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En la búsqueda del cabo suelto: reseña de ‘Los gestos inútiles’

Reseña sobre el libro ‘Los gestos inútiles’, de Rey Andújar, que recientemente reeditó La Pereza Ediciones.

Javier Zamudio
01 de noviembre de 2022 - 04:14 p. m.
Portada de 'Los gestos inútiles', de Rey Andújar.
Portada de 'Los gestos inútiles', de Rey Andújar.
Foto: Cortesía

La muerte del político Daniel Beltrán es el núcleo que lo inicia todo, este terrible hecho y una llamada a una mujer que está dentro de los contactos personales de la víctima. Luego de ser contactada y cuestionada por los servicios de inteligencia, ella se comunica con el doctor Jonas Marthan, que viaja para entender lo que ha ocurrido y realizar los trámites correspondientes. Son estos hechos, la muerte y la llamada, los desencadenantes que ponen en marcha el mecanismo narrativo de Los gestos inútiles de Rey Andújar, novela ganadora en 2015 del Premio Latinoamericano de Novela Alba Narrativa que fue reeditada en 2022 por La Pereza Ediciones.

Andújar nació en Santo Domingo. Es doctor en Filosofía y Letras Caribeñas. Autor de las novelas El hombre triángulo y Candela, y de los libros de cuentos, Saturnario y Amoricidio, ambos premiados. Con Los gestos inútiles, que se publica bajo la aureola de un premio de gran prestigio, se confirma como uno de los escritores más interesantes de su generación.

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La novela continúa revelando que el doctor Marthan es en realidad el hijo de la víctima. Esta verdad contada por el investigador del caso, el señor Rojo Agramante, será un punto de inflexión que marque el ritmo y el tono de la novela. Se pasa del frío impersonal del crimen a la búsqueda de la sombra intimista de la pérdida, una sombra que deja al descubierto una mala relación entre el doctor y su padre.

La novela, escrita en tercera persona, va saltando entre los hechos, ofreciéndonos la posibilidad de tener un rol activo, usar la información recibida para realizar deducciones alrededor del crimen, que se presenta desde el inicio como un presunto suicidio. Sin embargo, a través de los personajes, nos enteramos de que hay algo más detrás, un encubrimiento que viene desde esferas política superiores. En este sentido, la estructura, que cumple con las características del género, está puesta ante nuestros ojos como pequeñas piezas de un puzzle que debe ser armado. “La gente cree que la muerte es el fin pero la mayoría de las veces es un cabo suelto”, nos dirá el autor.

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Asimismo, la historia refleja la fragilidad de lo humano, cuyos vínculos afectivos se disuelven, se afianzan y se reconocen ante la muerte. Los personajes se presentan en un claroscuro que el lector sigue desde tres ángulos o perspectivas: Rojo Agramante, Jonás Marthan, hijo de la víctima, y Lubrini, un personaje misterioso que toma forma a medida que la novela avanza, y que tiene una relación especial con el político.

Desde un inicio, entonces, la trama se desarrolla en función de entender lo que ocurrió con Beltrán y, a medida que el lector busca desatar este nudo, se despliega para contarnos otras historias: la vida de los personajes que están alrededor de esta muerte y una visión política y cultural del ser Caribe.

El autor va más allá de solo contar una historia, convirtiendo la novela en un artefacto para pensar las diferentes versiones del mundo que lo rodean: el universo caribeño, el universo latinoamericano y su relación con Estados Unidos. Y lo hace con un lenguaje preciso, que atisba lo poético y donde, al igual que en las caracolas perdidas en la arena de la playa, es posible escuchar el canto del mar.

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Por Javier Zamudio

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