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En el Festival Malpensante, un gurú de los efectos especiales

Tras 20 años trabajando en el corazón de Hollywood, el guatemalteco Carlos Argüello decidió convertir las industrias creativas en un modelo de desarrollo para Latinoamérica.

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Angélica Gallón Salazar
25 de junio de 2009 - 10:21 p. m.
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Carlos Argüello se encontraba en el corazón de la industria cinematográfica de Hollywood a principio de los años noventa. Trabajaba con una compañía que debía desarrollar los efectos especiales para Terminator 2 y ahí, con un equipo de científicos y programadores de computador, él, único artista, tomó parte de la creación de unas imágenes que sorprenderían al mundo: el nuevo Terminator tendría entre su equipamiento la posibilidad de transmutar de cuerpo y cara, convirtiéndose en cualquier persona que quisiera. La fórmula desarrollada fue tan exitosa que el mismo rey del pop, Michael Jackson, se entusiasmó con la idea de incluir una secuencia de caras que pasaban de blancos, a negros, a orientales, a indios en la parte del final de su video Black or white. La era de los efectos especiales sorprendentes  marcaba sus inicios y Argüello, un inmigrante guatemalteco que llegó a los 17 años a Palo Alto, California, era testigo de esa explosión de nuevas posibilidades para el cine.

Después vendría el trabajo con Oliver Stone en Natural born killers, también Space Jam, para la que diseñó el gran estadio en donde se jugó el partido final entre Michael Jordan y los extraterrestres. Luego, su labor fue crear los demonios que cobraban vida de repente en el aclamado filme El abogado del diablo y, finalmente, hizo parecer casi reales en Armageddon esas naves espaciales y  cometas que intentaban penetrar la Tierra.

Sin embargo, tras 20 años de trabajo imparable, de días y días de no dormir para construir esos mundos imposibles, Carlos Argüello pensó que era tiempo de un receso. De ida para Cuba hizo una parada en Guatemala para visitar la familia, con la extraña suerte de que el avión que debía tomar para la isla explotó ante sus ojos. La señal parecía inminente. Durante tres años Argüello se quedó en Antigua y no hizo más que pintar, tomar clases de cocina y viajar por su tierra, pero un día se le ocurrió montar un pequeño estudio en el que trabajaría, con unos cuantos jóvenes, en la realización de efectos para la televisión local y regional.

Sin embargo, tras un año y medio, el grupo que había comenzado de seis se había convertido en uno de 30 y entonces el gurú de la animación sintió que era el momento de llamar a sus viejos amigos de Hollywood, para encontrarle nuevos proyectos y de mucho más impacto a sus jóvenes acompañantes. Fue así como este experto animador consiguió que el castillo de hielo que aparece en la película Las crónicas de Narnia, y muchos de sus paisajes imponentes y helados, los realizaran “chavitos”, como él los llama, de su país.

La idea, descabellada al principio para la industria de los efectos especiales, luego tomó fuerza y complicados trabajos empezaron a ser desarrollados en Nueva Zelanda, Londres, Canadá y también Guatemala. “Se consiguió con eso aminorar los tiempos de realización de una película. Luego lo que se hizo es que en una sola escena podrían estar trabajando hasta casi 15 compañías distintas de diferentes partes del mundo”.

El proyecto de este guatemalteco tuvo tal impacto, que incluso la ONU lo llamó para ser parte junto con Microsoft de un panel en donde se buscaban soluciones para quebrar la brecha tecnológica de América Latina. “La apuesta así se fue convirtiendo en proponer las industrias creativas como método de desarrollo de la región desde México a Colombia para la primera fase”, confiesa el creativo, que después de replicar su modelo de trabajo en México consiguió hacer con jóvenes no sólo guatemaltecos sino también mexicanos los efectos visuales para Las crónicas de Narnia II.

Ahora es el turno de Colombia. De la mano del Sena y la Vicepresidencia de la República, Argüello está en el país no sólo para deleitar con sus historias a los que visiten el Festival Malpensante, sino además para abrir el montaje que hará posible que 200 jóvenes se capaciten durante ocho meses  “para inmediatamente empezar a traer industria y realizar largometrajes animados y efectos especiales desde esta parte del planeta”, concluye con entusiasmo Argüello.

Los efectos especiales: habla un experto. Sabado 11:30 a.m.

Por Angélica Gallón Salazar

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