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Entrevista a Supermán

Supermán llegó puntualmente a las 5:25 a.m. Me encontró, gracias a su visión telescópica, sin ninguna dificultad, reclinado a una de las troneras del Castillo de San Felipe, en Cartagena de Indias.

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Edwin De la Santísima Trinidad Rodríguez Torices*
23 de marzo de 2015 - 01:59 a. m.
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“No tenemos un minuto que perder. Siempre ando aprisa, como sabes. Los malhechores no dan tregua”. La luz broncínea de los reflectores imprimía a su frente, sobre la que oscilaba levemente en el aura matutina, ligero, el bucle negrísimo, una pátina metálica. Su rostro parecía tallado con científica precisión en una material compacto y pulido. Nariz recta, potente mentón. Las mandíbulas, tan bien cortadas como los pómulos; labios delgados y exactos. Me sorprendió la manera tan ajustada en que la malla marcaba el bulto de los genitales; sobre la amplia espalda, impecable, la capa roja de satén.

Un instante después su firme antebrazo me sostenía de la cintura mientras nos remontábamos con rumbo al cerro de La Popa, según lo acordado. Al sobrevolar su falda, justo a la altura de La Esperanza, un niño gritó a su padre, que en ese momento se afeitaba en la terraza de un segundo piso:

—¡Papi, mira!, ¿qué es eso que se va remontando hacia el cielo?

—¡Un cohete norteamericano disparado contra Caracas, o el costo de la vida, supongo! Supermán se zarandeó levemente en vuelo al escuchar estas palabras, que ya en tierra me dejó saber. Aterrizamos en una cornisa del cerro, con una magnífica vista hacia el suroccidente. Advertido de la limitación de tiempo de que disponía el superhéroe, arranqué con la primera pregunta:

Sabemos que Clark Kent es Supermán, ¿qué sentido tiene pretender seguir ocultando tu identidad?

Esperaba esta pregunta desde hace décadas. Lo hago porque a los terrícolas les encanta ese juego de espejos. Sabían de sobra que Isaac Bickerstaff era Swift y Ricardo Reis, Fernando Pessoa. Sin ir demasiado lejos, algunos aseguran que tú no eres sino ese escritorzuelo tercermundista Leo Castillo. Solo a quienes te hayamos visto alguna vez nos consta que existes.

¿Cuál ha sido su relación con Fritz Lang, el primero en rodar una película en Metrópolis? Tengo presente que el director alemán se exilió en USA y usted, a quien se le prohibió sobrevolar territorio alemán, es lo mismo un alienígena inmigrante en ese país.

Ninguna relación. Nunca lo traté, a Lang. Supongo que se me prohibió en Alemania dado que Siegel y Schuster, judíos, fueron los primeros en presentarme ante la sociedad norteamericana en la primera mitad del siglo pasado. Ambos, Lang y yo, fuimos perseguidos políticos. 

Alguien dice de usted que es “hermoso, humilde, bondadoso y servicial, que dedica su vida a la lucha contra las fuerzas del mal y la policía tiene en usted un infatigable colaborador”: ¿no le parece indigno, bajo y ruin esto último? Tengo en cuenta que vendió usted bonos de guerra en la década de 1940, ¿no riñe esto con los mansos principios judeocristianos, protestantes, de sus provincianos padres adoptivos de Kansas, los Kent?

En ese entonces la opinión pública identificaba a los nazis como malhechores. Yo voy siempre con el criterio de las masas. Cierto que vendíwar Bonds, dado que en Norteamérica todos querían barrer a los alemanes del mapa. En cuanto a lo de hermoso, etc., usted mismo, viéndome, sabe que no se trata del mero cumplido de un fan. Como trasunto de la sociedad, de la cultura e intereses estadounidenses
no puedo sino ser judeocristiano.

¿Pero no le parece abyecto esto, o al menos servil, cuando no de una actitud dictada por un vulgar afán de asegurar asenso y popularidad?

