
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Fueron diez fotografías las que hicieron que Ever Andrés Mercado fuera uno de los ganadores del World Press Photo 2026. El proyecto fue titulado “Manacillos: un retorno a la vida” y con él retrató este ritual de la comunidad afrodescendiente del río Yurumanguí.
Según relató Mercado a este diario, desarrolló las fotografías en visitas que realizó a la comunidad de Juntas en las Semanas Santas de 2024 y 2025. Para llegar al lugar debía realizar un desplazamiento de aproximadamente ocho horas en lancha y sus encuentros se dieron en el contexto de la fiesta de los matachines.
“Es una historia que hay que contar. Es una historia sobre la paz, sobre la resiliencia, sobre la resistencia”, dijo a The Guardian.
Las comunidades del río Yurumanguí que celebran esta festividad fueron llevadas a las cercanías del río durante los siglos XVII y XIX. La celebración comienza con reuniones familiares en los hogares. “Esto tiene una particularidad y es que esta celebración mezcla elementos a través del sincretismo de creencias católicas que llegaron a esta comunidad a través de los esclavizadores que llevaron a los ancestros de estas comunidades a esa zona del país y las creencias africanas con las que venían”, aseguró Mercado.
Al mezclarse las tradiciones, se generó una armonía en la que ambos mundos conviven, creando una fiesta que no se da en ningún otro lugar de la costa pacífica colombiana. “La creencia de Jesús convive con las figuras de manacillos que representan a los espíritus de los soldados que ayudaron a matar a Jesús. Son representados por estos hombres, jóvenes y niños que se visten con hojas de bijao o con costales y llevan unas máscaras de madera pintadas de manera muy particular y andan recorriendo la comunidad con unos látigos de vaca y con unos bastones”, afirmó.
Los látigos, según explicó, hacen parte del “juego del azote”, en el que “hay un forcejeo fuerte, brusco, violento, entre los manacillos y la comunidad, porque la comunidad está a favor de Jesús, quiere protegerlo, y los manacillos, como representan los soldados, quieren matar a Jesús. En ese forcejeo de protegerlo o capturarlo, se juega esta dinámica de los azotes, de los látigos”.
Las fotos de Mercado salieron de manera orgánica. Su única intervención fue, a veces, pedir a las personas cinco segundos de quietud para poder tomar la foto. Por ejemplo, aquella en la que un hombre con el pecho desnudo lleva dos cadenas en el río no fue posada; el fotógrafo le pidió que no se moviera para poder capturar el momento, tras hablar con él y conocer su historia.
Mercado es oriundo de Buenaventura y su lugar de origen fue uno de los elementos determinantes para la manera en la que aborda las temáticas que explora con su fotografía. “Uno empieza a entender de manera muy temprana las dinámicas sociales a las que uno tiene que afrontar todos los días a raíz de la ausencia estatal. Es decir, la carencia de servicios públicos básicos, la ausencia de espacios que den seguridad, lo difícil que es construir una vida digna o estudiar porque carecemos de espacios, lugares, herramientas o programas que ayuden a las personas a construir un mejor futuro”.
Su inquietud por narrar el territorio nació en ese contexto, pues, mientras estudiaba en la universidad, vio de primera mano los efectos de la desigualdad. Su observación lo llevó a entender que “siempre nos habían contado desde las falencias”, cosa que es para él necesario reconocer para trabajar en ellas. Sin embargo, “no son lo único”. Por esa razón, a través de su formación en periodismo y con una postura política personal, comenzó a interesarse en temáticas de construcción de paz, búsqueda de personas dadas por desaparecidas, las relaciones con el territorio y los “esfuerzos de las personas por construir un mejor vivir”.
Para el fotógrafo, uno de los elementos más importantes es la dignificación de las personas que está representando. “Históricamente, las comunidades negras a las cuales yo pertenezco en el Pacífico medio colombiano han sido contadas por ojos blancos, y no me refiero a blancos por el color de la piel, sino blancos en la estructura mental de pensamiento, en cómo se consiguen a las personas, cómo se consiguen a las comunidades, que se miran desde la exitización y la cosificación, desde una mirada no humana, que habla de lo excepcional, lo particular y lo selvático. En ese sentido, mi fotografía quiere reposicionar a las personas que están dentro de la imagen y a las personas que se pueden ver reflejadas en la imagen a través de un derrotero que es la dignidad”, aseguró.
Antes de tomar una foto, Mercado se cuestiona el propósito de esa imagen y cómo puede representar a una persona o situación desde el respeto, de manera que quien se ve en su fotografía se sienta a gusto con la forma en que fue retratado. “Si la imagen que quiero capturar cumple con las condiciones de: cumple con el tema, da un valor significativo a la narrativa y la persona se siente representada, tomo la foto”, contó.
Una práctica que adoptó fue llevar a la mano una impresora, de manera que la persona a quien está fotografiando pueda ver el resultado y, si Mercado nota incomodidad con la manera en la que fue representada, no la publica.
Para el fotógrafo, este campo se enfrenta actualmente a múltiples retos, entre recortes de presupuesto y personal en medios que afectan la calidad del trabajo y los efectos que esto tiene sobre la calidad de vida de quienes se dedican a esta labor. Ever Andrés Mercado cree que en Colombia actualmente se está viendo “una muy buena racha de fotógrafos”; sin embargo, “estamos viendo un ecosistema en el que la fotografía y el periodismo se están viendo tocados por situaciones que afectan el buen desarrollo de la labor, no solamente en la economía, sino en la salud mental de las personas que trabajan y la calidad de vida vinculada a la economía”, dijo.