Después de haber oído hablar de este libro durante los últimos cincuenta años, nunca me había decidido a leerlo. Sin embargo, siempre conservé una latente curiosidad por hacerlo, no solo por su reconocida importancia literaria, sino también porque me unen a su autora razones de cercanía: compartimos la misma tierra de origen e incluso vínculos de consanguinidad. Misión cumplida. Un libro como muchos de la historia de la literatura, verbigracia Cien años de Soledad, que fue escrito en México, pero en el que la imaginación del autor estuvo siempre en Aracataca y el Caribe colombiano. La pájara pinta sentada en el verde limón fue escrito en España y su redacción estuvo siempre en Pereira.
Acabada su lectura, pregunté en Internet: ¿Qué es un libro de culto? Esto me respondió:
“Un libro de culto es una obra que, aunque no necesariamente fue un gran éxito comercial o de crítica cuando apareció, llega a desarrollar con el tiempo un grupo de lectores extraordinariamente fieles y apasionados. Suele reunir varias de estas características:
- Tiene una propuesta original o rompe con las convenciones de su época.
- Despierta una identificación muy intensa en ciertos lectores.
- Conserva su influencia durante décadas, incluso si nunca fue un best seller.
- Genera citas, discusiones, adaptaciones o una comunidad de admiradores”.
No hay duda. Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón es un libro de culto en Colombia y tal vez en América Latina. Ya son nueve ediciones en estos 50 años.
Empiezo por el título: Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón. Son los primeros versos de una cancioncilla que mi mamá nos repetía de niños: “Estaba la pájara pinta, sentada en su verde limón. Con el pico recoge la rama, con la rama recoge la flor”. ¿De dónde este título para un libro que se centra en dos de las décadas más violentas de Colombia? Sin duda, un gran acierto de la escritora es empatar sus vivencias infantiles, las que describe con gran amor y poesía, con lo que se vino en Bogotá a partir del nueve de abril de 1948 a la 1.05’15” p.m. Al salir Gaitán a la calle se oye una detonación.1 “Se trataba, creo yo, de recordarle a la nueva generación sobre un suceso que partió la historia de esta patria en dos”.2
Una delicia de lectura y un fascinante recorrido por municipios de Antioquia, Caldas, el norte del Valle del Cauca, Risaralda, Quindío y Tolima, que nos conduce por los caminos, paisajes y vivencias de la colonización antioqueña. El libro traza una auténtica cartografía del territorio y de la memoria, donde cada pueblo, cada montaña y cada camino revelan una parte de la historia de esa extraordinaria empresa colonizadora3, en líneas como estas: "cuando llegaron al alto del Boquerón: ¡allá vamos a hacer el rancho…! y señaló la tierra que se extendía y se extendía hasta perderse de vista" nos trasladamos inevitablemente a la emblemática pintura (1913) -Horizontes- del gran Francisco Antonio Cano.4
A esa historia se suman los paisajes que la autora recrea con un tono de auténtica poesía en prosa, sostenido a lo largo de la novela, sin renunciar, además, a la inclusión en el libro de poemas en verso. "Las Ceibas se veían como si las hubieran injertado de algodón hilado o algo blanco, que en copos apretados colgaban de las ramas, y al fondo, todo verde, sembrado de arrozales, y el cielo de ese Valle, que no hay manera de describirlo, porque a veces parece que lo hubieran pintado con la paleta equivocada, de tan azul, o de tan lila, tan rojo por las tardes… Son garzas, explicó. ¡Son garzas…!“.
Y, claro, también los eventos sociales y políticos que, si bien ocurrieron en Bogotá, marcaron hitos en la historia de Colombia, como lo fueron las décadas de los 50 y 60. Sin que por supuesto falten las declaraciones de amor: "Durante este tiempo he tenido el cerebro como un barco en puerto. O sea, anclado cuarenta y siete días con sus noches, hasta que al fin viniste a izar las velas, levar el ancla de golpe, y eso me pone como raro, pues ya me estaba acostumbrando al malecón y al ir de los demás mientras que yo asistía desde lejos. En fin: Que fue muy bueno verte".
