En Colombia la gente de bien parece que es la gente de mal: Guillermo Solarte

El evento, que se inauguró el 30 de octubre y se culminará el próximo 1 noviembre, abordará este año la fobia a las drogas. Guillermo Solarte, director del evento, habló sobre la preocupación por la complejidad de la guerra contra el narcotráfico, que llevó a los organizadores a desarrollar la problemática de las sustancias psicoactivas más allá de los mitos.

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David Guarín / @DAVIDGUARINB
31 de octubre de 2019 - 06:14 p. m.
El sociólogo Guillermo Solarte Lindo es el creador del ‘Uy, Festival!’ y de la Cumbre Mundial de Paz. /  David Campuzano.
El sociólogo Guillermo Solarte Lindo es el creador del ‘Uy, Festival!’ y de la Cumbre Mundial de Paz. / David Campuzano.
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Desde el 30 de octubre hasta el 1 de noviembre, cultivadores, filósofos, políticos, periodistas, artistas, empresarios y diversos actores involucrados en el debate de las drogas ilícitas, se reunirán en el Gimnasio Moderno de Bogotá para exponer sus miradas y aclarar los miedos referentes al uso de estas sustancias.

Guillermo Solarte Lindo, sociólogo y codirector del festival, habló sobre el evento y la idea de tratar “el miedo a las drogas”, más allá de un problema de consumo, delictivo o de cultivos.

¿Por qué hacer un festival de miedos?

Nosotros empezamos el festival hace ocho años y la idea nació pensando en que Colombia era un país al que el miedo lo rondaba, pero nunca habíamos expresado claramente a qué le teníamos tanto miedo. En la primera edición iniciamos con el miedo en general: los miedos de ficción como los fantasmas, las fobias que uno tenía como el avión o las arañas. Trabajamos con temas que ya habían sido investigados y de pronto caímos aquí en Colombia, en unos miedos muy específicos que surgían del festival anterior. Continuamos con el miedo a las mujeres, siguió el miedo de las víctimas, a la impunidad y el miedo de los del sí y los del no en el momento en que el país entró en ese debate tan fuerte. El año pasado trabajamos el miedo de los venezolanos.

Este año quisimos exponer algo sobre lo que todo el mundo habla pero que no sabe en realidad de qué está hablando: el miedo a las drogas.

¿Conoce las drogas?

 Sí. Desde el Dolex, drogas supuestamente inofensivas, hasta las otras drogas. Ahora, ¿me preguntas si he consumido o si las conozco? Porque conocerlas, las conoce uno todas. Sí consumí algunos en los años 70.

¿Por qué existe ese miedo a las drogas?

Fíjate que es algo muy particular que vengo descubriendo con este proceso. Hay un miedo a salir del closet en cuanto a la sexualidad, pero es tremendo el miedo a salir del closet de las drogas: decir yo he consumido esto, he consumido lo otro.

Es muy posible que tus papás hayan consumido algún tipo de drogas, pero es muy difícil que te digan que han consumido. Hay una especie de miedo a exponerse públicamente, como si la droga de alguna manera hubiera deteriorado alguna parte de tu ser, de tu mente o de tu moral.  En todo caso, hay dos drogas que son comunes en todos, y esas están legalizadas: el tabaco y el alcohol. Sustancias psicoactivas, para ser precisos, que alteran de alguna manera tú comportamiento, tu forma de ser, pero que están legalizadas.

Ha pasado algo muy particular. El tabaco comenzó a sufrir una condena desde una corriente higienista durísima que apareció en los años ochenta. El tabaco es socialmente aceptado, ahora nadie te puede pedir que dejes de fumar, pero te pueden decir “aquí no lo hagas”.

Lo que quiero decir con esto es que hay unos límites que se han ido estableciendo: el alcohol es permitido en todo lado, pero aquí no llegas borracho porque es el lugar de trabajo. La cocaína es muy difícil de percibir, por lo menos, si alguien está encocado en el trabajo. La marihuana – en cambio- traba más. Ese asunto de las drogas está escondido en una sociedad que ha sido martirizada, llamémoslo así, por el crimen alrededor de las drogas, no por las drogas.

