Dos narcisistas se unen, en un amor atípico y lejano a los cuentos rosa, para iniciar una vida marcada por la lujuria, las drogas, la muerte y su pasión común: el cine. Luisa Ferida (Mónica Bellucci) y Osvaldo Valenti (Luca Zingaretti) fueron, de hecho, una pareja emblemática de actores italianos de los años 30, a quienes el director Marco Tullio Giordana retoma para contar cómo el poder se torna autodestructivo y cuál es la influencia de la coyuntura política en los procesos creativos. Lo hace en un vaivén de imágenes con poca música y diálogos destacados.
La historia atrapa, tal vez porque todos, en algún momento, hemos querido alcanzar un estado de degeneración y placer eterno para satisfacer los deseos más íntimos o excéntricos. Haberla plasmado bajo el telón del mítico mundo del cine, en plena época fascista, y saber que es reflejo de una realidad es aún más atrayente. No se puede negar, incluso, que la bella Mónica Bellucci es un imán natural para la cámara y la interpretación de Luca Zingaretti es impecable. Ambos, con su dramatismo, logran escenas donde los límites son sobrepasados de manera continua y resultan inesperados para el espectador.
“Valenti y Ferida prestaron su encanto al fascismo, adhirieron a la República de Saló, colaboraron con los alemanes y ganaron dinero con el mercado negro. Se comportaban como si estuvieran por encima de la ley, contradiciendo el sentido común y la decencia. Estuvieron orgullosos de su dudosa reputación. Que lo hayan hecho por la frivolidad o el deseo de eliminar al burgués poco importa. Tenían que pagar. Se debía dar un ejemplo. Desde este punto de vista fueron los blancos perfectos, los culpables ideales”, señala el cineasta, quien es recordado por filmes como Los cien pasos (2000), La mejor juventud (2003) y Cuando naces, ya no puedes esconderte (2005).
El dúo protagónico de escándalos es apoyado por el joven director Golfiero Goffredi (Alessio Boni), quien es el símbolo creativo coartado en la dictadura. Las vidas privadas es una alternativa para conocer, al mismo tiempo, el apogeo y la destrucción de las banalidades de la fama.