Todo comienza el 9 de abril de 1948 con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, pasando por la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla -gurropin-. Las protestas de los estudiantes de la Universidad Nacional en Bogotá y con ellas las muertes a manos de “las fuerzas del orden” de Uriel Gutiérrez y Bravo Pérez. La inolvidable visita del entonces presidente Carlos Lleras R. al campus de la universidad, en donde fue recibido por una lluvia de tomates maduros, y sigue el libro con la formación de las guerrillas liberales y los nombres de Desquite, Chispas, Sangre negra, Tirofijo y tantos otros. Hechos que documenta la autora con el respaldo de artículos de prensa que juiciosamente consultó en los archivos de los principales diarios del país, de donde extrae palabras de los protagonistas de esa fecha.
Llama la atención, entre otras, la insistente solicitud hecha al presidente Ospina Pérez de que renuncie a su cargo. La verdad, no encuentro el argumento, menos aún cuando el grupo de solicitantes más destacados de esta dimisión fueron dirigentes liberales5 y su reemplazo sería el liberal Carlos Lozano y Lozano en su calidad de primer designado. Transcribe Albalucía Ángel las palabras de doña Bertha Hernández de Ospina refiriéndose a la visita de estos dirigentes, así:
“Esos señores están desempeñando un papel muy ruin y bajo. En vez de venir a ofrecer apoyo al gobierno para normalizar la situación, vienen a pedir el poder para ellos… El más desesperado de todos y que no hubiera vacilado un instante para llegar a su propósito fue Carlos Lleras Restrepo. Solo a don Luis Cano yo misma le ofrecí una taza de café con leche, en atención a que había ayudado al presidente por medio de su periódico El Espectador y a que estaba segura de que no pedía nada para él".
De la misma manera, la autora transcribe decenas de testimonios y vivencias recopiladas en los archivos de prensa, en la semana misma de la tragedia, convirtiendo estos en valiosos datos históricos, no todos conocidos con tanta precisión.
Menciona A.L.A.M. la construcción del Aeropuerto de Pereira, toda una epopeya y tal vez el mayor símbolo del civismo pereirano. Uno de los primeros aeropuertos del país construido con las manos y el sudor de empresarios, comerciantes, estudiantes, obreros, campesinos y profesionales pereiranos, quienes trabajaron voluntariamente los fines de semana moviendo tierra, abriendo zanjas y adecuando el terreno.
"Apenas conservaba el recuerdo vago de las trompetas alborotando a todo el pueblo a las cinco de la mañana, y por la tarde todo el mundo en sus casas comentando que habían tumbado no sé cuántas hectáreas de cañaduzal y subido toneladas de piedras desde el río, pues los niños formaban la cadena y así subieron piedra sobre piedra mientras los grandes… cantando el Salve al esfuerzo de mis heroicos y buenos hijos que con amor…6”
De la época de la llamada “violencia de los 50”, entre otros testimonios e historias, recoge la autora de despachos judiciales documentos como la declaración del guerrillero liberal Teófilo Rojas, a la que le dedica un capítulo completo del libro. De estos tres grandes episodios de la historia de Colombia se ha escrito mucho. Sin embargo, la mirada construida a partir de las vivencias de una niña de provincia, recreada con el rigor investigativo y el extraordinario talento narrativo de Alba Lucía Ángel, sigue siendo original y profundamente enriquecedora.
De la mano del recuento de estas historias va lo que se vive en su familia, amigos, la ciudad y su desarrollo. Se da licencia a Albalú, como la conocen sus amigos, de incluir en el relato un delicioso cuento de su autoría. Así lo introduce en una conversación de colegialas: “¿Lo cuento o no lo cuento? Por favor. Y tú, calla, yo quiero oír la historia: Era un rey con tres hijas… Érase que era un rey con sus tres hijas…” 7
Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón es una novela clave y, al mismo tiempo, una lectura cautivadora para quienes deseen comprender la historia de Colombia durante las décadas de 1950 y 1960 a través de la voz de una niña de nueve años; en ella, la autora entrelaza el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, la violencia política y el proceso de la colonización antioqueña, ofreciendo una perspectiva íntima y profundamente humana de ese período decisivo de nuestra historia.
