalla muy difícil. Incluso en los libros de texto, los niños en general no los cuidan. Aquí en México los libros ya son “desechables”.
(*) Tinta club del libro es una iniciativa que propone una experiencia de lectura mensual a través del envío de libros seleccionados por curadores invitados. Cada edición incluye un título en una edición producida especialmente para el club, acompañado de materiales editoriales que contextualizan la obra y su elección.
Este proyecto articula la figura del curador como eje de su propuesta editorial. Escritores y agentes del campo literario participan en la elección de los títulos y en la construcción de un marco de lectura que se extiende más allá del libro, mediante textos y espacios de intercambio asociados a cada edición. Tinta se plantea así como un dispositivo de mediación entre autores, obras y lectores, con una periodicidad mensual.
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