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Estuvo sin zapatos dos meses y sólo se lavaba el pelo una vez a la semana. Tuvo miedo de sobreactuar, hasta el punto de no dormir cuando le tocó grabar su escena más compleja. Bajó casi cinco kilos. Todo lo hizo para interpretar a Marina —su primer protagónico para la pantalla grande—, una joven desplazada que hace un viaje a la costa colombiana con su primo Jairo (Julián Román), para reclamar las tierras que les pertenecen. Es Paola Baldión, una parisina de padres colombianos, quien regresó al país, tras ocho años de ausencia, para ser el rostro de Retratos en un mar de mentiras, el filme de Carlos Gaviria que se estrena hoy en las salas de cine. La actriz habló con El Espectador y confirmó cómo dista de su personificación, hasta llegar a ser irreconocible.
¿Cómo definiría a su personaje?
Marina es una mujer sin sueños, a la que le cortaron las alas: introvertida, tímida, miedosa, muy ingenua e inocente. Empieza en la película como una niña y se vuelve una adolescente. No sólo crece físicamente, al darse cuenta que puede ser atractiva, sino que en el viaje, a través del recuerdo, ella se empieza a despertar y habla un poquito más. Al final es un poco más coherente.
¿Cuál es el punto en común y el punto de discordia entre Marina y Paola?
Yo construí a Marina basándome en mi experiencia cuando tenía 13 ó 14 años. En esa época, yo vivía en Italia y me vine a vivir a Colombia. Estaba en el Colegio Italiano y no me involucraba totalmente en la cultura colombiana. Todavía era muy italiana. Fue muy duro ese cambio de amistades y de lengua. Era introvertida, tímida y me costaba mucho trabajo expresarme, así que esa etapa sería lo que comparto con el personaje. Sin embargo, somos diferentes. Yo soy muy alegre, a mí no me ha pasado nada trágico y miro hacia el futuro, feliz.
Marina apenas habla en la película y eso fija la mirada en su expresión corporal. ¿Cómo fue la preparación para que generara tanta credibilidad?
Fui con el director y el psiquiatra Pablo Zuleta a un centro donde están las personas que tienen estrés postraumático o trauma de posguerra. Allí nos explicaban que existen dos tipos de reacciones: la introvertida y callada o la agresividad constante. Conocí a una mujer de 50 años a la que le costaba mucho trabajo comunicarse. Se ponía muy nerviosa, sudaba y le daban ataques de pánico cuando estaba alrededor de hombres. De ahí empezamos a formar el personaje y, por supuesto, me inspiré en el perfil psicológico y físico que realizó Carlos. Al principio tenía muchas líneas y lloraba mucho, pero decidimos que era más viable que no hablara casi y sólo estallara en llanto en el momento preciso.
¿Por qué ser partícipe de una cinta que aborda un tema tan complejo como el desplazamiento?
Cuando leí el guión me enamoré de la película y me gustó la temática. No era tan política para mí, eso fue después. Era más un viaje de carretera de unos primos que querían recuperar sus tierras, donde mi personaje tiene un despertar. Además es muy folclórica, tiene buenos chistes y hermosos paisajes. Hay muy poquitas escenas de violencia y sí toca un tema del que se necesita hablar más. Me gustó que los protagonistas fueran las víctimas, y no los victimarios. Que no fuera el narco, el ‘chacho’, el malo, que están muy de moda. Ella es un antihéroe, no tiene objetivos, no sabe para dónde va, no habla, no se cree la mamacita. Me gusta que en Colombia empecemos a hacer un tipo de cine más real y humano.
¿Se ha sentido alguna vez desplazada en su vida?
Desplazada no. Últimamente me he sentido como una gitana, me ha tocado viajar mucho por los festivales y llevo como cuatro meses sin casa. Eso es lo más cercano y para nada comparable. Tal vez fue cuando viajé de Italia a Colombia por primera vez. Le lloraba a mi mamá todos los días, porque estaba acostumbrada a caminar por las calles de día o de noche sin ninguna restricción. Tenía mucha libertad.
¿Cuáles son sus planes próximos?
Ahora quedan como diez festivales más. Tengo un proyecto, Centro 26, cinta de Momo Parra, que pretendemos rodar este año. Hicimos el piloto y estamos buscando fondos para iniciar grabaciones. Espero, por lo menos, protagonizar dos películas al año. En Nueva York yo vivo de actividades, como el modelaje, que no tienen que ver con la actuación. Me gustaría poder vivir de mi carrera y, en un futuro, dirigir.