Hay gente que, por ejemplo, domina muy bien la marihuana y con echarse colirio en los ojos sigue normal. Hay gente que domina completamente la cocaína y puede estar en un noticiero dando las noticias. Eso pasa en los medios de comunicación, en la farándula y básicamente en el poder también, aunque se tiende a decir que no, porque la salida del closet es brutal. Si un gerente de una empresa dice que consume cocaína, pues lo echan de la empresa. Y si un periodista dice “yo meto cocaína para el noticiero”, lo echan de la empresa, pero no porque él haga mal el trabajo bajo el efecto de una droga. Fíjate que ahí hay como un cierto nivel de hipocresía, porque el desprestigio de aquel que consume cocaína es atado a la no aceptación de esa droga.

Fíjate, es tan grave el asunto, que es parte de lo que estamos tratando en el festival: se confunden cosas como coca y cocaína. Entonces hay rechazos a la coca, suponiendo que eso es cocaína. Eso pasa igualmente con otras sustancias.

¿Existe mucha desinformación?

Considero que el poder ha confundido a todo el mundo. Ha llegado a puntos donde tú pruebas marihuana y ya eres marihuanero, cosa que es absurda. Pruebas marihuana y vas a seguir con cocaína, lo que es mentira. Tu consumes cocaína y vas a seguir con heroína, falso. Tú siembras una hectárea de coca y eres un criminal, pero lavas diez mil millones de pesos y nadie te va a coger. ¿Hay bancos que lavan? Sí, pero el que termina en la guerra es el pequeño productor para quien no es un delito sembrar una hectárea.

Cuando dicen que el país está inundado de coca, por ejemplo. Bueno, yo digo ¿sabes cuántas hectáreas productivas tiene Colombia? ciento diez millones de hectáreas aproximadamente.  De esas, digamos, 50 millones son aptas para la agricultura, pues doscientas mil hectáreas no alcanzan a ser ni el uno por ciento. Y toda la guerra que venimos enfrentando es para erradicar esas cuarenta mil, no para arreglar a los otros cuarenta millones de hectáreas que tiene unos problemas los verracos de concentración de tierra, de baja productividad, de una vaca por hectárea, etc.

Tú le preguntas a un productor del Putumayo si por sembrar matas de coca está cometiendo un delito y te dirá que no. El problema no es sembrar coca. El problema es producir cocaína y exportarla. El problema más grave es producir cocaína y exportarla, no sembrar. Es el asunto duro.

¿Por qué un Estado militarmente fuertísimo como éste, donde hay una inversión gigantesca para la cosa militar, no puede erradicar doscientas mil hectáreas de coca? O está equivocada la estrategia o es imbécil el que está en el poder. Si tienes la capacidad de un Estado, cuando insistes en arreglar un problema, cualquier problema, durante cuarenta años y no lo arreglas ¡Oye! estás equivocado. O sea, no le des más vueltas ¡Haz algo que estas equivocado!

Todos esos dilemas nos arrastraron a realizar este año el festival sobre el miedo a las drogas. Este año el programa está conformado de tal forma que va más allá del narcotráfico.

La guerra contra las drogas, que también se parece a la guerra contra la guerrilla, era pegarle a las cabezas: mataron y exportaron criminales hacia Estados Unidos ¿para qué sirvió? para nada. Mataron a Pablo Escobar, extraditaron a los Rodríguez, a los Urdinola y el negocio creció exponencialmente: eso dice mucho.

En últimas, ese miedo proviene de una guerra de clases implícita. El problema no es el consumo, más bien se debe al origen del productor y del traficante que, por lo general, no es lo que se llama popularmente “gente de bien” ¿No?