He sido concebido, perdón, educado, para responder por las expectativas de una sociedad heterodirigida, como dice la sociología. Satisfago lo que esta sociedad debe desear según determinados procedimientos prefabricados que le eximen de tener que proyectar arriesgada y responsablemente, como certeramente denuncia Eco (a quién usted acaba de citar, no crea que no lo noté.)

¿No se parece demasiado usted al Übermensch de Nietzsche, filósofo de la nación que paradójicamente ha combatido?

A alguien debo parecerme de entre los terrícolas debido a mi condición de extraterrestre, o no seré aceptado. Se desprende de lo ya dicho.

¿No teme ser políticamente perseguido en su país por estas cínicas declaraciones?

Mi actual posición se desliga un poco respecto de los criterios domésticos del gobierno de mi país, si bien no soy político, como sabes. Para mí se impone ahora ser algo más global.

¿No debiera, en nombre de la libertad y la justicia, reaccionar contra esa manipulación mediática de la opinión de que usted, después de todo, saca provecho?

El judeocristianismo les dio a Cristo, pero la ciencia actualmente tiende a hacer de las masas un redil ya insatisfecho con ese mito, una masa amorfa peligrosamente en riesgo de devenir infieles. Yo soy el relevo de Cristo. Yo les doy lo que Él a su manera les prometía y que a la larga nunca cumplió.

¿Cumple acaso usted?

Pero desde luego que no se trata de eso. Los mitos no venimos al mundo a resolver nada a nadie. Yo les vendo esta ilusión al igual que el Cristo hasta ahorita.
Con esto les basta, no se nos exige más. La ilusión de un justiciero que protege a los débiles y combate al tiempo el delito contra la propiedad privada. A Cesar, lo de Cesar..., etc.

Lex Luthor se quedó calvo por su culpa, ¿no le genera esto algún tipo de remordimiento?

En absoluto. Si mi cabello es negro y abundante no se debe justamente a que Lex así lo consienta.

(Mirando enfáticamente la ajustada malla) El hecho de que usted, o Clark Kent, rehúya las insinuaciones eróticas de Lois Lane así como su sospechosa manera de vestir ha excitado la suspicacia de muchos. Algunos han llegado a dudar de su virilidad, llegando abiertamente a denunciar una para ellos evidente homosexualidad.

Eso aplica más bien a Batman y Robin. A mí no se me ve mariconeando con otro macho nunca (Quebrando la muñeca, debilitando el tono viril, mirándome con cierta insinuación).

No sé por qué la gente es así… ¿tú que crees?

Que debiera salir del clóset —pensé (a partir de aquí, el tono y expresiones del superhéroe se me antojaron un poco “relajados”)—.

¡Ay, no!

Incluso la virilidad de Clark Kent deja mucho que desear, su inflexión afeminada. De tan tímido y escurridizo cualquiera lo confunde con un maricón.

Lo reconozco, pero es que esa mujer, Lois, es tan intensa…

¿Qué opina del remoquete mordaz de “el gran boy scout azul” que le infieren otros superhéroes? Quieren decir que es usted un gilipollas, evidentemente.

(Poniendo su manaza en mi rodilla) Yo soy el hombre de acero para seis mil millones de terrícolas, de modo que no me extraña esto de excitar la cobarde envidia de los Superamigos, los golpes bajos de mis deleznables émulos: ser el mejor tiene su precio, nene.

¿Quién es el diseñador que viste a Clark Kent y lo viste a usted de esta ambigua manera, acentuando el acero de su musculatura, que nos lo presenta como una suerte de fisiculturista GMO*, o al menos tratado con hormonas; igual, marcando sospechosamente los genitales?

Tus preguntas son ya demasiado personales.Me gustaría responderte con más intimidad. Tengo ahora trabajos que resolver. Mi superoído me revela que acaban de robar las arcas del FMI.

Me dio un apretón de manos y…¡un beso en la mejilla!, y despegó… despegó con rumbo norte, antes de que lograra reponerme de la sorpresa, silbando como una bala en la bruma de septiembre.

 

*Edwin De la Santísima Trinidad Rodríguez Torices es heterónimo del escritor colombiano Leo Castillo

Por Edwin De la Santísima Trinidad Rodríguez Torices*

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