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Entre Balcanes y recuerdos

La novela debut del escritor Saša Stanišic, ‘Cómo el soldado repara el gramófono’, recrea la complicada y hermosa Yugoslavia de Tito. Stanišic estará el 1° de febrero conversando  con el escritor Jonathan Levi  en el Hay Festival.

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Angélica Gallón Salazar
22 de enero de 2009 - 10:00 p. m.
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Saša Stanišic nació en un pequeño pueblo extraviado en los alucinantes paisajes de la extinta Yugoslavia. No alcanzaba a cumplir 14 años cuando estalló la guerra de los Balcanes*, lo que hizo que su familia huyera hacia Alemania, país en donde estudió filología y luego se tropezó con una pulsión inevitable: la escritura.  Aleksandar, el personaje principal de su primera novela, Cómo el soldado repara el gramófono (Alfaguara) traducida a veinte idiomas y que ha vendido más de un millón de copias, también es un niño cuando debe emigrar por los avatares de la guerra, y dejar atrás  la vida de fantasía que llevaba junto a su abuelo. “La coincidencia geográfica y de algunos detalles de mi propia biografía  no son más que la tela de fondo para recrear la historia de un joven, Aleksandar,  y su intento de lidiar con la pérdida de su memoria  y su infancia”, asegura el autor.

Al igual que Saša, el desprevenido narrador de la novela también descubre que contar historias es su manera más elemental de manejar el dolor, la pérdida y la tristeza y es quizá por esta razón que el libro logra llevar al lector en un viaje salvaje y comprometido por esa complicada pero hermosa Yugoslavia de Tito: de pequeños pueblos, grandes mitos y leyendas, donde ambos, escritor y personaje, pasaron una infancia soñada.

¿Cree usted que hay gran ignorancia sobre la realidad de su país y en general sobre todos los países de los Balcanes? 

¿Quién soy yo para juzgar? La gente que lee y discute sobre los Balcanes es la mayoría de las veces una masa informada y muy interesada, pero igualmente cualquier información geopolítica está llena de desinformación y de puntos de vistas ingenuos. Los Balcanes son un universo complicado, enmarañado e inaprensible,  lleno de peligros y de todo tipo de sirenas esperando en el borde de las rocas por alguien listo y presto para escuchar su largo relato de traición, amor, odio, venganza y alegría.

Esta extraña mezcla de sentimientos vive en cada uno de los que vivimos o somos de allá. Tal vez el estereotipo más extraño con el que me he encontrado en los últimos años es con la idea de unos Balcanes salvajes, es decir, algo así como que la gente de la Europa suroriental no es realmente responsable de sus acciones, sino que la agresividad y el conflicto son inherentes a sus carácteres.


¿Fue duro recrear todos esos momentos que usted sufrió y trasladarlos a la literatura ?

La historia de mi libro es en muchas formas más grande que mi propio destino. Yo no creo que sea muy especial por tener mi vida, nunca he deseado escribir memorias, no he deseado cargar con un trauma, ni he querido victimizarme ni victimizar a cualquier personaje de mis libros. Yo quiero contar una historia universal de pérdida, de lo absurdo de la guerra, de la niñez y de lo que es crecer bajo circunstancias radicales, una historia que podría suceder y que desafortunadamente sucede en muchas partes del mundo. Hay cosas relevantes en el proceso, no porque tenga que lidiar con mis propias historias, sino porque la mayoría de los relatos del libro son historias que encontré en Bosnia y que no deberían caer en el olvido.

¿Cree que los jóvenes escritores de su país se vieron influenciados por la degradación de la ex Yugoslavia?

Algunos ciertamente sí. Durante y después de las crisis radicales, los artistas han trabajado siempre en tratar de narrar y entender las crisis en sus propias maneras. La guerra y sus repercusiones crean nuevas y, algunas veces, maravillosas voces, pero los artistas de la ex Yugoslavia no están sólo preocupados por estos impactos; por el contrario, con el tiempo han emergido muchos nuevos tópicos en los que enfocarse.

¿Usted escribió una novela  política?

Creo que cada libro que tenga que ver con el tema de la guerra se vuelve automáticamente político, incluso cuando su tema no es sólo las virtualidades políticas. Pero mi meta principal no fue definitivamente entrar en debates políticos. El libro es mucho más privado, muestra las más pequeñas unidades del ser en la tierra (el yo, la familia), y seguramente la política no puede estar fuera de esto. Además, el tema de la identidad, la migración de la mente y el lenguaje están mucho más presentes en el libro que cualquier cuestión política.


¿Por qué decidió hacer a un niño el narrador de la historia?

Era importante para mí usar una voz muy imaginativa sin ser forzado a darle al lector teorías políticas o morales o prejuicios, como un narrador adulto lo habría hecho. Al usar su don imaginativo y sus dotes, que mejoran continuamente, Aleksandar empieza a recrear las historias ricas y coloridas que su abuelo le contaba.

¿Por qué después de muchos años Aleksandar toma la decisión de regresar a su pueblo?

Este libro también es el registro de la obsesión de Aleksandar por no olvidar nada. Junto con su familia escapa hacia Alemania. Mientras se acomoda a esta nueva vida, tiene que aprender un idioma diferente, encontrar su voz y crearse una nueva identidad. Él es, después de todo, un joven inmigrante luchando por convertir un lugar en su hogar. Aleksandar empieza a recolectar los tiempos cuando “todo era bueno”.

Después de que su cuaderno se llena con algunas de las viñetas de su pasado y con el complejo cuerpo de leyendas bosnias, él, que está en sus veinte, desilusionado y dislocado, decide volver a su tierra de origen para el décimo aniversario de la muerte de su abuelo. Está desesperado por reiniciar su vida donde la dejó, trata de buscar a la bella Asija, quien fue un emblema de esa vida que le fue cortada violentamente por la guerra.

¿Puede la literatura remediar  lo que una Guerra destruyó en un país?

Creo profundamente que no. La literatura es un observador, una manera de recontar las cosas desde varias perspectivas. Un nuevo narrador desde la distancia o desde la profunda cercanía. La literatura es primero una voz, luego un encuentro estético y después una acción en un muy limitado radio de acción. La literatura puede ser un alivio o un disturbio, puede despertar, puede aburrir, puede hacer sentir con intensidad y puede mover a una reacción más fuerte.


Yo creo en el poder de contar historias, pero mucho más creo en el poder de la política justa e inteligente, de la lucha contra el crimen y la corrupción y por último, y más importante, en el verdadero diálogo de ellos y nosotros (quienes quiera que sean). La ficción puede ser el gatillo de todo esto, una palabra para el principio, una perspectiva para pensar y eso tal vez sea un remedio.

*La guerra de Bosnia  (1992-1995)

Entre el 6 de abril de 1992 y el 14 de diciembre de 1995 se desató una guerra en Bosnia y Herzegovina causada por la conjugación de diferentes factores. Tras la desintegración de la ex Yugoslavia en 1991, con la independencia de Croacia y Eslovenia, líderes nacionalistas serbobosnios y serbios como Slobodan Milosevic se trazaron como objetivo que todos los serbios diseminados por las distintas repúblicas que componían Yugoslavia vivieran en un mismo país.

En febrero de 1992, el pueblo de Bosnia-Herzegovina decide en un referéndum su independencia de Yugoslavia. Los serbios se arman y declaran la guerra, pero gracias a una alianza con los croatas, los bosnios consiguen la victoria militar. La guerra duró  cerca de tres años y causó más de 100.000 víctimas.

Por Angélica Gallón Salazar

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