Primero difiero de aquel cuento de “gente de bien”, o sea, aquí la gente de bien parece que es gente de mal. El poder en general se ha comportado mal, para ponerlo en palabras suaves. Y se ha comportado mal con todo. Cuando hablas de la guerra contra las drogas y empiezas a mirar que este ha sido un país donde el contrabando a lo largo de la historia ha sido una fuente de riqueza, te das cuenta de que la gente del poder no es gente de bien. Si la gente del poder fuera gente de bien, el país no estaría así, eso como para una conversación entre amigos. Lo segundo es que, teniendo en cuenta lo anterior, el poder no se va a atacar a sí mismo.

Cuando el narcotráfico entra de lleno a hacer parte del poder, compra. Y compra no porque el narcotraficante sea malo, sino porque la gente de bien se deja comprar.  Aquí digamos ya nos inventamos, yo creo, hasta una triple moral. Una moral en donde lo que se trata es de aceptar todo. Sí, de que la gente acepte todo lo que haces y convertir todo lo que haces en la decisión correcta. El poder en el país es un poder que ha degenerado en guerras múltiples, en guerras entre ellos. Y yo creo que en el fondo eso es lo que hace que no ganemos la supuesta guerra contra las drogas.

El poder tiene una estrategia equivocada: decir que los problemas nuestros se originan en la gente pobre. Es lo que una teórica española hizo circular con fuerza como aporofobia, que es la fobia a los pobres. Ella lo hizo sobre la idea de lo que sucede en Europa y en España, específicamente con los inmigrantes pobres. El rechazo no es a los inmigrantes, es a los inmigrantes pobres. El rechazo no es a los drogadictos, sino a los drogadictos pobres ¡Es muy jodido decirlo! El rechazo no es a los narcotraficantes, sino a los narcotraficantes que no se aliaron con el poder: los traquetos. En síntesis, no es fácil el problema y por eso hacemos el festival. En todas las estrategias que ha usado el narcotráfico se involucra la gente desde el alto poder hasta la miseria de mandar una señora cargada con cocaína en su estómago.

Yo creo que nos han metido el tema absurdo que nos ha absorbido, que hizo de nosotros narcotraficantes en todo el mundo. Tu ibas a alguna parte y te preguntaba por Pablo Escobar, cuando ni tú, ni ella, ni yo, ni ninguno de los que yo conozco a mi alrededor han estado metidos en el narcotráfico, pero si yo le digo a usted que yo consumo cocaína, la vecina ya cree que yo soy narcotraficante.

¿Nos hemos quedado en el lado romántico, en el lado épico del narco que sale de pobre y muere baleado?

Es una cosa muy extraña, fíjate que el narcotráfico es como una forma de decir: sí, pude. El narcotráfico le da la posibilidad a mucha gente en Colombia de reafirmar el “sí pude”, ¿Cómo? No importa. No se sabe, pero pudo.  

Estamos sobre la base de dos principios culturales que orientan todos estos comportamientos que son “no se deje, mijo” y “aproveche, mijito”.  Esos dos principios son la base fundamental para que todo lo podrido tenga cabida: es el atajo, la confrontación, la polarización que está provocándose. Hay personajes del país que comparten él “no se deje, mijo”, tanto de izquierda, como de derecha. En un texto que estoy haciendo comparo que el “no se deje, mijo” son Petro y Uribe. Usted le hace algo a Petro, él pega un brinco y te echa todo el carretazo que quieras. Si le haces algo a Uribe igual. Y el “aproveche, mijo” es el reflejo exacto de lo que el poder ha venido construyendo. César Gaviria llega al poder por el “aproveche, mijo”, porque cuando el hijo de Galán le dice, en el entierro del Papá, “Usted llevará las banderas de mi padre”, Gaviria se envolvió y se apoderó de todo.

El festival propone discutir y dialogar, en el fondo, lo más profundo de nuestros problemas, que ya no son sólo el narcotráfico, sino la relación permanente e histórica de la delincuencia con el poder.

De toda la delincuencia: los contrabandistas, los ladrones de tierras, etc. Todo esto está relacionado porque el poder es el responsable de lo que somos. No el país, como siempre se quiere hacer ver.

 

Por David Guarín / @DAVIDGUARINB

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