Glosario de algunos términos empleados en la novela.8
| Andariegando | Andar una persona de un lado a otro sin rumbo fijo. | |||||
|---|---|---|---|---|---|---|
| Angarilla | Andas para transportar materiales de construcción o de otro tipo. | |||||
| Atembado | Atolondrado, atontado. | |||||
| Chacota | Bulla y alegría mezclada de chanzas y carcajadas con que se celebra algo. | |||||
| Chacotear | De chacota. Bulla y alegría mezclada de chanzas y carcajadas con que se celebra algo. | |||||
| Chambrana | Motivo realizado en piedra o madera, que se coloca alrededor de las puertas, ventanas o chimeneas | |||||
| Chota | Se refiere a un lugar que está lleno de gente. “La plaza estaba chota.” | |||||
| Cueriza | Golpe que se da con una correa como castigo. | |||||
| Desentuquiar | Desentuquiar viene de “tuquio” referido a una persona o un objeto muy lleno. | |||||
| Desmirriado | Escuálido, flaco, enclenque, débil, escurrido. | |||||
| Filimisca | Se dice de una persona complicada especialmente para comer. | |||||
| Floripondio | Flor grande que suele figurar en adornos de mal gusto. | |||||
| Guindar | Colgar sostener algo con cuerdas. Ej. Una hamaca. | |||||
| Jíquera | Mochila de paja hecha de fique para usarla sobre el hombro o cruzada. | |||||
| Latoso | Fastidioso, molesto, pesado. | |||||
| Ojeriza | Enojo y mala voluntad contra alguien. | |||||
| Pasilla | Grano de café que no cumple el estándar de calidad. | |||||
| Pavear | Esperar alguien en un lugar determinado sin que la persona esperada lo sepa. | |||||
| Pelechar | Comenzar a medrar. | |||||
| Pelotera | Se refiere a una pequeña gresca. | |||||
| Pitado. | Partir velozmente. | |||||
| Ponchera | Recipiente redondo, ancho y poco profundo que se usa para el lavado de la ropa. | |||||
| Rebrujo | Gran cantidad de cosas desordenadas y dispersas en un sitio. | |||||
| Tósigo. | Se refiere a una persona odiosa, repelente. | |||||
| Tufarada | Olor vivo o fuerte y desagradable que se percibe de pronto. | |||||
| Tuntuniento | Persona que actúa con poca inteligencia o poco entendimiento. | |||||
| Vaqueta | Cuero de ternera, curtido y adobado. | |||||
| Zamarrear | Tratar mal a alguien trayéndolo con violencia o golpes de una parte a otra. | |||||
| Zorombático | Tonto aturdido. | |||||
1 De la minuciosa cronología minuto a minuto de lo que sucedió el nueve de abril del 48 que combina la autora con sus vivencias de infancia con transcripciones de la prensa desde las 8:30’ a.m. cuando Llega Gaitán al edificio Agustín Nieto hasta las 2:05 pm cuando El corazón de Gaitán deja de latir.
2 https://latinamericanliteraturetoday.org/es/2021/02/albalucia-angel-her-own-words-albalucia-angel/
3 Algunos municipios que visita la novela: Venadillo, Rovira, Aránzazu, Riosucio, Anserma, Cartago, Toro, Buga, Caramanta, Anorí, Sonsón, Medellín, Rionegro, Amagá, Marinilla, Yolombó, Yarumal, Cañas gordas, Santa Rosa de Cabal, Pereira y Quimbaya
4 https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Horizonte,_Francisco_Antonio_Cano,_1913.jpg
5 Darío Echandía, Carlos Lleras Restrepo, Alfonso Araujo, Plinio Mendoza Neira, Jorge Padilla, Roberto Salazar Ferro, Alfonso Aragón Quintero y Alberto Arango Tabera.
6 Poema de Epifanio Mejía en 1867 más tarade (1962) convertido en el himno de Antioquia
7 Editorial Alfaguara 2025 pgs 133 y 134
8 Las definiciones fueron obtenidas del Diccionario de la Real Academia Española cuando éste las tenía. También del Diccionario de Colombianismos del Instituto Caro y Cuervo y las que no aparecen en los diccionarios, fueron elaboradas por el autor de este texto.
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