Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.

Estrella, de lejos

“Piano, piano se va lontano”. Y con su instrumento, Sir Elton John llegó lejos y logró transportar al público a épocas distantes... aunque buena parte del auditorio hubiera preferido no estar tan alejado de la estrella británica.

El Espectador

30 de enero de 2009 - 06:00 p. m.
PUBLICIDAD

Se trató de un concierto “exclusivo” en el que cerca de 600 personas pagaron un millón de pesos por su localidad y más de 1.500 cancelaron $700 mil por boleta.

Las diferencias entre el denominado doble vip y el vip sencillo fueron abismales. Mientras en el primero había sesenta mesas con diez sillas cada una, en la segunda los puf blancos escasearon y la gente no disfrutó a plenitud de un artista que ofreció, sin ir más lejos, un recital de piano. La opinión común es que por ese valor se debería tener el derecho a una silla y la expresión “comida sin límites y whiskey Buchanan’s al por mayor” hace un llamado inmediato al referente de comodidad.

El inmenso auditorio de Corferias estaba dividido en tres grandes partes. En la primera se recibía a los invitados especiales, se hacía esperar a los fotógrafos, los grandes damnificados de la noche, pues su trabajo se redujo a la realización de imágenes sociales, y se mostraba que el anfitrión, Buchanan’s, estaba dispuesto a tirar la casa por la ventana. En la segunda instancia se encontraba el bar-restaurante, un inmenso lugar donde los asistentes se proveían de licor y comida. Y por último, el escenario, dispuesto para la intervención de José Gaviria, productor del evento, Fonseca y Elton John.

La solicitud del público durante la presentación del colombiano fue unánime: “Sillas”. Sin embargo, el artista entendió “sisas”.

Los seguidores de Elton John pertenecen a distintas generaciones. Su música lleva dando vueltas unos cuarenta años, por lo que no fue difícil encontrarse con jóvenes y adultos de todas las edades y, tal vez, los organizadores no tuvieron en cuenta el bienestar de los más veteranos.     

“Estamos en el gallinero de setecientos mil pesos”, dijo una joven mientras hablaba por celular. Y esa frase parece resumir el sentimiento colectivo, una impresión que no cambió con la grandeza y la entrega del artista, ni con la cantidad indescriptible de licor y comida, ni mucho menos con el esfuerzo de las personas encargadas de la logística para atender correctamente a un público ‘selecto’. Fue un concierto exclusivo para todos aquellos que pudieron acceder a la zona de doble vip, porque, al parecer, los demás vieron de lejos a una leyenda viva del rock.

Read more!

Por El Espectador

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.